Los albores de la vida (6): El Proterozoico – la edad media de la tierra

Proterozoico

La larga historia de la tierra, de unos 4500 millones de años, se deja subdividir en tres fases: una inicial, que comprende el eón Hádico y el Arcaico, y ocupa casi la primera mitad de la existencia de nuestro planeta, en la que se formaron los primeros continentes y apareció la vida; una segunda fase, intermedia, tan larga como la primera, llamada el Proterozoico; y una tercera fase, el Fanerozoico, que ocupa poco más del diez por ciento de los años del planeta, pero que es la fase en la que ocurrió mucha acción: la explosión de la vida, con la aparición de animales en los mares, la tierra y los cielos, plantas y árboles, y al final, unos bípedos del género Homo. Pero, ¿qué pasó entonces en el Proterozoico? Si ya había una multitud de organismos en el Arcaico, ¿por qué tardó la vida 2000 millones de años en desarrollar formas complejas? ¿Habría sido el Proterozoico como la Edad Media en la historia de Europa, que a primera vista parece ser una época oscura entre dos fases de auge e innovación, durante la que habría pasado poco de relevancia? ¿O estaríamos equivocados al pensar así?

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Los albores de la vida (5): La Gran Oxidación

¿Qué distingue a nuestra tierra de los demás planetas rocosos conocidos, dentro o fuera de nuestro sistema solar? ¿Los mares y océanos, que cubren buena parte del planeta? ¿Los continentes, con su gran diversidad de climas y geografía? ¿El cielo azul? ¿Los organismos que habitan todos estos ambientes? Sí, son todas características de nuestra tierra, que le proporcionan un lugar tal vez único entre los planetas conocidos. Pero hay una cosa más, que hace que nuestra tierra esté repleta de vida, que el cielo sea azul, y muchas cosas más: el oxígeno.

A diferencia de los demás planetas conocidos, nuestro planeta cuenta con una atmósfera rica en oxígeno (casi 21%, por volumen). Además, cuenta con miríadas de especies de organismos. ¿Coincidencia? Probablemente no. El oxígeno permitió la florescencia de la vida. Pero también ocurrió lo opuesto: la vida como la causa de la alta concentración de oxígeno en la atmósfera de la tierra. Veamos en esta entrega qué sabemos al respecto. Sigue leyendo

Zen y el cambio

La vida, en muchos aspectos, es cíclica: se podría comparar con una rueda que da vueltas. La repetición de las estaciones del año y las horas del día, así como fenómenos humanos tales como la aparición y desaparición de las grandes potencias, nos hablan de la ciclicidad inherente a nuestro mundo. En algunas sociedades esta ciclicidad está arraigada en la cultura. En el sur asiático, por ejemplo, el concepto de la ciclicidad tiene un lugar importante en el ámbito humano, en la forma de una eterna alternancia, de una repetición sin cesar, de un continuo renacer, hasta de las reencarnaciones consecutivas de los humanos. Sigue leyendo

Las ciencias y el cambio: reacción, estados críticos, y la naturaleza

En el mundo anglosajón existe la expresión “there is no such thing as a free lunch”, o sea, la comida gratuita no existe. Todo tiene un precio – un precio que no necesariamente puede ser expresado en dinero. Por ejemplo, en el caso de la relación entre la humanidad y la naturaleza rige esta misma regla: nosotros podemos sacarle provecho a la naturaleza que nos rodea, pero tenemos que estar conscientes de que, al hacer eso, llegará tarde o temprano el momento de pagar. La naturaleza, por decirlo de alguna manera, nos pasará la factura por el provecho que le hemos sacado y los daños que hemos ocasionado haciendo eso. Mientras que más nos hayamos aprovechado, mayor la factura. Dicho de manera simple: es una situación de causa y efecto.

Las relaciones entre las causas y sus efectos, sin embargo, no son sencillas. Un cambio grande, por ejemplo, puede tener una causa casi imperceptible, y viceversa. Retomemos pues, en el ámbito de este blog dedicado al cambio, nuestras aproximaciones al fenómeno del cambio, mediante un paseo por las ciencias. El paseo de hoy nos llevará desde el mundo determinístico al mundo de los sistemas complejos. Sigue leyendo

Los albores de la vida (4): Amanecer con una nueva luz

La vida existe, nosotros existimos, entonces en algún momento debe haber visto la luz el primer organismo viviente. En las últimas entregas de este blog hemos estado explorando lo que hasta la fecha sabemos del surgimiento de la vida en la tierra – que en la realidad es más una conjetura que certeza, aunque apoyada en una creciente cantidad de documentación científica.

Entre otras cosas, ha ido mejorando nuestro entendimiento de los procesos químicos que pueden haber dado origen a los primeros organismos. En la entrega anterior vimos como probablemente se formaron las membranas de las primeras células, y cómo pudieron haberse desarrollado las moléculas portadoras de la información genética. Estos son aspectos muy importantes de los primeros organismos, pero falta un ingrediente fundamental: el metabolismo, o sea, el mecanismo que le permite obtener energía para funcionar. El estudio del posible metabolismo de los primeros organismos puso el origen de la vida en una nueva luz.

Otro hallazgo que puso en una nueva luz a los primeros organismos, es que tal vez no se formaron en el mar, sino – posiblemente – en charcas en tierra. Sigue leyendo

Los albores de la vida (3): Amanecer

El día que la vida apareció en la tierra debe haber lucido como un día igual a todos los demás. Un sol joven iluminaba un planeta inhóspito, dominado por colores rojizos y grisáceos en el mar, la tierra y el cielo, azotado por impactos de meteoritos y volcanismo (ver la primera entrega de esta serie, Los albores de la vida). Pero en un lugar escondido, en algún cuerpo de agua que a primera vista era como muchos otros lugares del planeta, ocurrieron procesos químicos que dieron origen a conjuntos de moléculas capaces de mantenerse y multiplicarse: la primera vida.

Para entender la vida es preciso estudiar sus orígenes, que al fin y al cabo son también los del género humano. Además, si queremos saber si puede haber surgido alguna forma de vida en otros cuerpos celestes, tenemos que empezar por la única que conocemos: la terrestre. Sigue leyendo

Albores de la vida (2): Los primeros organismos

Hace unos 4000 millones de años, cuando la tierra estaba recién formada, los primeros organismos aparecieron en la faz de nuestro planeta. Debe haber sido en algún cuerpo de agua – tal vez el mar, tal vez una charca. Con seguridad no lo sabemos, y las preguntas que tenemos son muchas. ¿Cómo eran los primeros organismos? ¿Dónde se desarrollaron? ¿Cómo se formaron? ¿Cómo vivían? Será imposible aclarar estas dudas de manera concluyente: el tiempo trascurrido desde aquel entonces borró prácticamente todas las trazas. Sin embargo, los investigadores han encontrado muchos indicios que, en su conjunto, nos dan una idea de cómo apareció la vida terrestre. En esta entrega veremos cuáles son los primeros organismos de los que tenemos constancia. Sigue leyendo

Los albores de la vida (1): La tierra primordial

Para iniciar nuestra investigación de los orígenes de la vida terrestre, nos corresponde considerar en primer lugar el substrato: nuestro planeta. ¿Cómo era la tierra primordial cuando aparecieron los primeros organismos? ¿Era “caos y confusión y oscuridad”[1]? ¿Tenía aguas, o era un globo caliente y árido? ¿La reconoceríamos como nuestro hogar, si lográramos viajar en el tiempo hasta aquella época remota?

¿Qué sabemos de esta tierra primordial? Es escasa la información acerca de ella que ha sobrevivido hasta los tiempos actuales – pero suficiente para, por lo menos, darnos una idea de cómo fueron las fases iniciales de la evolución de nuestro planeta. Sigue leyendo

¿Qué es la vida?

Durante la larga historia de nuestro planeta tierra se han dado muchos acontecimientos espectaculares. Pero el hito más relevante ha sido, sin duda, la aparición de la vida. De todos los cuerpos celestes conocidos, hasta la fecha nuestro planeta es el único del cual sabemos que alberga vida. Tenemos curiosidad de saber si existen formas de vida en algunos otros cuerpos celestes, y la estamos buscando. Para esto necesitamos saber cuáles son las características de la vida, cómo definirla, para saber qué buscar. Sigue leyendo

Hitos históricos: La peste y el fin de la Edad Media

“En el año del Señor 1348 se produjo en la ciudad de Florencia y condado una grandísima pestilencia, y tal era su furia y violencia que en cualquier hogar del cual se apoderó, quien se hizo cargo de los enfermos, todos los cuidadores murieron de la misma enfermedad, y casi nadie sobrevivió más allá del cuarto día, y no valía ni médico ni medicina (…). Tal era el temor que nadie sabía qué hacer: cuando se apoderó de algún hogar, a menudo sucedía que ni una sola persona escapó de la muerte. (…)

Tal fue el terror que provocó verla tomar fuerza en una casa, que tan pronto como empezara, nadie se quedó: todo el mundo abandonó la vivienda en el temor, y huyó a otra; algunos huyeron a la ciudad y otros en el campo. (…) El hijo abandonaba al padre, el marido a su mujer, la mujer al marido, un hermano a otro, una hermana a otra. La ciudad fue reducida a llevar los muertos a la sepultura; muchos fallecieron, que al morir no tenían ni confesión ni los santos sacramentos; y muchos murieron por no tener quien los cuidara, y muchos murieron de hambre, ya que cuando alguien se ponía en cama enfermo, los otros ocupantes en estado de pánico, le decían “Voy por el médico”, y sin hacer ruido cerraban la puerta desde el exterior, y ya no regresaban. (…)

En cada iglesia, o en la mayoría, fueron cavadas fosas, hasta el nivel del agua, anchas y profundas según el tamaño de la población; y todo aquel que no era muy rico, muerto durante la noche, era cargado por aquellos cuyo deber era, y bien lo arrojaba a esta fosa, o pagaba grandes cantidades de dinero para que otro la hiciera por ellos. A la mañana siguiente había muchos en la fosa, se tomaba tierra y se arrojaba sobre ellos; y luego venían otros por encima de ellos, y luego la tierra por encima de nuevo, en capas, con poca tierra, como si se estuviese colocando capas de queso a una lasaña.”

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