La Revolución Neolítica (2) – Los cultivos

El origen de nuestra sociedad moderna, con su organización y sus instituciones, jerarquías, y relaciones entre personas, se remonta al inicio del Neolítico. El Neolítico, la “nueva edad de la piedra”, que empezó hace unos diez mil años en el Medio Oriente, fue una época clave en la prehistoria humana, caracterizada por la transición a la agricultura. Antes, nuestros ancestros eran cazadores-recolectores, normalmente nómadas. En la entrega anterior vimos cómo, ya antes del inicio del Neolítico, las gentes de algunas zonas del Levante (una franja a lo largo del Mediterráneo, desde el sudeste de la actual Turquía hasta Israel) empezaron a asentarse en aldeas, por ejemplo en las orillas de los lagos. En esta entrega consideraremos el hito que marcó el inicio del Neolítico: la transición a la agricultura – lo que ha sido denominado la Revolución Neolítica [i]. Nos enfocaremos primero hacia el cultivo y la domesticación de ciertas plantas. Sigue leyendo

La Revolución Neolítica (1) – El origen de nuestra sociedad

Tal como vimos en la entrada del 3 febrero 2018, distintos acontecimientos en la historia de nuestra especie, Homo sapiens, han sido denominados revoluciones. Son bien conocidas las revoluciones políticas, tales como la francesa o la rusa. Sin embargo, el término “revolución” ha sido aplicado no solamente en el ámbito político sino también en el caso de cambios abruptos y trascendentales en la sociedad. Entre este tipo de revoluciones, pudiéramos destacar la Revolución Industrial, o la revolución agrícola de la Edad Media (ver la entrada del 9 marzo 2018). Sigue leyendo

Los albores de la vida (8): La explosión cámbrica

En la entrega anterior ya vimos como los primeros animales aparecieron hace algo más de 700 millones de años, hacia finales del eón Proterozoico. En comparación con la poca vida que había existido antes en la tierra, esto fue un gran cambio. Pero por los momentos la variedad de animales se mantuvo baja, y los que había se dedicaban a alimentarse de las algas que abundaban, y de material orgánico en el agua – una situación pacífica que ha sido denominada el “Jardín de Ediacara”. Los ecosistemas eran muy distintos a los que conocemos hoy en día. Para que se pudiesen desarrollar estos últimos, hizo falta otra revolución en el reino animal: la Explosión Cámbrica. La Explosión Cámbrica, así llamada por su carácter bastante abrupto y su gran envergadura, puso fin a unos tres mil millones de años de lo que pudiéramos llamar la infancia de la vida. Veamos en esta entrega qué pasó en el Cámbrico, el primer período del actual eón: el Fanerozoico (ver la línea de tiempo). Sigue leyendo

Los albores de la vida (7): La llegada de los animales

El Proterozoico, ya lo vimos en la entrega anterior, fue la Edad Media de la tierra: cuando empezó, hace 2500 millones de años, estaban apareciendo los primeros organismos eucariontes unicelulares y multicelulares, predecesores de – entre otros – los animales y las plantas, y fue sólo después de un intervalo larguísimo, de más de mil millones de años, que se dio el siguiente paso grande en el desarrollo de la vida en la tierra. Ya hemos hablado del inicio del Proterozoico; ahora nos corresponde considerar su final, que fue bastante espectacular: no sólo aparecieron nuevos organismos, sino también se convirtió nuestro planeta – afortunadamente por tiempo limitado – en una bola de nieve, y se alcanzó prácticamente la cantidad actual de oxígeno en la atmósfera. Sigue leyendo

Los albores de la vida (6): El Proterozoico – la edad media de la tierra

Proterozoico

La larga historia de la tierra, de unos 4500 millones de años, se deja subdividir en tres fases: una inicial, que comprende el eón Hádico y el Arcaico, y ocupa casi la primera mitad de la existencia de nuestro planeta, en la que se formaron los primeros continentes y apareció la vida; una segunda fase, intermedia, tan larga como la primera, llamada el Proterozoico; y una tercera fase, el Fanerozoico, que ocupa poco más del diez por ciento de los años del planeta, pero que es la fase en la que ocurrió mucha acción: la explosión de la vida, con la aparición de animales en los mares, la tierra y los cielos, plantas y árboles, y al final, unos bípedos del género Homo. Pero, ¿qué pasó entonces en el Proterozoico? Si ya había una multitud de organismos en el Arcaico, ¿por qué tardó la vida 2000 millones de años en desarrollar formas complejas? ¿Habría sido el Proterozoico como la Edad Media en la historia de Europa, que a primera vista parece ser una época oscura entre dos fases de auge e innovación, durante la que habría pasado poco de relevancia? ¿O estaríamos equivocados al pensar así?

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Los albores de la vida (5): La Gran Oxidación

¿Qué distingue a nuestra tierra de los demás planetas rocosos conocidos, dentro o fuera de nuestro sistema solar? ¿Los mares y océanos, que cubren buena parte del planeta? ¿Los continentes, con su gran diversidad de climas y geografía? ¿El cielo azul? ¿Los organismos que habitan todos estos ambientes? Sí, son todas características de nuestra tierra, que le proporcionan un lugar tal vez único entre los planetas conocidos. Pero hay una cosa más, que hace que nuestra tierra esté repleta de vida, que el cielo sea azul, y muchas cosas más: el oxígeno.

A diferencia de los demás planetas conocidos, nuestro planeta cuenta con una atmósfera rica en oxígeno (casi 21%, por volumen). Además, cuenta con miríadas de especies de organismos. ¿Coincidencia? Probablemente no. El oxígeno permitió la florescencia de la vida. Pero también ocurrió lo opuesto: la vida como la causa de la alta concentración de oxígeno en la atmósfera de la tierra. Veamos en esta entrega qué sabemos al respecto. Sigue leyendo

Zen y el cambio

La vida, en muchos aspectos, es cíclica: se podría comparar con una rueda que da vueltas. La repetición de las estaciones del año y las horas del día, así como fenómenos humanos tales como la aparición y desaparición de las grandes potencias, nos hablan de la ciclicidad inherente a nuestro mundo. En algunas sociedades esta ciclicidad está arraigada en la cultura. En el sur asiático, por ejemplo, el concepto de la ciclicidad tiene un lugar importante en el ámbito humano, en la forma de una eterna alternancia, de una repetición sin cesar, de un continuo renacer, hasta de las reencarnaciones consecutivas de los humanos. Sigue leyendo