Los albores de la vida (7): La llegada de los animales

El Proterozoico, ya lo vimos en la entrega anterior, fue la Edad Media de la tierra: cuando empezó, hace 2500 millones de años, estaban apareciendo los primeros organismos eucariontes unicelulares y multicelulares, predecesores de – entre otros – los animales y las plantas, y fue sólo después de un intervalo larguísimo, de más de mil millones de años, que se dio el siguiente paso grande en el desarrollo de la vida en la tierra. Ya hemos hablado del inicio del Proterozoico; ahora nos corresponde considerar su final, que fue bastante espectacular: no sólo aparecieron nuevos organismos, sino también se convirtió nuestro planeta – afortunadamente por tiempo limitado – en una bola de nieve, y se alcanzó prácticamente la cantidad actual de oxígeno en la atmósfera. Sigue leyendo

Los albores de la vida (6): El Proterozoico – la edad media de la tierra

Proterozoico

La larga historia de la tierra, de unos 4500 millones de años, se deja subdividir en tres fases: una inicial, que comprende el eón Hádico y el Arcaico, y ocupa casi la primera mitad de la existencia de nuestro planeta, en la que se formaron los primeros continentes y apareció la vida; una segunda fase, intermedia, tan larga como la primera, llamada el Proterozoico; y una tercera fase, el Fanerozoico, que ocupa poco más del diez por ciento de los años del planeta, pero que es la fase en la que ocurrió mucha acción: la explosión de la vida, con la aparición de animales en los mares, la tierra y los cielos, plantas y árboles, y al final, unos bípedos del género Homo. Pero, ¿qué pasó entonces en el Proterozoico? Si ya había una multitud de organismos en el Arcaico, ¿por qué tardó la vida 2000 millones de años en desarrollar formas complejas? ¿Habría sido el Proterozoico como la Edad Media en la historia de Europa, que a primera vista parece ser una época oscura entre dos fases de auge e innovación, durante la que habría pasado poco de relevancia? ¿O estaríamos equivocados al pensar así?

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Los albores de la vida (5): La Gran Oxidación

¿Qué distingue a nuestra tierra de los demás planetas rocosos conocidos, dentro o fuera de nuestro sistema solar? ¿Los mares y océanos, que cubren buena parte del planeta? ¿Los continentes, con su gran diversidad de climas y geografía? ¿El cielo azul? ¿Los organismos que habitan todos estos ambientes? Sí, son todas características de nuestra tierra, que le proporcionan un lugar tal vez único entre los planetas conocidos. Pero hay una cosa más, que hace que nuestra tierra esté repleta de vida, que el cielo sea azul, y muchas cosas más: el oxígeno.

A diferencia de los demás planetas conocidos, nuestro planeta cuenta con una atmósfera rica en oxígeno (casi 21%, por volumen). Además, cuenta con miríadas de especies de organismos. ¿Coincidencia? Probablemente no. El oxígeno permitió la florescencia de la vida. Pero también ocurrió lo opuesto: la vida como la causa de la alta concentración de oxígeno en la atmósfera de la tierra. Veamos en esta entrega qué sabemos al respecto. Sigue leyendo

Zen y el cambio

La vida, en muchos aspectos, es cíclica: se podría comparar con una rueda que da vueltas. La repetición de las estaciones del año y las horas del día, así como fenómenos humanos tales como la aparición y desaparición de las grandes potencias, nos hablan de la ciclicidad inherente a nuestro mundo. En algunas sociedades esta ciclicidad está arraigada en la cultura. En el sur asiático, por ejemplo, el concepto de la ciclicidad tiene un lugar importante en el ámbito humano, en la forma de una eterna alternancia, de una repetición sin cesar, de un continuo renacer, hasta de las reencarnaciones consecutivas de los humanos. Sigue leyendo

Las ciencias y el cambio: reacción, estados críticos, y la naturaleza

En el mundo anglosajón existe la expresión “there is no such thing as a free lunch”, o sea, la comida gratuita no existe. Todo tiene un precio – un precio que no necesariamente puede ser expresado en dinero. Por ejemplo, en el caso de la relación entre la humanidad y la naturaleza rige esta misma regla: nosotros podemos sacarle provecho a la naturaleza que nos rodea, pero tenemos que estar conscientes de que, al hacer eso, llegará tarde o temprano el momento de pagar. La naturaleza, por decirlo de alguna manera, nos pasará la factura por el provecho que le hemos sacado y los daños que hemos ocasionado haciendo eso. Mientras que más nos hayamos aprovechado, mayor la factura. Dicho de manera simple: es una situación de causa y efecto.

Las relaciones entre las causas y sus efectos, sin embargo, no son sencillas. Un cambio grande, por ejemplo, puede tener una causa casi imperceptible, y viceversa. Retomemos pues, en el ámbito de este blog dedicado al cambio, nuestras aproximaciones al fenómeno del cambio, mediante un paseo por las ciencias. El paseo de hoy nos llevará desde el mundo determinístico al mundo de los sistemas complejos. Sigue leyendo

Los albores de la vida (4): Amanecer con una nueva luz

La vida existe, nosotros existimos, entonces en algún momento debe haber visto la luz el primer organismo viviente. En las últimas entregas de este blog hemos estado explorando lo que hasta la fecha sabemos del surgimiento de la vida en la tierra – que en la realidad es más una conjetura que certeza, aunque apoyada en una creciente cantidad de documentación científica.

Entre otras cosas, ha ido mejorando nuestro entendimiento de los procesos químicos que pueden haber dado origen a los primeros organismos. En la entrega anterior vimos como probablemente se formaron las membranas de las primeras células, y cómo pudieron haberse desarrollado las moléculas portadoras de la información genética. Estos son aspectos muy importantes de los primeros organismos, pero falta un ingrediente fundamental: el metabolismo, o sea, el mecanismo que le permite obtener energía para funcionar. El estudio del posible metabolismo de los primeros organismos puso el origen de la vida en una nueva luz.

Otro hallazgo que puso en una nueva luz a los primeros organismos, es que tal vez no se formaron en el mar, sino – posiblemente – en charcas en tierra. Sigue leyendo

Los albores de la vida (3): Amanecer

El día que la vida apareció en la tierra debe haber lucido como un día igual a todos los demás. Un sol joven iluminaba un planeta inhóspito, dominado por colores rojizos y grisáceos en el mar, la tierra y el cielo, azotado por impactos de meteoritos y volcanismo (ver la primera entrega de esta serie, Los albores de la vida). Pero en un lugar escondido, en algún cuerpo de agua que a primera vista era como muchos otros lugares del planeta, ocurrieron procesos químicos que dieron origen a conjuntos de moléculas capaces de mantenerse y multiplicarse: la primera vida.

Para entender la vida es preciso estudiar sus orígenes, que al fin y al cabo son también los del género humano. Además, si queremos saber si puede haber surgido alguna forma de vida en otros cuerpos celestes, tenemos que empezar por la única que conocemos: la terrestre. Sigue leyendo