La revolución agrícola medieval

Tal como se expuso en la entrega anterior de este blog, los hitos históricos son aquellos momentos en la historia en los cuales ocurren cambios impactantes. A veces estos cambios son dramáticos y obvios – la Revolución Francesa, por ejemplo –, mientras que otras veces son más sutiles, pero con consecuencias no menos contundentes. Un hito histórico de este último tipo ocurrió en la Edad Media: a primera vista no aparenta ser más que un cambio en la tecnología agrícola, pero fue un cambio que tuvo repercusiones importantes, y que por tanto ha sido denominado la Revolución Agrícola de la Edad Media. Se trata de un nuevo tipo de arado. Este, combinado con algunas otras innovaciones agrícolas, hizo posible el desarrollo de las ciudades y, por ende, los avances que dieron origen al Renacimiento. Veamos qué pasó.

El arado

La práctica de arar los campos (lo que se llama la labranza) es muy antigua. En el Oriente Medio y el antiguo Egipto, varios miles de años antes de Cristo, ya se araban los campos antes de proceder a la siembra. Básicamente, la labranza consiste en abrir la tierra con una hoja de algún tipo. Rompiendo la superficie del suelo, se aumenta la porosidad, lo que favorece el crecimiento de las plantas, se rompen las raíces de la maleza, reduciendo así la cantidad de malas hierbas en el campo, y se mejora el drenaje[i].

Inicialmente, los arados eran de madera, siendo tirados por bueyes o, en su defecto, por burros o hasta personas. Esto funcionaba bastante bien para los suelos delicados de los países alrededor del Mediterráneo, pero no sirvió para los suelos espesos y densos de Europa central y del norte. Por lo tanto, esas tierras se mantuvieron subdesarrolladas, en cuanto a la agricultura se refiere, hasta la Edad Media (entre los años 500 y 1500 aproximadamente), y la densidad de la población quedó baja, con pocas ciudades de importancia.

Todo esto cambió con la introducción del arado pesado. Este arado ya se conocía en el Oriente Cercano en los tiempos de Plinio (1er siglo), pero los romanos no lo utilizaron por lo frágil de los suelos en la zona mediterránea. En la Edad Media, sin embargo, el arado pesado empezó a conocerse en Europa y rápidamente se adoptó, reemplazando el arado ligero. En el sudeste de Europa apareció en el Siglo VI, después en la Llanura Padana (en el norte de Italia), y en las tierras alemanas en el Siglo VIII[ii].

El arado pesado, tal como indica la palabra, es más grande y más elaborado que el arado de los antiguos romanos. Su reja de arado (el cuchillo que corta por la tierra horizontalmente) era de hierro, a diferencia del arado romano. Pero, además, el arado pesado contaba con una cuchilla (un cuchillo pesado que corta por la tierra verticalmente) y una vertedera (una hoja que desplaza la tierra hacia un lado, creando así una cresta paralela al surco). A menudo, el arado pesado tenía ruedas, para que fuera más manejable y para controlar mejor la profundidad del surco.

Con el arado pesado fue posible arar las tierras arcillosas y compactas, pero muy fértiles, del centro y noroeste de Europa. Además, la labranza se hizo más rápida. Los surcos, acumulando agua, evitaban que las crestas, en las cuales se sembraban los cultivos, se ahogaran en tiempos de mucha lluvia, y que se quedaran secas en tiempos de precipitaciones escasas. Así que la llegada del arado pesado trajo unas importantes ventajas para los campesinos[iii].

Blog 180309 - Arado

Otras innovaciones agrícolas

El arado pesado no fue la única tecnología agrícola nueva que apareciera en la Edad Media y ayudara al desarrollo del centro y norte de Europa – aunque fuera una de las principales. Otras innovaciones relevantes fueron las siguientes[iv]:

  • El collar de caballo acolchado. Esto no parece gran cosa a primera vista, pero sí fue un gran avance. Con respecto a los bueyes y los asnos, los caballos tienen la ventaja de tener mayor velocidad y, con respecto a los bueyes, de trabajar más horas al día. Por lo tanto, su productividad es bastante mayor. Sin embargo, el arnés que los romanos utilizaban para los caballos tenía un grave inconveniente: puesto que pasaba por el cuello del caballo, éste al tirar una carga pesada (tal como un arado) se asfixiaba al apretársele la tráquea. Por lo tanto, un caballo arreado de la manera romana sólo podía tirar con una fuerza de unos 500 kg. Con el collar acolchado, sin embargo, la presión al tirar se ejercía sobre el esternón, que es una parte del cuerpo mucho más robusta (ver la imagen). El uso del collar acolchado (inventado probablemente por los nómadas de las estepas del Asia central) quintuplicaba la capacidad del caballo de tirar carga, poniéndole a la par de los bueyes en este respecto, pero con la ventaja de la velocidad adicional (unos 50% más) y el mayor tiempo de trabajo diario. Conjuntamente a la introducción de la herradura (también inventada en Asia), la que mejoró la durabilidad de los cascos del caballo en suelos húmedos (tales como los campos) y los duros (tales como las carreteras), el collar acolchado les permitió a los campesinos aumentar considerablemente su productividad.
  • El molino de agua. Los romanos conocían el molino de agua, pero lo utilizaban muy poco (probablemente por tener acceso a otras fuentes baratas de energía: la fuerza de animales o la de esclavos). Monjes benedictinos llevaron el molino de agua hacia el norte en el siglo VI, y en los siglos siguientes se colocaron miles de molinos en quebradas y ríos. Se utilizaban en primer lugar para moler trigo y otros cereales, pero también para otros fines tales como el batanado de fibras de lana, romper los tallos de cáñamo, etc. El molino de agua permitió convertir procesos caseros, de baja productividad, en procesos casi industriales, con una productividad mucho mayor.

Además, volviendo a la agricultura, se implementó una importante mejora en el sistema de rotación de cultivos. Era habitual ya en la antigüedad que las tierras se cultivaran con una periodicidad en la que se alternaban el descanso y el cultivo, dejando de forma periódica una parte de las tierras de cultivo sin sembrar; lo que se llama el barbecho. (Sí se les pasaba el arado a los campos sin sembrar, arrancando de esta forma las hierbas silvestres (que a su vez servían como abono) y aumentando la humedad, de forma que la tierra recuperara minerales perdidos durante el cultivo[v].) Esta periodicidad era bianual en el Mediterráneo donde la temporada de cultivar era el invierno, ya que el verano era demasiado caliente y seco para el cultivo. O sea, cada campo se cultivaba un año sí, y otro no. En la Edad Media, sin embargo, cuando se empezó a practicar la agricultura en la tierras más templadas del centro y norte de Europa, que permitían un cultivo en distintas estaciones, se implementó – se dice que fue Carlo Magno quien tuvo la idea – un sistema de rotación trianual: un año se sembraba un cultivo de verano (generalmente alguna legumbre) y el siguiente año un cultivo de invierno (algún grano), mientras que el tercer año se dejaba el campo sin cultivar, para repetir el ciclo desde el cuarto año. Este sistema de rotación trianual obviamente permitía aumentar la productividad de los campos, al mejorar la relación entre el tiempo de cultivo y el período de descanso.

Consecuencias

Las consecuencias de estas innovaciones agrícolas fueron varias. Primero, fue posible poner en producción las tierras fértiles en el centro y nordeste de Europa, que hasta la Edad Media habían estado cubiertas por selvas extensas. Se poblaron esos países, que pronto empezaron a desarrollarse hasta tal punto que se igualaron al Mediterráneo en importancia: las Flandes, por ejemplo, se convirtieron en un importante centro textil y financiero, y las ciudades hanseáticas, en las orillas del Mar Báltico y partes del Mar del Norte, florecieron gracias al comercio.

Segundo, el aumento de la producción agrícola permitió que, por cada campesino produciendo alimentos y otros productos vegetales, pudieran vivir más personas consumiendo estos productos. Mientras que anteriormente el campesino necesitaba casi toda su producción para alimentarse a sí mismo y a su familia, y para sembrar sus tierras para la siguiente cosecha, con las nuevas tecnologías lograba alimentar a gente que vivía en el poblado, dedicada a labores de artesanía, construcción, las artes, el gobierno, etcétera. Esto permitió el desarrollo de las ciudades, que a su vez permitió el auge del conocimiento y el arte (en el sentido más amplio de la palabra) que se conoce como el Renacimiento. Claro está, no fue muy grande la población de las ciudades que podía ser alimentada por los campesinos: para alimentar a un habitante de la ciudad todavía se necesitaban diez campesinos. Pero aun así, esta proporción permitió un importante avance cultural[vi].

Y tercero, puesto que la producción adicional consistía en gran parte de legumbres, mejoró la calidad de la dieta de las personas, y por ende su salud[vii].

Implicaciones y aplicaciones

En términos generales, el caso de la Revolución Agrícola de la Edad Media nos enseña un par de cosas:

  • No todas las “revoluciones” son abruptas, ni violentas. De hecho, la palabra “revolución” no implica que el cambio debe estar acompañado por violencia (ver la entrega anterior de este blog). Sin embargo, si queremos resaltar que la Revolución Agrícola no tiene nada que ver con una revolución como la rusa, pudiéramos utilizar – por ejemplo – la palabra “transformación” para describir los cambios en la agricultura medieval.
  • Para innovar, no siempre es necesario inventar tecnologías nuevas: a menudo es suficiente buscar entre las tecnologías existentes y aprovecharlas. Esto es un ejemplo de adaptación, pero no solamente en el sentido de adaptarse a unas condiciones nuevas, sino también el de estar abierto hacia nuevas maneras de hacer las cosas.

Conclusión

La Edad Media, especialmente su primera mitad, ha sido denominada una época “oscura” (en inglés existe la expresión “the dark Middle Ages”), en el sentido de que supuestamente ocurrió un retroceso cultural, parándose la producción de obras de arte relevantes y la construcción de edificios importantes, mientras que se olvidaron los adelantos de la época clásica, o sea, del Impero Romano[viii]. Sin embargo, tal como vimos en esta entrega, esta es una apreciación un poco superficial. En ciertos respectos, por ejemplo en el campo de la agricultura, hubo más avance en la primera mitad de la Edad Media que en toda la época romana. La Edad Media fue más que un interludio entre dos períodos de auge cultural: los desarrollos medievales son los cimientos sobre los cuales se edificó el Renacimiento.

 

Esta entrega es una versión revisada de una entrega que publiqué en mi blog, ahora cerrado, “Los tiempos del cambio”.

Nota: la foto en el encabezado de esta entrega muestra “la labranza”, una miniatura anglosajona del siglo XI. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Labranza_(agricultura).

 

[i]    Ver: http://es.wikipedia.org/wiki/Arado_(agricultura) y https://es.wikipedia.org/wiki/Labranza_(agricultura).

[ii]   Gies, F. y Gies, J., 1994. Cathedral, forge, and waterwheel. Technology and invention in the Middle Ages. HarperCollins. Pág. 45 (los números de página mencionados en este post se refieren a la edición de HarperPerennial, de 1995).

[iii] Butler, C., 2007. The agricultural revolution in Medieval Europe. www.flowofhistory.com/units/west/10/FC63.

[iv] Gies y Gies, 1994, pág. 45-49 y 114. Butler, 2007.

[v]   Ver: http://es.wikipedia.org/wiki/Barbecho.

[vi] Butler, 2007. Ver también: Gans, P.J., 2002. The heavy plow.  http://scholar.chem.nyu.edu/tekpages/heavyplow.html.

[vii] Backer, P., 2015. Medieval Technology.  http://www.sjsu.edu/people/patricia.backer/history/middle.htm.

[viii]           Gies y Gies, 1994, pág. 1.

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