Los albores de la vida (1): La tierra primordial

Para iniciar nuestra investigación de los orígenes de la vida terrestre, nos corresponde considerar en primer lugar el substrato: nuestro planeta. ¿Cómo era la tierra primordial cuando aparecieron los primeros organismos? ¿Era “caos y confusión y oscuridad”[1]? ¿Tenía aguas, o era un globo caliente y árido? ¿La reconoceríamos como nuestro hogar, si lográramos viajar en el tiempo hasta aquella época remota?

¿Qué sabemos de esta tierra primordial? Es escasa la información acerca de ella que ha sobrevivido hasta los tiempos actuales – pero suficiente para, por lo menos, darnos una idea de cómo fueron las fases iniciales de la evolución de nuestro planeta. Sigue leyendo

¿Qué es la vida?

Durante la larga historia de nuestro planeta tierra se han dado muchos acontecimientos espectaculares. Pero el hito más relevante ha sido, sin duda, la aparición de la vida. De todos los cuerpos celestes conocidos, hasta la fecha nuestro planeta es el único del cual sabemos que alberga vida. Tenemos curiosidad de saber si existen formas de vida en algunos otros cuerpos celestes, y la estamos buscando. Para esto necesitamos saber cuáles son las características de la vida, cómo definirla, para saber qué buscar. Sigue leyendo

Hitos históricos: La peste y el fin de la Edad Media

“En el año del Señor 1348 se produjo en la ciudad de Florencia y condado una grandísima pestilencia, y tal era su furia y violencia que en cualquier hogar del cual se apoderó, quien se hizo cargo de los enfermos, todos los cuidadores murieron de la misma enfermedad, y casi nadie sobrevivió más allá del cuarto día, y no valía ni médico ni medicina (…). Tal era el temor que nadie sabía qué hacer: cuando se apoderó de algún hogar, a menudo sucedía que ni una sola persona escapó de la muerte. (…)

Tal fue el terror que provocó verla tomar fuerza en una casa, que tan pronto como empezara, nadie se quedó: todo el mundo abandonó la vivienda en el temor, y huyó a otra; algunos huyeron a la ciudad y otros en el campo. (…) El hijo abandonaba al padre, el marido a su mujer, la mujer al marido, un hermano a otro, una hermana a otra. La ciudad fue reducida a llevar los muertos a la sepultura; muchos fallecieron, que al morir no tenían ni confesión ni los santos sacramentos; y muchos murieron por no tener quien los cuidara, y muchos murieron de hambre, ya que cuando alguien se ponía en cama enfermo, los otros ocupantes en estado de pánico, le decían “Voy por el médico”, y sin hacer ruido cerraban la puerta desde el exterior, y ya no regresaban. (…)

En cada iglesia, o en la mayoría, fueron cavadas fosas, hasta el nivel del agua, anchas y profundas según el tamaño de la población; y todo aquel que no era muy rico, muerto durante la noche, era cargado por aquellos cuyo deber era, y bien lo arrojaba a esta fosa, o pagaba grandes cantidades de dinero para que otro la hiciera por ellos. A la mañana siguiente había muchos en la fosa, se tomaba tierra y se arrojaba sobre ellos; y luego venían otros por encima de ellos, y luego la tierra por encima de nuevo, en capas, con poca tierra, como si se estuviese colocando capas de queso a una lasaña.”

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La revolución agrícola medieval

Tal como se expuso en la entrega anterior de este blog, los hitos históricos son aquellos momentos en la historia en los cuales ocurren cambios impactantes. A veces estos cambios son dramáticos y obvios – la Revolución Francesa, por ejemplo –, mientras que otras veces son más sutiles, pero con consecuencias no menos contundentes. Un hito histórico de este último tipo ocurrió en la Edad Media: a primera vista no aparenta ser más que un cambio en la tecnología agrícola, pero fue un cambio que tuvo repercusiones importantes, y que por tanto ha sido denominado la Revolución Agrícola de la Edad Media. Se trata de un nuevo tipo de arado. Este, combinado con algunas otras innovaciones agrícolas, hizo posible el desarrollo de las ciudades y, por ende, los avances que dieron origen al Renacimiento. Veamos qué pasó. Sigue leyendo

Revoluciones por doquier

En la historia – y aquí me refiero no sólo a la historia de las civilizaciones humanas, ni solamente a la historia del género humano desde sus orígenes, sino a la historia de la vida terrestre, así como nuestro planeta y el universo en el cual se ubica; y, para desplazarnos hacia otro extremo, a la historia de cada uno de nosotros, los individuos humanos – en la historia en su sentido más amplio, entonces, han ocurrido largos períodos en los cuales no pasaba mucho, largas extensiones de tiempo durante las cuales ocurrían cosas, pero al parecer sin mayor trascendencia. Sin duda hubo cambios a lo largo de estos períodos, pero eran de índole gradual y de alcance más bien limitado.

Sin embargo, también ocurren períodos en que todo parece cambiar. Períodos durante los cuales aparecen muchas cosas nuevas y desaparecen viejas. Los cambios pueden ser catastróficos; en algunos casos, son épocas de caos, de incertidumbre. Son los momentos clave, trascendentales, en los cuales las cosas parecen tomar un rumbo distinto al anterior. Algunos de estos momentos y períodos de transformación han sido llamados “revoluciones”: la Francesa, la Industrial, la Neolítica. Son los momentos que separan el después de un antes. Sigue leyendo

Evolución humana reciente

El gran auge del género humano lo debemos a nuestra capacidad de adaptarnos a nuestro entorno mediante nuestra organización y tecnología. Pero además, somos capaces de adaptar nuestro entorno a nuestras necesidades – lo que nos hace únicos entre los animales grandes que habitan la faz de la tierra. Esta capacidad es el resultado del desarrollo cultural de nuestra especie, del que hablamos en los últimos posts. Gracias a la evolución cultural hemos logrado dominar a nuestro entorno. Pero, ¿quiere esto decir que hemos dejado de lado la evolución biológica? ¿Han dejado nuestros cuerpos de adaptarse, mediante la selección natural, a los cambios en nuestro entorno? No: ¡todavía estamos evolucionando! Sigue leyendo

El idioma y la evolución cultural

Es bien conocida la queja de que mucha gente, especialmente los jóvenes, ya no saben hablar bien su idioma y utilizan palabras extrañas, o construcciones gramaticales incorrectas. Muchos, especialmente los mayores, desearían mantener su idioma tal cual, con reglas claras e inalterables. Sin embargo, los idiomas no son así: son como organismos vivientes, que cambian y se adaptan a los tiempos y el entorno. En el post anterior vimos cómo se dan estos cambios. Pero, ¿por qué cambian los idiomas? ¿Cuáles son las fuerzas que hacen que un idioma cambie? ¿Qué pone en marcha este aspecto de la evolución cultural? Sigue leyendo