La Revolución Neolítica (1) – El origen de nuestra sociedad

Tal como vimos en la entrada del 3 febrero 2018, distintos acontecimientos en la historia de nuestra especie, Homo sapiens, han sido denominados revoluciones. Son bien conocidas las revoluciones políticas, tales como la francesa o la rusa. Sin embargo, el término “revolución” ha sido aplicado no solamente en el ámbito político sino también en el caso de cambios abruptos y trascendentales en la sociedad. Entre este tipo de revoluciones, pudiéramos destacar la Revolución Industrial, o la revolución agrícola de la Edad Media (ver la entrada del 9 marzo 2018).

Otra de estas revoluciones, que fue fundamental para el desarrollo de la raza humana, es la Revolución Neolítica, llamada también la Revolución Agrícola. Esta marcó el inicio del Neolítico, hace unos diez mil años, cuando nuestros antepasados empezaron a asentarse en pueblos y a dedicarse a la agricultura. No cabe la menor duda que esto fue. un momento trascendental en nuestra historia. A este proceso de neolitización, y a la revolución agrícola, dedicaremos esta entrada y las siguientes.

El panorama antes del Neolítico

El término “Neolítico” se refiere a la edad de la piedra, a la “nueva edad de la piedra” para ser exactos [i]. Antes del Neolítico hubo el Paleolítico, la “antigua edad de la piedra”, un período largo que empezó hace unos 2,5 millones de años y que terminó hace diez mil años. El Paleolítico fue la época durante la cual nuestros antepasados eran nómadas, y se alimentaban de frutos y animales que encontraban en sus alrededores. Utilizaban herramientas de piedra y de materiales de origen orgánico, tipo madera, hojas, huesos, conchas etcétera, pero lo que sobrevivió hasta nuestros días son principalmente las herramientas de piedra. A finales del Paleolítico, cuando empieza el período que nos interesa hoy, los humanos que poblaban la tierra eran como nosotros, de nuestra misma especie.

El Neolítico es, por definición, la época durante la cual los humanos ya practicaban la agricultura, pero todavía no sabían hacer herramientas metálicas [ii]. En el Oriente Medio, el Neolítico empezó hace alrededor de 11.000 años AdP (Antes del Presente [iii]), y a menudo se divide en dos partes: la primera, hasta unos 8000 años AdP, cuando aun no se conocía la cerámica y que por lo tanto se llama el Neolítico acerámico (en inglés, Pre-Pottery Neolithic); y la segunda, llamada el Neolítico cerámico, hasta más o menos 5000 años AdP, o sea el momento que se empezó a utilizar herramientas metálicas: primero el cobre, después el bronce. Las edades mencionadas son aproximadas, y además varían de una zona a otra [iv].

La gran diferencia entre el Paleolítico y el Neolítico es que durante el Neolítico nuestros antepasados ya practicaban la agricultura: tanto el cultivo como la ganadería. La transición a la agricultura será el sujeto de las próximas entregas.

Entre el Neolítico y el Paleolítico hubo una época durante la cual empezaron a ocurrir cambios en la técnica de trabajar la piedra y en la manera de vivir de nuestros antepasados; este período transicional ha sido llamado el Mesolítico en Europa, mientras que en el Oriente Medio y Cercano se habla del Epipaleolítico. Los albores de la agricultura, de los cuales hablaremos en las próximas entradas, se ubican en este período.

La época alrededor de diez mil años AdP fue un verdadero período crítico: ocurrieron grandes cambios en la condición humana, en prácticamente cualquier aspecto de la vida: nuestros antepasados domesticaron animales y plantas, dando así origen a la agricultura; empezaron a asentarse, en lugar de vivir como nómadas; se formaron las primeras sociedades organizadas; y apareció la religión institucionalizada. El orden en el cual estos acontecimientos se dieron, varía de una región de la tierra a la otra, y su relación aun está siendo debatida.

Es importante resaltar que estaremos considerando fundamentalmente al Medio y Cercano Oriente, por tratarse de la zona más estudiada y mejor conocida (varias veces veremos el término “Levante”, que se refiere a las tierras que bordean la costa oriental del Mediterráneo, o sea aproximadamente desde lo que hoy día es la Siria, pasando por el Líbano, hasta Israel y el occidente de Jordania; ver el mapa). En ciertas otras partes del mundo, tales como la China, la Nueva Guinea y las Américas, la agricultura fue inventada independientemente y en otras épocas [v].

Blog 191027 - Revolución neolítica 1 - mapa

El término “Revolución Neolítica” fue acuñado por el arqueólogo británico Vere Gordon Childe (1892-1957). Ya en 1928 Childe había concluido, con base en la información disponible, que la prehistoria de Asia y Europa había sido afectada por dos acontecimientos principales: la que denominó la “Revolución Neolítica”, hace unos 10.000 años, caracterizada por el inicio de la agricultura, y la “Revolución Urbana”, hace aproximadamente 5000 años, cuando aparecieron las primeras ciudades en los valles fértiles de Mesopotamia, India y Egipto [vi].

Sedentarismo

Entre las principales características del Neolítico se encuentran el sedentarismo y la agricultura. El sedentarismo es una forma de vida en la que un grupo de personas (una familia, una tribu, un pueblo, etc.) se queda en un solo lugar y lo toman como su hogar [vii].

En la arqueología existen múltiples criterios para determinar si un yacimiento arqueológico representa los restos de una tribu o sociedad sedentaria [viii]:

  1. La presencia de estructuras cuya construcción requiere de un esfuerzo importante: por ejemplo, casas, tumbas, y terrazas en el terreno. Además, evidencia de actividades relacionadas, tales como la producción de estucos o cementos, el transporte de piedras para la construcción, y la elaboración de morteros grandes, que no se pueden transportar fácilmente (ver imagen).
  2. Indicaciones, en los restos de animales hallados en el yacimiento, de que su caza ocurría durante todo el año, no sólo en períodos determinadas. Por ejemplo, los dientes, que se pueden utilizar para determinar la época del año en la que murió el animal, deben indicar muertes tanto en invierno como en verano. Otro ejemplo es la presencia de restos de animales jóvenes tanto como adultos.
  3. Una importante presencia de animales que se benefician de las actividades típicas de los humanos sedentarios (por ejemplo, el cultivo): ratas y ratones, así como aves tales como los gorriones. Los ratones empezaron a vivir en asentamientos en el Levante hace unos 15.000 años [ix], o sea, tan pronto como empezó el sedentarismo.
  4. La presencia de basureros: lugares donde, a lo largo de múltiples años, los pobladores depositaban sus desechos.

Blog 191027 - Revolución neolítica 1 - morteros

No todos estos criterios tienen el mismo peso, y por sí solos resultan insuficientes para decidir si un asentamiento era permanente o semipermanente, pero si se cumple con múltiples criterios, la certeza es mucho mayor.

De esta manera se pudo determinar que, al empezar a cultivar plantas, los humanos ya estaban viviendo en asentamientos permanentes o, por lo menos, semipermanentes. O sea, el inicio del cultivo y el de la vida en asentamientos no han tenido necesariamente que ir de la mano, aunque obviamente estuvieron relacionados entre sí.

La sedentarización ocurrió antes del inicio del cultivo. Entre los primeros lugares donde ocurrió la sedentarización, destaca el norte de Israel, donde se encuentra Ohalo II, un yacimiento arqueológico ubicado en la orilla del Mar de Galilea. Allí se han hallado restos de asentamientos consecutivos de hace alrededor de 23.000 años. Es posible que ya no eran campamentos temporales de nómadas sino de una sociedad por lo menos parcialmente asentada: los asentamientos estuvieron en uso de manera continua o semicontinua, ya que se encontraron restos vegetales de las cuatro estaciones [x]. En Jordania se encontraron, en Kharaneh IV, los restos de dos chozas de hace veinte mil años, lo que confirma que en aquel tiempo ya hubo gentes en el Levante que se habían asentado [xi].

Cultura natufiense

Para entender la transición al Neolítico resulta útil el estudio de la cultura natufiense. Esta cultura perteneció a gentes que vivían en el Levante mediterráneo (en partes de los actuales estados Israel, Jordania, Líbano y Siria; ver mapa), y perduró desde hace unos 14.600 años hasta hace alrededor de 11.500 años. Marcó la última fase del Epipaleolítico y la entrada al Neolítico [xii].

Si sus antecesores (la cultura Keraliense [xiii]) todavía eran nómadas, los natufienses ya vivían en asentamientos permanentes o semipermanentes, pero aun no habían adoptado la agricultura. Cazaban gacelas y otros animales, y recogían cereales y legumbres silvestres, así como almendras, bellotas y varios frutos, y procesaban cereales y legumbres [xiv]. Un bolso con herramientas encontrado al lado de una vivienda natufiense de hace 14.000 años, contenía tanto una hoz, presumiblemente para recolectar cereales, como puntas de silex, para la caza [xv]. Los natufienses se adaptaron a lo que podían obtener de su entorno en términos de alimentación [xvi].

Los natufienses representan una fase transicional antes del Neolítico. Nos muestran como la sedentarización de la población y el inicio de la agricultura no han ido de la mano. Fueron dos procesos relacionados, tal como veremos en las entregas venideras, pero han de ser considerado por separado.

También culturalmente, los natufienses representan una transición hacia el Neolítico. Ya hubo rituales elaborados, por ejemplo asociados a los entierros [xvii]. También se encontraron los restos de celebraciones, asociados a entierros también, lo que sugiere que éstas jugaron un papel importante en las relaciones sociales [xviii].

Una vez que la agricultura se volvió dominante, hace unos 11.000 años, desapareció la cultura natufiense, para dar paso al Neolítico. Entre los muchos cambios que se dieron, cambiaron las ubicaciones de los asentamientos: desde aquel entonces, éstos se localizaron en los lugares más aptos para la agricultura (en términos de fertilidad de la tierra, presencia de agua, etc.), ya no en los lugares más aptos para la caza, la pesca y/o la recolección de especies vegetales [xix].

El clima

El desarrollo de la agricultura, y por ende el proceso de la neolitización, debe ser considerado en el marco del clima. Durante el Pleistoceno (la última época geológica antes de la actual, el Holoceno), el clima terrestre estaba caracterizado por la ocurrencia de varias glaciaciones, durante las que grandes partes de Europa, el norte de Asia y Norteamérica, así como todas las grandes cordilleras montañosas, estaban cubiertas de capas de hielo [xx]. La última edad del hielo grande, denominada Würm, terminó hace unos veinte mil años, dando paso en el Mediterráneo y Oriente Medio a condiciones climatológicas más cálidas y húmedas, tales como las que conocemos ahora. Es entonces que aparecieron los primeros asentamientos y la cultura natufiense.

Blog 191027 - Revolución neolítica 1 - gráfico clima

Pero aun no había terminado el Pleistoceno. Antes de que terminara (hace unos doce mil años), hubo una mini-edad de hielo más: el Dryas Reciente [xxi]. Durante unos mil años (desde 12.800 hasta 11.700 AdP aproximadamente; ver imagen), volvieron a bajar las temperaturas y, según ciertas investigaciones (mas no todas [xxii]), nuestra región de interés se volvió más árida. También cambiaron, en el año 12.679 AdP, los patrones de los vientos, prácticamente de un año a otro [xxiii]. Tal como veremos en la próxima entrada de este blog, fue alrededor del inicio de este intervalo que se desarrolló la agricultura.

Se desconocen las causas del Dryas Reciente. Se ha propuesto que fue el resultado de cambios en la circulación oceánica debido a la descarga de grandes cantidades de aguas dulces en el Atlántico Norte, causado por el deshielo de capas de hielo y el vaciado repentino de un lago grande (el Lago Agassiz) en Norteamérica [xxiv]. Sin embargo, probablemente esto no ocurrió exactamente al inicio del Dryas Reciente [xxv].

También se ha propuesto que el posible impacto de un meteorito, ocurrido hace 12.900 años, puede haber causado la bajada de las temperaturas. También habría causado la desaparición de la cultura Clovis en los actuales Estados Unidos, y la extinción de los animales grandes tales como los mamuts, que hasta el final del Pleistoceno ocurrían en grandes cantidades en las tundras pero que habían desaparecido al inicio del Holoceno. Se ha sugerido que el meteorito provino de la nube de los meteoros de las Táuridas [xxvi], y que impactó en Canadá [xxvii].

Esta teoría se basa en la ocurrencia de, entre otros, microesférulas, nanodiamantes, altas concentraciones de iridio, platino etc., y evidencias de grandes incendios en una capa de sedimentos depositada al inicio del Dryas Reciente [xxviii]. La teoría del impacto del meteorito causó un fuerte debate, con unos cuantos soportes a favor del impacto [xxix], aunque algunos con matices [xxx]. Pero, por otro lado, se ha puesto en duda la validez de muchos de estos soportes [xxxi]: tanto de los diamantes y las esférulas [xxxii], como del iridio [xxxiii] y de la supuesta mayor incidencia de incendios hace 12.900 años [xxxiv]. Aunque se pudo confirmar que las culturas paleoindias de Norteamérica fueron influidas por cambios climáticos [xxxv], no se pudo establecer una relación entre la desaparición de la cultura Clovis y el inicio del Dryas Reciente [xxxvi]. Además, la datación de los soportes no está tan segura como para soportar una fecha al inicio del Dryas Reciente [xxxvii]. Al no tener otras evidencias para el impacto de un meteorito hace 12.900 años (falta, por ejemplo, el cráter que debió haber creado), queda por los momentos incierto el impacto del asteroide como causa del Dryas Reciente.

Sea como fuere, el Dryas Reciente fue un intervalo de cambios climatológicos y probablemente no es coincidencia que fue justamente en aquel entonces que se desarrollara la agricultura.

Al final del Dryas Reciente, hace 11.700 años, el clima se volvió más cálido y húmedo. Empezó el Holoceno, el período en el que nos encontramos actualmente. Se puede considerar como una fase interglacial, o sea, un interín cálido entre dos épocas del hielo, aunque no sabemos cuándo empezaría, si acaso, la siguiente glaciación.

También en el Holoceno se han dado fluctuaciones en la temperatura terrestre. Un evento de enfriamiento ocurrió hace 8200 años. Posiblemente, este evento fue causado, paradójicamente, por una fase de deshielo que empezó hace 8700 años, debido al calentamiento que tuvo lugar al inicio del Holoceno. Este deshielo pudo haber causado, tal como posiblemente ocurrió al inicio del Dryas Reciente (ver arriba), un influjo de grandes masas de aguas dulces en el norte del Océano Atlántico. Estas pueden haber parado las grandes corrientes que transportan aguas calientes tropicales hacia Europa, causando así un enfriamiento del continente y sus alrededores [xxxviii]. El deshielo causó también un aumento en el nivel del mar, lo que resultó en la inundación de las áreas costeras en todo el mundo y puede haber causado migraciones hacia Europa de los agricultores que vivían en las zonas fértiles cerca de las costas [xxxix]. También se inundaron, según una hipótesis un poco controvertida, en este tiempo las orillas del Mar Negro [xl], lo que puede ser el origen de la historia del diluvio universal, al que sólo sobrevivieron – en la versión bíblica – Noé y los suyos, o – en la versión acadia – el héroe Gilgamesh y su familia [xli]. La inundación de las zonas costeras y el cambio climático (primero un calentamiento, después un enfriamiento) nos avisan que, en nuestros tiempos de calentamiento global, pudiera ocurrir algo parecido si no logramos detener el calentamiento.

Conclusión

El Neolítico, que empezó en el Levante mediterráneo hace unos once mil años, es la época durante la cual los humanos ya practicaban la agricultura, pero todavía no sabían hacer herramientas metálicas. Ya estaban asentados en poblados permanentes; el proceso de sedentarización, sin embargo, ya había empezado antes de la transición a la agricultura. Es posible que tanto la sedentarización como la transición a la agricultura estuvieran relacionadas a cambios climáticos, pero probablemente no hubo una relación simple.

El inicio de la agricultura ha sido denominado la “Revolución Neolítica”, pero parece que este proceso en la realidad fue bastante gradual. Pero lo mismo ocurrió en muchas revoluciones [xlii], y no por eso podemos dejar de llamar el inicio de la agricultura una revolución.

En las próximas entradas consideraremos la Revolución Neolítica con más detalle, empezando por el aspecto más distintivo: la domesticación de animales y vegetales, y en última instancia, de nosotros mismos.

 

Este post se basa en dos posts que publiqué en mi blog, ahora cerrado, “Los tiempos del cambio”.

Nota: la foto en el encabezado del post muestra una vivienda de la cultura natufiense. Fuente: http://oldeuropeanculture.blogspot.com/2017/12/natufian-house.html..

 

[i]     Ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Neol%C3%ADtico.

[ii]    Ver http://es.wikipedia.org/wiki/Neol%C3%ADtico.

[iii]   10.000 años AdP corresponde con aproximadamente 8.000 años antes de Cristo (AdC).

[iv]   Donde posible, doy la edad de fases y objetos en años AdP calibrados, o sea edades establecidas – tal como la gran mayoría de edades obtenidas para nuestro período de interés – mediante radiometría, ajustadas por variaciones en el tiempo de la cantidad de 14C, el isótopo más utilizado para determinar edades del Neolítico. Las edades calibradas suelen ser, para este período, unos 10% mayores que las edades no calibradas.

[v]    Diamond, J., 1997. Guns, germs and steel. The fates of human societies. W.W. Norton & Company, New York-London.

[vi]   Balter, M., 2005. The goddess and the bull. Çatalhöyük: an archeological journey to the dawn of civilization. Free Press, New York.

[vii] Ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Sedentarismo_(antropolog%C3%ADa).

[viii] Bar-Yosef, O., 1998. The Natufian culture in the Levant, threshold to the origins of agriculture. Evolutionary Anthropology, 6 (5), 159–177. http://www.columbia.edu/itc/anthropology/v1007/baryo.pdf.  Hardy-Smith, T. y Edwards, P.C., 2004. The Garbage Crisis in prehistory: artefact discard patterns at the Early Natufian site of Wadi Hammeh 27 and the origins of household refuse disposal strategies. Journal of Anthropological Archaeology, 23 (3), 253-289. https://doi.org/10.1016/j.jaa.2004.05.001.

[ix]   Weissbrod, L., Marshall, F.B., Valla, F.R., Khalaily, H., Bar-Oz, G., Auffray, J.-C., Vigne, J.-D. y Cucchi, T., 2017. Origins of house mice in ecological niches created by settled hunter-gatherers in the Levant 15,000 y ago. Proceedings of the National Academy of Sciences, 114 (16) 4099-4104. www.pnas.org/content/114/16/4099.short.

[x]    Bar-Yosef, 1998. Ver nota 8.

[xi]   Maher, L.A., Richter, T., Macdonald, D., Jones, M.D., Martin, L. y Stock, J.T., 2012. Twenty thousand-year-old huts at a hunter-gatherer settlement in eastern Jordan. PLoS ONE, 7 (2), e31447. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0031447.

[xii] Ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Natufiense.

[xiii] Nadel, D. y Hershkovitz, I., 1991. New subsistence data and human remains from the earliest Levantine Epipalaeolithic. Current Anthropology, 32 (5), 631-635. https://doi.org/10.1086/204012.  Ver también: https://es.wikipedia.org/wiki/Kebariense.

[xiv] Bar-Yosef, 1998. Ver nota 8.

[xv] Edwards, P.C., 2007. A 14000 year-old hunter-gatherer’s toolkit. Antiquity, 81 (314), 865-876. https://doi.org/10.1017/S0003598X0009596X.

[xvi] Richter, T., Arranz-Otaegui, A., Yeomans, L. y Boaretto, E., 2017. High resolution ams dates from Shubayqa 1, northeast Jordan reveal complex origins of late Epipalaeolithic Natufan in the Levant. Scientific Reports, 7,17025. www.nature.com/articles/s41598-017-17096-5.pdf.

[xvii]          Grosman, L., Munro, N.D. y Belfer-Cohen, A., 2008. A 12,000-year-old Shaman burial from the southern Levant (Israel). Proceedings of the National Academy of Sciences, 105 (46), 17665-17669. www.pnas.org/content/105/46/17665.  Grosman, L. y Munro, N.D., 2016. A Natufian Ritual Event. Current Anthropology, 57 (3), 311-331. https://doi.org/10.1086/686563.

[xviii]         Munro, N.D. y Grosman, L., 2010. Early evidence (ca. 12,000 B.P.) for feasting at a burial cave in Israel. Proceedings of the National Academy of Sciences, 107 (35), 15362-15366. https://www.pnas.org/content/pnas/107/35/15362.full.pdf.

[xix] Bar-Yosef, 1998. Ver nota 8.

[xx] Ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Pleistoceno.

[xxi] Ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Dryas_Reciente.

[xxii] Hartman, G., Bar-Yosef, O., Brittingham, A., Grosman, L. y Munro, N.D., 2016. Hunted gazelles evidence cooling, but not drying, during the Younger Dryas in the southern Levant. Proceedings of the National Academy of Sciences, 113 (15), 3997-4002. www.pnas.org/content/113/15/3997.

[xxiii]         Brauer, A., Haug, G.H., Dulski, P., Sigman, D.M. y Negendank, J.F.W., 2008. An abrupt wind shift in western Europe at the onset of the Younger Dryas cold period. Nature Geoscience, 1, 520-523. www.nature.com/articles/ngeo263.

[xxiv]         Rooth, C., 1982. Hydrology and ocean circulation. Progress in Oceanography, 11 (2), 131-149. https://doi.org/10.1016/0079-6611(82)90006-4.  Broecker, W.S., Kennett, J.P., Flower, B.P., Teller, J.T., Trumbore, S., Bonani, G. y Wolfli, W., 1989. Routing of meltwater from the Laurentide Ice Sheet during the Younger Dryas cold episode. Nature, 341, 318-321. www.nature.com/articles/341318a0.  Murton, J.B., Bateman, M.D., Dallimore, S.R., Teller, J.T. y Yang, Z., 2010. Identification of Younger Dryas outburst flood path from Lake Agassiz to the Arctic Ocean. Nature, 464, 740-743. www.nature.com/articles/nature08954.  Condron, A. y Winsor, P., 2012. Meltwater routing and the Younger Dryas. Proceedings of the National Academy of Sciences, 109 (49), 19928-19933. https://www.pnas.org/content/109/49/19928.

[xxv]          Gornitz, V., 2007. Sea Level Rise, After the Ice Melted and Today. Ver: https://www.giss.nasa.gov/research/briefs/gornitz_09/.

[xxvi]         Napier, W.M., 2010. Palaeolithic extinctions and the Taurid Complex. Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, 405 (3), 1901-1906. https://doi.org/10.1111/j.1365-2966.2010.16579.x.

[xxvii]        Ver: https://phys.org/news/2008-07-asteroid-theory-evidence-ohio-indiana.html.

[xxviii]       Firestone, R.B. y otros, 2007. Evidence for an extraterrestrial impact 12,900 years ago that contributed to the megafaunal extinctions and the Younger Dryas cooling. Proceedings of the National Academy of Sciences, 104 (41), 16016-16021. www.pnas.org/content/104/41/16016,  Kennett, D.J. y otros, 2009. Nanodiamonds in the Younger Dryas boundary sediment layer. Science, 323 (5910), 94. https://science.sciencemag.org/content/323/5910/94.abstract.  Thackeray, J.F., Scott, L. y Pieterse, P., 2019. The Younger Dryas interval at Wonderkrater (South Africa) in the context of a platinum anomaly. Palaeontologia Africana, 54. https://hdl.handle.net/10539/28129.

[xxix]         LeCompte, M.A., Goodyear, A.C., Demitroff, M.N., Batchelor, D., Vogel, E.K., Mooney, C., Rock, B.N. y Seidel, A.W., 2012. Independent evaluation of conflicting microspherule results from different investigations of the Younger Dryas impact hypothesis. Proceedings of the National Academy of Sciences, 109 (44), E2960-E2969. www.pnas.org/content/109/44/E2960.  Israde-Alcántara, I. y otros, 2012. Evidence from central Mexico supporting the Younger Dryas extraterrestrial impact hypothesis. Proceedings of the National Academy of Sciences, 109 (13), E738-E747. www.pnas.org/content/109/13/E738.  Bunch, T.E. y otros, 2012. Very high-temperature impact melt products as evidence for cosmic airbursts and impacts 12,900 years ago. Proceedings of the National Academy of Sciences, 109 (28), E1903-E1912. www.pnas.org/content/109/28/E1903.  LeCompte, M.A., Batchelor, D., Demitroff, M.N., Vogel, E.K., Mooney, C., Rock, B.N. y Seidel, A.W., 2013. Reply to Boslough: Prior studies validating research are ignored. Proceedings of the National Academy of Sciences, 110 (18), E1652. www.pnas.org/content/110/18/E1652.  Wittke, J.H. y otros, 2013. Evidence for deposition of 10 million tonnes of impact spherules across four continents 12,800 y ago. Proceedings of the National Academy of Sciences, 110 (23), E2088-E2097. www.pnas.org/content/110/23/E2088.  Wu, Y., Sharma, M., LeCompte, M.A., Demitroff, M.N. y Landis, J.D., 2013. Origin and provenance of spherules and magnetic grains at the Younger Dryas boundary. Proceedings of the National Academy of Sciences, 110 (38), E3557-E3566. www.pnas.org/content/110/38/E3557.  Kinzie, C.R. y otros, 2014. Nanodiamond-rich layer across three continents consistent with major cosmic impact at 12,800 Cal BP. The Journal of Geology, 122 (5), 475-506. https://doi.org/10.1086/677046.  Kennett, J.P. y otros, 2015. Reply to Holliday and Boslough et al.: Synchroneity of widespread Bayesian-modeled ages supports Younger Dryas impact hypothesis. Proceedings of the National Academy of Sciences, 112 (49), E6723-E6724. www.pnas.org/content/112/49/E6723.

[xxx] Kurbatov, A.V. y otros, 2010. Discovery of a nanodiamond-rich layer in the Greenland ice sheet. Journal of Glaciology, 56 (199), 747-757. https://doi.org/10.3189/002214310794457191.  Petaev, M.I., Huang, S., Jacobsen, S.B. y Zindler, A., 2013. Large Pt anomaly in the Greenland ice core points to a cataclysm at the onset of Younger Dryas. Proceedings of the National Academy of Sciences, 110 (32), 12917-12920. www.pnas.org/content/110/32/12917.

[xxxi]         Boslough, M. y otros, 2012. Arguments and evidence against a Younger Dryas impact event. En: Climates, Landscapes, and Civilizations. Geophysical Monograph Series, 198, 13-26. https://doi.org/10.1029/2012GM001209.

[xxxii]        Surovell, T.A. y otros, 2009. An independent evaluation of the Younger Dryas extraterrestrial impact hypothesis. Proceedings of the National Academy of Sciences, 106 (43), 18155-18158. www.pnas.org/content/106/43/18155.short.  Pigati, J.S., Latorre, C., Rech, J.A., Betancourt, J.L., Martínez, K.E. Budahn, J.R., 2012. Accumulation of impact markers in desert wetlands and implications for the Younger Dryas impact hypothesis. Proceedings of the National Academy of Sciences, 109 (19), 7208-7212. www.pnas.org/content/109/19/7208.  Van Hoesel, A., Hoek, W.Z., Braadbaart, F., van der Plicht, J., Pennock, G.M. y Drury, M.R., 2012. Nanodiamonds and wildfire evidence in the Usselo horizon postdate the Allerød-Younger Dryas boundary. Proceedings of the National Academy of Sciences, 109 (20), 7648-7653. www.pnas.org/content/109/20/7648.  Boslough, M., 2013. Faulty protocols yield contaminated samples, unconfirmed results. Proceedings of the National Academy of Sciences, 110 (18), E1651. www.pnas.org/content/110/18/E1651.  Thy, P., Willcox, G., Barfod, G.H. y Fuller, D.Q., 2015. Anthropogenic origin of siliceous scoria droplets from Pleistocene and Holocene archaeological sites in northern Syria. Journal of Archaeological Science, 54, 193-209. https://doi.org/10.1016/j.jas.2014.11.027.  Daulton, T.L., Amari, S., Scott, A.C., Hardiman, M., Pinter, N. y Anderson, 2017. Comprehensive analysis of nanodiamond evidence relating to the Younger Dryas Impact Hypothesis. Journal of Quaternary Science, 32 (1), 7-34. https://doi.org/10.1002/jqs.2892.

[xxxiii]       Paquay, F.S. y otros, 2009. Absence of geochemical evidence for an impact event at the Bølling–Allerød/Younger Dryas transition. Proceedings of the National Academy of Sciences, 106 (51), 21505-21510. www.pnas.org/content/106/51/21505.

[xxxiv]       Marlon, J.R. y otros, 2009. Wildfire responses to abrupt climate change in North America. Proceedings of the National Academy of Sciences, 106 (8), 2519-2524. www.pnas.org/content/106/8/2519.  Van Hoesel, A., Hoek, W.Z., van der Plicht, J., Pennock, G.M. y Drury, M.R., 2013. Cosmic impact or natural fires at the Allerød–Younger Dryas boundary: A matter of dating and calibration. Proceedings of the National Academy of Sciences, 110 (41), E3896. www.pnas.org/content/110/41/E3896.  Scott, A.C., Hardiman, M., Pinter, N., Anderson, R.S., Daulton, T.L., Ejarque, A., Finch, P. y Carter‐Champion, A., 2017. Interpreting palaeofire evidence from fluvial sediments: a case study from Santa Rosa Island, California, with implications for the Younger Dryas Impact Hypothesis. Journal of Quaternary Science, 32 (1), 35-47. https://doi.org/10.1002/jqs.2914.

[xxxv]        Munoz, S.E., Gajewski, K. y Peros, M.C., 2010. Synchronous environmental and cultural change in the prehistory of the northeastern United States. Proceedings of the National Academy of Sciences, 107 (51), 22008-22013. www.pnas.org/content/pnas/107/51/22008.full.pdf.

[xxxvi]       Holliday, V.T. y Meltzer, D.J., 2010. The 12.9-ka ET impact hypothesis and North American paleoindians. Current Anthropology, 51, (5), 575-607. https://doi.org/10.1086/656015.

[xxxvii]      Meltzer, D.J., Holliday, V.T., Cannon, M.D. y Miller, D.S., 2014. Chronological evidence fails to support claim of an isochronous widespread layer of cosmic impact indicators dated to 12,800 years ago. Proceedings of the National Academy of Sciences, 111 (21), E2162-E2171. www.pnas.org/content/111/21/E2162.

[xxxviii]     LeGrande, A.N., Schmidt, G.A., Shindell, D.T., Field, C.V., Miller, R.L., Koch, D.M., Faluvegi, G. y Hoffmann, G., 2006. Consistent simulations of multiple proxy responses to an abrupt climate change event. Proceedings of the National Academy of Sciences, 103 (4), 837-842. www.pnas.org/content/103/4/837.short.  Hillaire‐Marcel, C., de Vernal, A. y Piper, D.J.W., 2007. Lake Agassiz Final drainage event in the northwest North Atlantic. Geophysical Research Letters, 34, L15601. https://agupubs.onlinelibrary.wiley.com/doi/epdf/10.1029/2007GL030396.  Flesche Kleiven, H., Kissel, C., Laj, C., Ninnemann, U.S., Richter, T.O. y Cortijo, E., 2008. Reduced North Atlantic deep water coeval with the glacial Lake Agassiz freshwater outburst. Science, 319 (5859), 60-64. https://science.sciencemag.org/content/sci/319/5859/60.full.pdf.  Yu, S.-Y., Colman, S.M., Lowell, T.V., Milne, G.A., Fisher, T.G., Breckenridge, A., Boyd, M. y Teller, J.T., 2010. Freshwater outburst from Lake Superior as a trigger for the cold event 9300 years ago. Science, 328 (5983), 1262-1266. https://science.sciencemag.org/content/sci/328/5983/1262.full.pdf.  Lewis, C.F.M., Miller, A.A.L., Levac, E., Piper, D.J.W. y Sonnichsen, G.V., 2012. Lake Agassiz outburst age and routing by Labrador Current and the 8.2 cal ka cold event. Quaternary International, 260, 83e97. https://doi.org/10.1016/j.quaint.2011.08.023.

[xxxix]       Turney, C.S.M. y Brown, H., 2007. Catastrophic early Holocene sea level rise, human migration and the Neolithic transition in Europe. Quaternary Science Reviews, 26 (17), 2036-2041. https://doi.org/10.1016/j.quascirev.2007.07.003.

[xl]   Ryan, W.B.F. y otros, 1997. An abrupt drowning of the Black Sea shelf. Marine Geology, 138 (1-2), 119-126. https://doi.org/10.1016/S0025-3227(97)00007-8.

[xli] Ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Mito_del_diluvio_de_Gilgamesh.

[xlii] Brinton, C., 1938/1965. The anatomy of revolution. Vintage Books, New York.

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