La Revolución Neolítica (5) – La gran domesticación

Durante miles de años, el perro era el único animal domesticado (ver la entrada anterior). Pero esto cambió, de forma dramática, hace unos diez mil años, cuando ocurrió la transición a la agricultura, también denominada la Revolución Neolítica. Dentro de algunos miles de años, los humanos domesticaron, aparte de muchas especies vegetales, también unas cuantas especies animales. Especies que antes eran salvajes, algunas inclusive peligrosas para los humanos, se convirtieron en la propiedad de nuestros antepasados, quienes pasaron a controlar por completo sus vidas y su reproducción, cumpliendo así con la definición de la domesticación (ver la entrada del 24 diciembre 2019).

En las últimas entradas vimos cómo ocurrió la domesticación de animales en general, y la del perro en particular. En la presente entrada veremos cómo unos animales más, una vez domesticados, se convirtieron en acompañantes del hombre en sus andanzas por el mundo.

El ganado

Estudios genéticos de las principales especies de ganado indican que la domesticación de por lo menos tres, y probablemente cuatro de ellas (la res, la cabra, la oveja y el cerdo) ocurrió en la parte norte del Creciente Fértil, en un área extendiéndose desde el sureste de la actual Turquía hasta el oeste de Irán. Pero la domesticación de cada especie no ocurrió en un solo lugar específico: diferencias genéticas demuestran que las domesticaciones se dieron de manera más o menos independiente en distintos lugares (pero en su mayoría ubicados en el área mencionada). En el caso de las ovejas, por ejemplo, se identificaron tres grupos genéticos, que reflejan sendas poblaciones salvajes, domesticadas en lugares distintos. Las cabras fueron domesticadas en, por lo menos, seis lugares distintos. La situación de las reses fue parecida: se identificaron cinco linajes distintos, casi todos procedentes del Medio Oriente [1].

Los estudios genéticos nos dicen dónde aproximadamente ocurrieron las domesticaciones, y dan una indicación de cuántos grupos fueron domesticados [2], pero dan poca información acerca de cuándo ocurrió la domesticación, ya que reflejan la edad de la separación de los grupos, lo que generalmente ocurrió antes de su domesticación. Así que, para obtener más información acerca de esto, se necesita la arqueología, que nos proporciona los restos de animales que vivieron en el pasado, lo que nos permite determinar con más precisión el lugar y la edad de los primeros animales domesticados (ver la entrada del 24 diciembre 2019).

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La cabra y la oveja

La cabra y la oveja fueron las primeras especies de ganado en ser domesticadas. Las primeras evidencias arqueológicas de la domesticación de la cabra datan de hace diez mil años [3], y se supone que anteriormente ya hubo control humano de manadas de cabras salvajes (y más antes aun, a los hombres les gustaba cazarlas). Gracias al hecho que hoy en día existe todavía en Irán el bezoar, la especie de cabra salvaje que dio origen a la cabra domesticada (ver imagen), se pudo determinar con bastante precisión mediante estudios genéticos dónde fue domesticada la cabra. Aunque ésta fue domesticada en varios lugares distintos (como vimos arriba, por lo menos seis [4]) en el actual Irán y la Media Luna Fértil [5], la gran mayoría de las cabras domésticas actuales provienen de una domesticación que ocurrió en Anatolia (sureste de Turquía). Una minoría de las cabras domésticas proviene de una domesticación, tal vez la primera, en el centro de Irán y las montañas del Zagros [6].

En el asentamiento de Aşıklı Höyük (Turquía central) ocurrió hace 10.450 años un cambio abrupto en la cantidad de excrementos y restos de orina de cabras y/u ovejas (y humanos, probablemente), lo que indica que se empezaron a criar estos animales en cautividad [7]. Una vez domesticada la cabra, los humanos se la llevaron por donde iban, y así la cabra se extendió por el mundo. Por ejemplo, hace ocho mil años la cabra doméstica ya había llegado al Cáucaso [8].

Los criadores de cabras crearon una variedad de razas. Muchas razas fueron seleccionadas por el color de su pelaje, pero también por ciertas características en términos de tamaño, fertilidad, y resistencia a ciertos tipos de alimentos [9].

La oveja fue domesticada casi al mismo tiempo que la cabra. Pero al parecer fue más fácil la domesticación de la oveja: estudios genéticos indican que se domesticaron muchos ejemplares, en unos sitios bastante distintos (principalmente en el Oriente Medio y Asia Central) [10]. Por esto, y debido a que probablemente hubo varios ancestros de la oveja doméstica (entre los cuales el muflón asiático) [11], es difícil determinar con mayor precisión el lugar y el momento de la domesticación. Lo que sí se pudo determinar, es que quienes domesticaron la oveja, seleccionaron preferencialmente aquellos ejemplares que tenían cuernos pequeños [12].

En el yacimiento arqueológico de Abu Hureyra, donde se excavó uno de los primeros asentamientos humanos, la domesticación de las cabras y después las ovejas empezó hace entre 9300 y 9000 años. Hace 8000 años, cuando la cantidad de animales salvajes disponibles para la caza al parecer había disminuido considerablemente, el pastoralismo ya estaba bien establecido, y habían sido domesticados el ganado y el cerdo también [13].

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La res

La res es el producto de la domesticación del uro (Bos primigenius). Se domesticó en dos áreas distintas: en la Media Luna Fértil se domesticó Bos Taurus, que no tiene joroba, y en la India Bos indicus, que sí la tiene. Las razas de reses actuales son mezclas de estas dos especies en proporciones distintas, con varios grados de hibridación (mezcla) con uros salvajes [14].

Los uros (ver imagen) eran animales grandes, poco dóciles, y con cuernos espantosos. Aunque eran comunes en Europa y Asia, el hecho que las reses actuales, tanto las europeas como las en el Medio Oriente, provengan de un solo lugar – en el actual Irán – donde fue domesticada, hace unos 10.500 años, una manada relativamente pequeña de unos ochenta ejemplares, hace pensar que la domesticación del uro no fue tan fácil [15]. Evidencias arqueológicas indican que, de hecho, la domesticación ocurrió por fases: antes de llegar a la fase de domesticación propiamente dicho, hubo una fase de control humano de ejemplares todavía, por lo menos parcialmente, salvajes [16].

Es de suponer que los primeros agricultores escogieron los ejemplares más mansos para poder controlarlos mejor. Una vez domesticada, la res se convirtió paulatinamente en un animal dócil, más pequeño, y – por lo menos en cuanto a la hembra se refiere – con cuernos miniaturizados. Cuando los agricultores salieron del Oriente Medio y se asentaron en Europa, se llevaron sus reses y, tal como nos indican los estudios genéticos, no dejaron que éstas se mezclaran con los uros europeos [17].

En África sí ocurrió mezcla entre la res domesticada, traída del Medio Oriente, y los uros salvajes locales. Esta res híbrida fue posteriormente llevada a la península ibérica, donde se mezcló con la res doméstica europea, lo que dejó un rastro genético que aún hoy en día se puede detectar [18]. Dentro de África, el pastoreo (de las reses, así como de la cabra y la oveja) se convirtió en la actividad agrícola más común, y fue sólo después de la implantación del pastoreo que se dio la cultura de las plantas. A lo largo de miles de años, los pastores migraron lentamente hacia el sur de África, donde llegaron hace unos dos mil años; se pensó que su avance fue limitado por la ocurrencia de enfermedades tales como la del sueño (cuyo vector es la mosca tse-tsé), que afectan de igual manera a los humanos y sus reses, pero es posible que factores socioculturales hayan sido más determinantes en la lentitud del avance del pastoreo [19].

Los lácteos

Los animales involucrados en el pastoreo no sólo aportaban a los humanos su carne, sus pieles y su trabajo: también les proporcionaban leche. La leche, sin embargo, no era digerible para la gran mayoría de los humanos adultos: tal como vimos en la entrada del 14 octubre 2017, sólo hace unos miles de años apareció, en los pueblos que se dedicaban al pastoreo o la ganadería, la capacidad de procesar la leche – mejor dicho, de procesar la lactosa, el principal azúcar en la leche. Pero nuestros ancestros descubrieron maneras de digerir los lácteos, aun sin poder procesar la lactosa. Esto fue posible gracias a la domesticación, inadvertida, de otro tipo de organismos: unos microbios.

Se trata de los fermentos (levaduras). La levadura de la cerveza, por ejemplo, empezó a ser utilizada para fermentar bebidas desde el inicio de la agricultura (ver la próxima entrada de este blog). En la leche apareció una levadura de la leche, Kluyveromyces lactis, que se nutre de la lactosa en la leche, convirtiendo la leche en una bebida fermentada (como el kéfir o yogur) o en queso. Esta microbio, que antes del inicio del pastoreo no era capaz de procesar la lactosa, adquirió esta capacidad, hace unos 6000 años, mediante una hibridación con otra levadura que sí procesaba la lactosa [20], y desde ese entonces los humanos la criaban, como cuajo, para convertir su leche en algún producto de mejor digestibilidad y conservación.

Recipientes de cerámica de hace 7200 años, hallados en Croacia, contienen restos de lácteos (ver imagen). Algunos de estos recipientes tienen perforaciones, y son interpretados como coladores de queso, que sirven para separar el queso cuajado del líquido [21]. Posibles coladores de esta misma época han sido encontrados en distintos lugares en el Cercano Oriente y Europa [22]. Puesto que, aparte de los niños, nuestros antepasados que usaban esta cerámica aun no tenían la capacidad de procesar la lactosa, se supone que los restos de lácteos en cuestión se refieren en buena parte a productos fermentados tales como el yogur y el queso, que casi no tienen lactosa. (Los restos de queso más antiguos conocidos se remontan al antiguo Egipto: se trata de un queso mezcla, elaborado con leche de vaca y de oveja o cabra  [23].)

Igualmente se ha encontrado proteínas de la leche en la placa dental de dientes de individuos que vivieron en el Neolítico, en las islas británicas. Puesto que en aquel entonces aun no se había desarrollado la tolerancia a la lactosa, se supone que los productos lácteos consumidos no eran leche sino lácteos procesados [24].

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El cerdo

El cerdo fue la última de las principales especies de ganado en ser domesticada. Mientras que la domesticación de la cabra y la oveja empezó hace más de 10.000 años, seguida por la de la res, los cerdos fueron domesticados, por lo menos en el Medio Oriente, hace 9000 años [25]. Esta domesticación ocurrió no sólo en el Oriente Medio, sino también en el sureste asiático: en la actual China y posiblemente otros lugares en el área, se domesticaron cerdos salvajes de manera independiente del Medio Oriente, y en aproximadamente el mismo período [26]. Mientras que en el Medio Oriente la domesticación del cerdo fue relativamente tardía, en la China el cerdo fue, después del perro, el primer animal en ser domesticado [27].

Tal como en el caso de la res, la domesticación del cerdo se caracterizó por un período prolongado de mezcla con cerdos salvajes mientras se dio la domesticación; o sea, la domesticación del cerdo no se dio en un aislamiento reproductivo [28].

En Europa también hubo cerdos salvajes que fueron domesticados, pero eso ocurrió mucho después y de otra manera: mediante una hibridación (mezcla) de estos cerdos salvajes con cerdos domésticos. El análisis genético de cerdos fósiles en Europa indica que los primeros cerdos domésticos en el continente provinieron del Cercano Oriente; al parecer, habían sido traído por los primeros agricultores que, probablemente procedentes de la actual Turquía, se asentaron en Europa hace unos 8000 años. Los cerdos traídos a Europa se mezclaron con los cerdos salvajes europeos; los cerdos híbridos resultantes deben haber tenido características que gustaron tanto a los agricultores europeos que pronto reemplazaron por completo al cerdo traído del Cercano Oriente. Inclusive, fueron llevados al Cercano y Medio Oriente, y los cerdos que hoy en día se encuentran en esa región tienen raíces casi puramente europeas, con muy pocos rastros genéticos de los cerdos medio-orientales originales [29].

El caballo y el burro

Hoy en día, sólo conocemos dos especies de caballo: el caballo doméstico, Equus caballus, y el caballo de Przewalski (un caballo salvaje de Asia Central, casi extinto, que probablemente se originó a partir de los primeros caballos domesticados; ver la imagen del encabezado de esta entrada [30]). Parece que hasta hace unos cuatro mil años hubo algunas especies más – una en la península ibérica, otra en Siberia –, pero ambas desaparecieron [31].

El caballo doméstico tiene sus raíces en la estepa euroasiática, que se extiende desde Hungría hasta Mongolia. Ha sido difícil determinar cuándo, y dónde exactamente, ocurrió la domesticación del caballo, ya que, a diferencia de por ejemplo el perro, la forma del caballo no cambió mucho cuando éste fue domesticado. Además, los arqueólogos no han encontrado las herramientas utilizadas al domesticar el caballo – riendas, bridas, boquillas, etc. –, presumiblemente porque eran todas hechas de cuero y por lo tanto se desintegraron rápidamente [32]. Sin embargo, arqueólogos encontraron varias líneas de evidencia que apuntan a la cultura Botai en el actual Kazajstán, hace unos 5500 años [33]. Estas evidencias incluyen (1) una diferencia en el tamaño del hueso metacarpiano entre los caballos domesticados en Kazajstán y sus ancestros salvajes en la zona, (2) la deformación de varios huesos, posiblemente por el uso de bridas, y (3) trazas de leche en cerámica de la época [34].

Los estudios genéticos inicialmente no lograron confirmar esto, ya que la existencia de hasta 18 grupos genéticos distintos del caballo doméstico pudiera ser interpretada como el resultado de múltiples domesticaciones en lugares distintos [35]. Pero posteriormente se pudo determinar que la domesticación del caballo ocurrió hace unos 5500-6000 años, en la actual Ucrania y el oeste de Kazajstán, y a lo largo del tiempo se añadieron a los rebaños de caballos domesticados yeguas salvajes, que aportaron sus propias características genéticas que resultaron en la gran diversidad genética de los caballos domésticos [36]. Sin embargo, los caballos de Botai parecen estar más relacionados al caballo de Przewalski que a los caballos occidentales, lo que sugiere que no fue en Botai que se domesticó el caballo occidental, sino en otro lugar de la estepa; además, se determinó que los pobladores de Botai pertenecían a una población genéticamente distinta a la de las estepas occidentales  [37].

Los estudios genéticos indicaron también que la domesticación del caballo se dio con miras a ciertos rasgos de comportamiento (incluyendo la mansedumbre, como es de suponer) y físicos (incluyendo la forma de las piernas y el color del pelaje). Pero también se presentó el así llamado “coste de la domesticación”: al haber inicialmente pocos ejemplares para cruzar entre sí, ocurrió un cierto grado de incesto en los caballos domesticados, con la entrada de variantes perjudiciales en el genoma equino [38].

La domesticación del caballo tuvo un impacto grande sobre el desarrollo sociocultural de Europa y Asia. Cuando los humanos empezaron a montar caballo, ocurrieron movimientos importantes de gentes de las estepas hacia Europa y distintas partes de Asia, que se llevaron – aparte de los caballos – su cultura y su idioma proto-indoeuropeo [39]. Sin embargo, todavía no queda claro cuándo exactamente se empezó a utilizar la leche de yegua: la primera leche que consumieron los pueblos de las estepas parece haber sido de vaca u otros rumiantes, mientras que sólo hace poco más de tres mil años se empezó a aprovechar la leche de yegua [40].

El caballo tal como lo conocemos hoy en día, es distinto al que los humanos criaron durante miles de años. Inicialmente, el caballo llegó a Europa, traído por los pueblos provenientes de las estepas al norte del Mar Negro, hace unos tres mil años [41]. Pero con la expansión musulmana, después del año 700, llegaron a Europa los caballos árabes y posteriormente los turcos, que se volvieron muy populares y terminaron de desplazar prácticamente todas las razas preexistentes, con la excepción de algunas poblaciones aisladas, tales como los caballos de Islandia [42].

El burro, Equus asinus, por su parte, fue domesticado en una zona completamente distinta: el noreste de África. Los restos más antiguos de lo que pueden ser considerados burros domesticados (por el desgaste de ciertos huesos, presumiblemente por haber estado transportando cargas pesadas) fueron encontrados en tumbas faraónicas en Abydos, Egipto, de hace 5000 años [43]. Los burros fueron, y todavía son, utilizados principalmente como animal de carga, y en África son a menudo las mujeres las encargadas de cuidarlos [44].

Son dos los candidatos de haber sido los ancestros del burro doméstico: el burro salvaje núbico y el somalí. Ambos todavía existen (pero al borde de la extinción) en el noreste africano[45]. Los estudios más recientes apuntan al núbico como el ancestro directo del burro doméstico [46].

El camello

El camello (o, mejor dicho, el dromedario, que es el camello con una joroba, típico del Medio Oriente) fue domesticado relativamente recientemente: hace poco más de tres mil años, en el sureste de la península arábica. Inicialmente, ocurrió mucha mezcla entre los dromedarios domesticados y sus primos salvajes, pero el dromedario salvaje desapareció dentro de mil años después de la domesticación. El dromedario, este “barco del desierto”, se extendió por el Oriente Medio y el norte de África, cruzando los desiertos en caravanas. Por tanto, ocurrió mucha mezcla de dromedarios de distintos orígenes, lo que resultó en una gran diversidad genética. Antes de la era cristiana, el dromedario ya se había vuelto común en Egipto y el Sinaí; y poco a poco, sin duda apoyado en la expansión musulmana, se extendió hacia el oeste y este de África. El uso principal del dromedario era para el transporte, pero en África oriental también se tenía mucho para su leche [47].

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La gallina

La gallina (y, obviamente, el gallo) son de los pocos animales de granja que no fueron domesticados en el Medio Oriente. Estudios paleontológicos indican que el ancestro de la gallina fue Gallus gallus bankiva, una especie de gallo silvestre que vive aun hoy día en el sureste asiático (ver imagen) [48]. La evidencia más antigua del consumo de la gallina data de hace diez mil años, en la China. Los huesos encontrados no permiten determinar si estas gallinas ya estaban domesticadas, pero sí quedó claro que genéticamente estaban relacionadas a las gallinas que hoy en día se consumen, o sea, es posible que provenían de la misma zona donde ocurrió la domesticación, y tal vez inclusive la misma población[49].

Sin embargo, en el sureste de Europa también se comía, hace ocho mil años, algún tipo de gallina domesticada [50]. Esto sugiere que, aunque la gallina doméstica actual provenga de Asia, también hubo domesticación de la gallina en otros lugares.

Genéticamente, las gallinas domesticadas se caracterizan por tener una variante de dos genes que permiten al animal reproducirse más frecuentemente de lo normal para las aves silvestres, y que además reducen la agresión y el miedo a los humanos [51].

Una vez domesticada, la dispersión de la gallina por el mundo fue rápida. Era fácil transportar gallinas y repetidamente las gallinas asiáticas fueron llevadas a otros continentes: hace unos tres mil años, al Pacífico; después, a Europa, y más recientemente, a las Américas [52]. En Europa, la gallina era conocida, pero poco utilizada, por los antiguos griegos y romanos; fue sólo durante la Edad Media que empezó a volverse común, posiblemente debido al hecho que se permitió su consumo durante la cuaresma, cuando no estaba permitido comer carne [53].

El conejo

La historia de la domesticación del conejo es distinta a la de los animales mencionados anteriormente. Desde hace muchos milenios los humanos estamos comiendo conejos, y se sabe que hubo una separación entre los conejos salvajes y los conejos domésticos que ocurrió hace 12.200-17.700 años, pero hasta hace trescientos años los conejos domésticos no se podían distinguir de los salvajes. Sólo en el siglo XVIII empezaron a aparecer distintas razas de conejos, en parte porque los conejos empezaron a ser tenidos como mascotas, en lugar de servir sólo como alimento [54].

Apicultura

Restos de cera de abejas han sido detectados en recipientes para cocinar de hace más de ocho mil años, encontrados en Turquía, y en muchos recipientes más jóvenes del mundo mediterráneo y europeo. Esto indica que, al poco tiempo después de la transición a la agricultura, nuestros ancestros ya estaban explotando a la abeja. Sin embargo, aun no sabemos cómo fue la relación de los humanos con las abejas en aquellos tiempos: si la cera (y la miel, presumiblemente) se recolectaron en colonias de abejas silvestres, o si ya se dio algún tipo de apicultura [55].

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Piscicultura

A diferencia de la abeja, en el caso de los peces, y en particular, la carpa, sí sabemos que ocurrió una domesticación temprana. En la China se empezaron a criar carpas desde hace unos ocho mil años, al parecer en los arrozales (ver imagen), que permanecen inundados durante buena parte del año (durante el resto del año, los peces que no habían sido pescados eran llevados a estanques para que se reprodujeran) [56].

Y, para terminar, el gato

La domesticación del gato (si de verdadera domesticación se puede hablar) ha sido un hecho poco probable. Los gatos salvajes no son exactamente animales fácilmente domesticables. Tal como vimos en la entrada del 24 diciembre 2019 sobre la domesticación de animales, los animales más domesticables son gregarios, herbívoros u omnívoros, y controlables, mientras que los felinos no lo son: son solitarios, no comen sino carne, y no se dejan comandar. Además, su utilidad para nuestros antepasados es cuestionable. Lo más probable es que los gatos entraron de manera oportunista en el ambiente humano aprovechando la gran cantidad de ratones que vivían en las granjas, y la ausencia de depredadores, y que nuestros antepasados los toleraron hasta tal punto que se convirtieran en miembro de la familia de animales de la granja, alejándose – tanto en conducta como genéticamente – de sus parientes salvajes [57].

Las primeras evidencias arqueológicas de la presencia de gatos en el entorno humano datan de hace unos 9000 años, en Jérico (en los actuales territorios palestinos) y en las islas de Creta y Chipre [58]. Imágenes en tumbas egipcias de hace 3600 años muestran cómo en aquel tiempo los gatos domésticos formaban parte de la familia (ver imagen), y en tumbas egipcias de hace 5700 años ya se encontraron huesos de gatos domésticos [59]. El análisis de la forma de los huesos y estudios genéticos indican que, de las cinco subespecies de gatos salvajes conocidas, sólo una, Felis silvestris lybica, que vive en el Medio Oriente y norte de África, ha dado origen al gato doméstico [60]. (En la China se dio una domesticación independiente de otro felino, el gato leopardo, pero los gatos chinos actuales son todos descendientes de Felis silvestris lybica [61].)

Los primeros agricultores llevaron sus gatos a donde se fueran, y así los gatos llegaron a distintas partes del mundo. Las razas actuales del gato se originaron relativamente recientemente: hasta la Edad Media, los gatos solían tener el pelaje con un patrón rayado, y sólo después aparecieron los gatos con pelajes mostrando diferentes patrones de manchas [62].

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Conclusión

La mayoría de los animales de granja y los que hoy en día nos acompañan en nuestros hogares, han sido domesticados en el Medio Oriente, hace unos 10.000 años, cuando empezó el auge de la agricultura. La domesticación de los animales iba de la mano de la de las especies vegetales – por lo menos, así fue en el Medio Oriente. En otras zonas y épocas, por ejemplo en las estepas del Asia Central de hace 6000 años, animales (en este caso el caballo) fueron domesticados por pueblos nómadas que no practicaban el cultivo. Algunas domesticaciones, tal como la de la oveja, parecen haber sido bastante fáciles, pero otras, por ejemplo la de la res (o, mejor dicho, del uro), seguramente no.

Todas las domesticaciones tienen en común ciertas características. Cabe destacar las siguientes:

  • La domesticación fue un proceso gradual, y durante mucho tiempo hubo mezcla entre ejemplares domesticados (o en vías de domesticación) y ejemplares salvajes.
  • Los humanos se llevaron a sus animales domésticos en sus andanzas por el mundo.
  • Hubo siempre peligro de incesto, puesto que a menudo las poblaciones de ejemplares domesticados, con las características deseadas, eran pequeñas (el coste de la domesticación).

Con las domesticaciones se puso en marcha una concatenación de cambios que – para bien o para mal – nos conducen a lo que hoy en día somos. Por tanto, vale la pena estudiar con cierto detalle este proceso de domesticaciones y de la transición a la agricultura. Cabe preguntarnos por qué se dio este proceso, y cuáles fueron sus consecuencias. También tendremos que detenernos a considerar la que posiblemente haya sido la domesticación más difícil de todas: la del hombre mismo.

De estos asuntos empezaremos a hablar en la próxima entrada.

 

Esta entrada es una versión actualizada de una entrada que publiqué en mi blog, ahora cerrado, “Los tiempos del cambio”.

Nota: la foto en el encabezado de la entrada muestra el takhi (el caballo de Przewalski), que fue reintroducido en Mongolia en 1992. Fuente: https://www.nomadicjourneys.com/takhi-re-introduction.

 

[1]    Zeder, M., 2011. The origins of agriculture in the Near East. Current Anthropology, 52 (S4), S221-S235. www.journals.uchicago.edu/CA.

[2]    Ver para una descripción de la metodología de los estudios genéticos: Larson, G., 2011. Genetics and domestication. Important questions for new answers. Current Anthropology, 52 (S4), S485-S495. www.journals.uchicago.edu/CA.

[3]    Zeder, M.A. y Hesse, B., 2000. The initial domestication of goats (Capra hircus) in the Zagros mountains 10,000 years ago. Science, 287 (5461), 2254-2257. https://science.sciencemag.org/content/287/5461/2254.

[4]    Naderi, S. y otros, 2007. Large-scale mitochondrial DNA analysis of the domestic goat reveals six haplogroups with high diversity. PLoS ONE, 2(10), e1012. www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0001012.

[5]    Daly, K.G. y otros, 2018. Ancient goat genomes reveal mosaic domestication in the Fertile Crescent. Science, 361 (6397), 85-88. https://science.sciencemag.org/content/361/6397/85.

[6]    Naderi, S. y otros, 2008. The goat domestication process inferred from large-scale mitochondrial DNA analysis of wild and domestic individuals. Proceedings of the National Academy of Sciences, 105 (46), 17659-17664. www.pnas.org.

[7]    Abell, J.T., Quade, J., Duru, G., Mentzer, S.M., Stiner, M.C., Uzdurum, M. y Özbaşaran, M., 2019. Urine salts elucidate Early Neolithic animal management at Aşıklı Höyük, Turkey. Science Advances, 5, eaaw0038. https://advances.sciencemag.org/content/advances/5/4/eaaw0038.full.pdf.

[8]    Kadowaki, S., Ohnishi, K., Arai, S., Guliyev, F. y Nishiaki, Y., 2017. Mitochondrial DNA analysis of ancient domestic goats in the southern Caucasus: A preliminary result from Neolithic settlements at Göytepe and Hacı Elamxanlı Tepe. International Journal of Osteoarchaeology, 27 (2), 245-260. https://doi.org/10.1002/oa.2534.

[9]    Daly y otros, 2018. Ver nota 5

[10] Zeder, 2011. Ver nota 1.

[11] Hiendleder, S., Kaupe, B., Wassmuth, R. y Janke, A., 2002. Molecular analysis of wild and domestic sheep questions current nomenclature and provides evidence for domestication from two different subspecies. Proceedings of the Royal Society B, 269, 893–904. www.rspb.royalsocietypublishing.org.

[12] Kijas, J.W. y otros, 2012. Genome-wide analysis of the world’s sheep breeds reveals high levels of historic mixture and strong recent selection. PLoS Biology, 10 (2): e1001258. www.plosbiology.org.

[13] Moore, A.M.T., Hillman, G.C. y Legge, A.J., 2000. Village on the Euphrates. From foraging to farming at Abu Hureyra. Oxford University Press. Pág. 461-478.

[14] Decker, J.E. y otros, 2014. Worldwide patterns of ancestry, divergence, and admixture in domesticated cattle. PLoS Genetics, 10 (3), e1004254. https://doi.org/10.1371/journal.pgen.1004254.

[15] Bollongino, R., Burger, J., Powell, A., Mashkour, M., Vigne, J.-D. y Thomas, M.G., 2012. Modern Taurine cattle descended from small number of Near-Eastern founders. Molecular Biology and Evolution,  doi:10.1093/molbev/mss092. Ver también: http://phys.org/news/2012-03-dna-cattle-small-herd-domesticated.html.

[16] Russell, N., Martin, L. y Buitenhuis, H., 2005. Cattle domestication at Çatalhöyük revisited. Current Anthropology, 46 (S5), S101-S108. www.jstor.org/stable/10.1086/497664.

[17] Edwards, C.J. y otros, 2007. Mitochondrial DNA analysis shows a Near Eastern Neolithic origin for domestic cattle and no indication of domestication of European aurochs. Proceedings of the Royal Society B, 274, 1377-1385. rspb.royalsocietypublishing.org.

[18] Decker y otros, 2014. Ver nota 14.

[19] Chritz, K.L., Marshall, F.B., Zagal, M.E., Kirera, F. y Cerling, T.E., 2015. Environments and trypanosomiasis risks for early herders in the later Holocene of the Lake Victoria basin, Kenya. Proceedings of the National Academy of Sciences, 112 (12), 3674-3679. www.pnas.org/content/112/12/3674.

[20] Varela, J.A., Puricelli, M., Ortiz-Merino, R.A., Giacomobono, R., Braun-Galleani, S., Wolfe, K.H. y Morrissey, J.P., 2019. Origin of lactose fermentation in Kluyveromyces lactis by interspecies transfer of a neofunctionalized gene cluster during domestication. Current Biology, 29, 4284-4290. https://doi.org/10.1016/j.cub.2019.10.044.

[21] McClure, S.B., Magill, C., Podrug, E., Moore, A.M.T., Harper, T.K., Culleton, B.J., Kennett, D.J. y Freeman, K.H., 2018. Fatty acid specific δ13C values reveal earliest Mediterranean cheese production 7,200 years ago. PLoS ONE, 13 (9), e0202807. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0202807.

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