El ocaso de los neandertales (3): Somos todos neandertales

Al final del post anterior nos preguntamos si los neandertales desaparecieron de verdad, si tal vez todavía había neandertales entre nosotros. No, no los hay, pero tampoco desaparecieron por completo. Dentro de nosotros – o por lo menos la mayoría de los humanos – queda un poco de neandertal. No me estoy refiriendo a cierta manera de pensar o actuar, sino a nuestro acervo genético.

La naturaleza humana es tal que a la gran mayoría de nosotros nos encanta tener pareja, aunque fuera por ratos. Cuando, al salir de África desde hace unos 120.000 años, los primeros humanos (Homo sapiens, nuestra especie) se encontraron con los neandertales, primero en el Medio Oriente y después en Europa, es posible que se haya dado episodios de enfrentamientos; pero podemos dar por seguro que hubo muchos más episodios de apareamiento entre estas dos especies hermanas. Estos apareamientos dieron origen a una hibridación (mezcla) entre las dos especies; y es acerca de esta mezcla que hablaremos en este último post de nuestra serie sobre los neandertales.

Homo sapiens con ancestros neandertal

La presencia de rasgos neandertales en algunos restos fósiles humanos, y de rasgos humanos en algunos fósiles neandertales, sugiere que hubo cierta mezcla entre los dos[1]. Sin embargo, recién empezados, alrededor del año 2000, los estudios genéticos comparativos del genoma humano y el neandertal no se encontró ninguna evidencia de mezcla entre humanos y neandertales. Esto se debe a que se estudió en aquel entonces sólo el ADN mitocondrial[2] (ADNmt). La principal parte del genoma, el ADN nuclear, aun se hallaba fuera del alcance de los estudios genéticos comparativos, por falta de datos acerca del ADN nuclear de los neandertales. En el ADNmt humano no se encontró rastro de las secuencias genéticas típicas del ADNmt neandertal. Por lo tanto, se consideró que prácticamente no hubo apareamiento entre humanos y neandertales, y que si hubo, resultó en una progenie estéril (lo que implicaría que los humanos y neandertales son especies distintas, incapaces de producir descendientes fértiles al cruzarse)[3].

Fue sólo cuando se publicó el genoma neandertal casi completo[4], que se pudo comprobar que todas las poblaciones humanas no africanas tienen una pequeña cantidad de material genético de origen neandertal, como consecuencia de cierta mezcla entre los Neandertales y los humanos[5]. El porcentaje exacto de material genético neandertal varía de persona a persona y de región a región; además, distintos estudios, utilizando métodos diferentes, llegaron a conclusiones ligeramente distintas. Inicialmente se estimó una contribución genética neandertal de 1-4 %[6], lo que posteriormente se refinó a 1,5-2 %[7]. Sin embargo, otro estudio reciente sugiere valores más altos: 3,4-7,3 %[8]. En poblaciones modernas tan remotas como las de las islas Melanesias en el Pacífico se encontraron en el genoma contribuciones significativas de los neandertales así como de su especie hermana, los denisovanos[9].

Cuando se encontraron por vez primera genes de los neandertales en el genoma humano, se barajaron dos hipótesis para explicar esto: la de una mezcla entre humanos y neandertales, y la de un origen común de los dos. Según esta segunda hipótesis, los genes que compartimos con los neandertales son, en realidad, genes provenientes del ancestro común entre las dos especies, que vivió hace unos 600.000 años[10]. Sin embargo, se descartó la segunda hipótesis al comparar los genomas predichos por las dos hipótesis con los genomas reales[11].

Pero, ¿cómo se puede reconciliar la presencia de material genético de origen neandertal en el ADN nuclear humano, con la ausencia completa de material genético neandertal en el ADN mitocondrial humano, así como su escasa presencia en el cromosoma Y (el que determina el sexo masculino)? La clave para resolver esta paradoja reside en el hecho de que el ADNmt se transmite únicamente por la línea femenina: sólo las madres pasan su ADNmt a sus descendientes. Es posible que los neandertales y los humanos ya eran suficientemente distintos genéticamente para que se dificultara la hibridación entre los dos, o sea, que el apareamiento entre neandertal y humano resultara en una progenie fértil. La ausencia de ADNmt neandertal en humanos modernos se explica si sólo el apareamiento de una hembra humana con un varón neandertal pudo resultar en descendientes fértiles; estos descendientes tendrían ADNmt humano, pero mucho material genético neandertal en el ADN nuclear[12].

Como analogía podemos considerar la mula: esta es el resultado de un cruce entre un asno macho y una yegua, nunca al revés. Además, la mula es siempre de sexo femenino (aunque infértil). En el caso de la hibridación entre neandertales y humanos pudiera haber pasado algo parecido; los híbridos pueden haber sido mayormente hembras, lo que ayudaría a explicar la poca presencia de material genético neandertal en el cromosoma Y humano (que determina el sexo masculino)[13]. Es probable que los híbridos tuvieran una fertilidad reducida, o sea pocos descendientes.

Un estudio genético del cromosoma Y de un individuo neandertal de El Sidrón (España) mostró que es distinto del cromosoma Y de los humanos actuales. Se calculó que el ancestro común de los dos linajes del cromosoma Y vivió hace 588.000 años, y se concluyó que no existe evidencia de apareamiento entre humanos y neandertales que haya resultado en hijos varones fértiles. Esta reducción en fertilidad masculina puede haber sido causada por los cambios genéticos, potencialmente dañinos, que se encontraron en algunos de los genes del cromosoma Y neandertal. Así que, aunque probablemente los neandertales y humanos se hayan apareado frecuentemente, no salieron muchos varones sanos de esto. Además, es probable que también muchos varones neandertales tenían una fertilidad reducida – lo que puede haber ayudado en la desaparición de los neandertales[14].

Aparte de, o adicionalmente a, esta explicación puramente biológica, es posible que por razones culturales y/o demográficas el apareamiento entre las dos especies se diera casi exclusivamente entre hembras humanas y neandertales machos, y que esto ocurriera raramente, por ejemplo porque las dos especies normalmente evitarían acercarse.

Las posibles barreras culturales y/o la reducida fertilidad de los descendientes híbridos resultaron en un cierto aislamiento reproductivo entre las dos especies. Esto explicaría en parte la poca cantidad de material genético neandertal en el acervo genético humano actual[15].

Así como hubo un flujo de material genético desde los neandertales hacia los humanos, es razonable suponer que haya habido también un flujo de genes en el sentido opuesto: de los humanos a los neandertales. Ha sido difícil corroborar esto: los procedimientos del análisis del material genético neandertal fueron diseñados de tal manera que se ignora cualquier posible contaminación. Por lo tanto, material genético de origen humano en el genoma neandertal suele ser ignorado por poder tratarse de contaminación ocurrida en el laboratorio[16]. Pero recientemente se encontró, en el material genético de un neandertal de Altai (del que volveremos a hablar en la siguiente sección), genes de origen humano[17].

Hibridación: evidencia arqueológica

¿Cuándo, y dónde, ocurrió la hibridación entre humanos y neandertales? La información que tenemos de los humanos modernos tiene sus limitaciones. Lo único que sabemos es que la hibridación debe haber ocurrido fuera de África, puesto que, tal como vimos arriba, los africanos actuales no llevan material genético de origen neandertal. Así que tenemos que utilizar la evidencia arqueológica para contestar nuestra pregunta.

Lo más probable es que la primera hibridación ocurrió en el Medio Oriente, donde se sabe que las dos especies se encontraron, antes de que los humanos empezaran a extenderse por los continentes. Este encuentro puede haber ocurrido desde alrededor de hace unos 100.000-120.000 años en el Levante mediterráneo, cuando los primeros humanos salieron de África, encaminándose hacia el Medio Oriente y otras partes de Asia (ver mi post del 10 octubre 2015). En Europa, los encuentros pueden haberse dado desde hace alrededor de 45.000 años, cuando, tal como se mencionó en los posts anteriores de esta serie, los humanos empezaron a colonizar este continente.

El neandertal de Altai (sur de Siberia), del que acabamos de hablar, vivió hace unos 100.000 años y ya tenía cierta cantidad de material genético humano. Esto indica una hibridación extremamente temprana, que debe haber ocurrido hace por lo menos 100.000 años, probablemente en el Levante (u otra parte del Oriente Medio), cuando los humanos empezaron a salir de África[18]. En el Levante vivían neandertales por esos tiempos, así que es posible que esta hibridación se dio en aquella área. Esto sería el primer caso conocido de hibridación entre neandertales y humanos.

En las orillas del río Irtysh en la Siberia occidental, cerca de la aldea de Ust’-Ishim, se encontró el fémur de un humano moderno, que pudo ser datado (utilizando el método de datación radiocarbónica) en 45.000 años antes del presente. Fue posible extraer el ADN del fémur, que resultó tener 2,3 % de genes provenientes de neandertales. Esta cantidad es parecida a la que tienen la mayoría de los humanos actuales. Sin embargo, los segmentos ininterrumpidos de origen neandertal en el ADN del humano de Ust’-Ishim son más largos que los de los humanos modernos, lo que permitió estimar que la hibridación sapiens-neandertal había ocurrido entre 7.000 y 13.000 años antes de que viviera el humano de Ust’-Ishim – o sea, unos 55.000 años antes del presente[19].

También en Rusia, al norte del Mar Negro en una localidad denominada Kostenki, en las orillas del río Don, se encontraron restos humanos entre los cuales destaca un cráneo en perfecto estado de conservación. Se pudo extraer material genético de un esqueleto, Kostenki 14, con una edad de entre 36.200 y 38.700 años. Este esqueleto corresponde al primer europeo conocido, puesto que sus genes son parecidos a los de las poblaciones europeas posteriores. El genoma de Kostenki 14 también tiene material de origen neandertal: aproximadamente 1% más de lo que tienen los humanos actuales, y en segmentos mucho más largos; basado en esta observación, se estima que la hibridación puede haber ocurrido hace aproximadamente 54.000 años[20].

Estos dos datos provenientes de la Rusia apuntan a una misma edad de hibridación entre los neandertales y los antepasados de los humanos que poblaron aquella región: hace alrededor de 55.000 años. Por aquel entonces, los humanos ya habían entrado en el Levante mediterráneo, el Medio Oriente y sur de Asia, pero aun no habían entrado en Europa (ver el mapa). Por lo tanto, es posible que este evento de hibridación haya ocurrido en el Levante también, al igual que la primera hibridación.

Después de estos primeros casos de mezcla se dieron muchos más, en distintos lugares. Veamos de cuáles casos tenemos conocimiento en Europa.

La mandíbula de un humano moderno de hace 37.000-42.000 años, encontrada en Peştera cu Oase (“la cueva con huesos”) en Rumania, proporcionó poco ADN, pero suficiente para determinar que este consistía por 6-9% de material genético de origen neandertal. Nunca antes se había medido un porcentaje de ADN neandertal tan alto en humanos, y además los segmentos de origen neandertal eran muy largos. Por lo tanto, se estima que el humano de Oase (un varón) tuvo un ancestro neandertal entre cuatro a seis generaciones atrás, o sea, tal vez 80-120 años antes de que naciera el individuo[21]. Esto muestra que también en Europa ocurrió apareamiento entre los humanos recién llegados y los neandertales. (Pero los alelos de este humano son distintos de los de los europeos actuales; es decir, el linaje del humano de Peştera cu Oase se extinguió, y otros grupos de humanos fueron los ancestros de los europeos modernos.)

Antes de que se realizara la investigación genética de la mandíbula de Peştera cu Oase, ya se había determinado que la mandíbula, así como un cráneo de la misma época, a pesar de pertenecer claramente a humanos, muestran ciertos rasgos indicativos de neandertales, sugiriendo una mezcla entre las dos especies[22].

En otra cueva rumana, Peştera Muierii, se encontraron restos de los esqueletos de dos individuos de hace alrededor de 35.000 años. No se obtuvo material genético de estos restos, pero su forma – son humanos, pero tienen ciertos rasgos indudablemente neandertal – es indicativa de hibridación entre neandertales y humanos. Por ejemplo, el cráneo muestra un moño occipital, o sea un bulto prominente en la parte posterior del cráneo, que es una característica de los neandertales[23].

Un cráneo humano, pero con rasgos neandertales, fue encontrado en la cueva de Mladeč (República Checa), además de dientes y huesos humanos, así como herramientas del Auriñacience, la primera cultura europea asociada con los humanos. Este hallazgo, con una edad de 36.000 años (corregida utilizando la más reciente calibración), apunta a una mezcla entre las dos especies[24].

También existen casos de restos de neandertales con rasgos humanos. En la cueva de Vindija, en Croacia, se hallaron restos fósiles de neandertales tardíos, con una edad de menos de 40.000 años, entre los cuales se encuentran los restos de un cráneo que, aun siendo neandertal, muestra rasgos humanos modernos, especialmente en la forma de la cara. Las herramientas líticas encontradas asociadas con estos restos fueron atribuidas tentativamente a la cultura Auriñaciense, la cual se considera típica de los humanos. Esta mezcla de neandertales con rasgos humanos, utilizando herramientas que se parecen a las humanas de aquella época, sugiere que hubo mezcla entre neandertales y humanos, tanto biológica como culturalmente, y que la mezcla no sólo implicó absorción de neandertales en una comunidad humana, sino también lo opuesto[25].

Algo parecido se dio en el caso de una mandíbula encontrada en Mezzena (Italia, cerca de Verona), con una edad de 30.000-40.000 años. Esta fue atribuida con bastante seguridad a un neandertal (además, se encontró acompañada por un conjunto de herramientas líticas de la cultura musteriense, característica de los neandertales), pero tiene algunos rasgos más parecidos a los de humanos modernos. Es posible que estos rasgos modernos se deban a una mezcla de los neandertales de Mezzena con humanos[26].

Pasando a la península ibérica: en la cueva de Pego do Diabo (Portugal) se determinó que la desaparición de los neandertales ocurrió alrededor de hace 37.000 años, o antes. Una implicación de esto es que los restos fósiles de un niño de hace 30.000 años, encontrados en la localidad también portuguesa de Lagar Velho y que muestran características neandertales tanto como humanas, apuntaría a la presencia prolongada (de por lo menos 7000 años, si las dataciones son correctas) de una población híbrida en la zona, resultado de apareamiento entre las dos especies[27].

Volviendo la mirada hacia el este lejano, vemos que hasta en la China se han observado indicios de hibridación con neandertales. En la localidad de Xujiayao (China nororiental) se encontraron los restos de un humano moderno identificado como Xujiayao 15, de edad indeterminada, cuyo laberinto del oído interno tiene la forma típica de los neandertales, no la humana. Posiblemente se trata de un vestigio de un lejano ancestro neandertal de este humano, que pudo haber vivido en algún lugar a lo largo de la ruta de migración de los humanos desde el Medio Oriente hacia la China[28].

Sin embargo, hay que tener cuidado a la hora de inferir una posible hibridación a partir de restos fósiles. En Cioclovina (Rumania) se encontró un cráneo humano de hace 29.000 años, cuya forma – un poco distinta a la humana – fue interpretada inicialmente como el resultado de hibridación con un neandertal. Sin embargo, un estudio craneométrico posterior demostró que este cráneo se ubica dentro de la variabilidad normal de los cráneos humanos, y que por lo tanto no es necesario atribuir su forma a hibridación[29].

Asimismo, en la sima (cueva) de las Palomas en Murcia (sur de España) se encontraron restos de neandertales, datados en 40.000-43.000 años, que muestran en la forma de la mandíbula y los dientes variaciones con respecto a las formas neandertales típicas. Esto se pudiera atribuir a una mezcla con los primeros humanos en llegar a la zona. Pero, puesto que una llegada tan temprana de humanos a la parte sur de la península ibérica no ha sido reportada, es más probable que se trata de un grupo aislado de neandertales cuya evolución fue distinta a la de los demás neandertales[30].

Hibridación: dónde, cuándo

Los restos fósiles reseñados arriba apuntan a múltiples eventos de hibridación entre humanos y neandertales. Esto es consistente con los estudios genéticos: según un estudio publicado recientemente pudieron haberse dado por lo menos dos eventos que dejaron sus huellas en los genes de los europeos y asiáticos actuales, antes de que se separaran los humanos que iban a colonizar Europa de los que se asentarían en Asia oriental. Otro evento de hibridación puede haber ocurrido más tarde, en algún lugar de Asia, afectando sólo a los asiáticos[31].

Tal vez sea mera coincidencia, pero la evidencia de la que disponemos ahora apunta a dos eventos de hibridación antes de que los humanos entraran en Europa: uno ocurrido hace unos 100.000 años, y otro hace 55.000 (ver arriba). No podemos determinar con seguridad dónde se dieron estas hibridaciones, pero al revisar dónde pudo haber habido contacto entre neandertales y humanos en aquella época, el candidato más obvio es el Levante mediterráneo. Hasta hace unos 50.000 años, esa área fue predio de los neandertales, pero desde hace tal vez 120.000 años los humanos empezaron a pasar por esas tierras, aunque en lugar de asentarse allí, tomaron camino hacia otras partes del Medio Oriente y el sur de Asia. De hecho, el cráneo humano más viejo encontrado hasta la fecha en el Levante, encontrado en la cueva de Manot en el actual Israel, data de hace 55.000 años[32]. Ya que en aquella época todavía vivían los neandertales en la zona, es posible que hubo mezcla entre las dos poblaciones en esos tiempos, y que los humanos que posteriormente salieron del Levante hacia Eurasia hayan llevado en sus genes los rastros de estas mezclas con los neandertales.

Un estudio genético en el que se comparó el material genético de los humanos actuales con el de fósiles de neandertales, arrojó una edad de entre 37.000 y 86.000 años para el último intercambio de genes entre las dos especies[33]. O sea, los eventos de hibridación mencionados arriba coinciden en edad con los resultados del estudio genético.

La herencia genética de los neandertales

Las leyes de la selección natural, que rigen buena parte de la evolución de las especies, dictan que para que una cierta versión (alelo) de un gen se pueda mantener dentro del acervo genético de una especie, este alelo debe tener alguna utilidad – o por lo menos, que no sea dañino. (Un alelo se considera ventajoso si aumenta la probabilidad que el individuo que lo tiene tenga descendientes, y negativo si la reduce.) Si hoy día tenemos en nuestro material genético algunos genes con un origen neandertal, se supone que alguna utilidad deben de tener.

Entre los genes provenientes de los Neandertales se encuentran los siguientes:

  • Genes relacionados a los receptores de estrógeno, al olfato, a la integridad del esperma, y a la respuesta inmunológica[34]. Muchos de nuestros genes que controlan la respuesta inmunológica del cuerpo, provienen de especies arcaicas: no sólo los neandertales, sino también los denisovanos. Se supone que la utilidad de estos genes estriba en que confirieron a los humanos, recién salidos de África, una mayor protección contra las enfermedades típicas de Eurasia[35].
  • Los europeos deben a los neandertales varios genes que ayudan en el metabolismo de lípidos (grasas). Al parecer, estos genes les proporcionaron una ventaja competitiva[36].
  • El haplogrupo (grupo de alelos) D del gen MCPH1 (microcefalina), que controla el crecimiento del cerebro y como tal es uno de los genes responsables del cerebro grande típico de nuestra especie, apareció hace aproximadamente 1,1 millones de años en una especie de Homo arcaico, y entró en el genoma humano hace unos 37.000 años, probablemente proveniente del genoma neandertal[37].
  • En el cromosoma 3 hay una región con 18 genes de origen neandertal, algunos de los cuales están asociados a la adaptación del cuerpo a la irradiación de rayos ultravioleta. Estos genes se encuentran mayormente entre los habitantes del este de Asia, lo que indica que, tal como se asomó arriba, los Neandertales dejaron su huella genética no sólo en los habitantes del oeste de Eurasia[38].

Estos genes (o mejor dicho, alelos de genes), provenientes de los neandertales, al parecer fueron de utilidad para los humanos, de manera que se quedaron incorporados en nuestro genoma. Pero los neandertales también nos dejaron alelos de genes cuya utilidad es más discutible. El fortalecimiento de nuestro sistema inmunológico fue acompañado por un aumento de las alergias[39]. Además, parece que ciertas variantes de genes, que aumentan el riesgo de enfermedades como lupus, cirrosis biliar y diabetes tipo 2, provienen de los neandertales[40]. Los neandertales también nos dejaron predisposiciones para una variedad de enfermedades: por ejemplo, depresión, adicción (al tabaco, entre otras), lesiones de la piel, trombos arteriales, y problemas en el tracto urinario y el digestivo[41].

Es más: en distintas regiones del genoma humano hay una clara reducción o inclusive ausencia de material genético proveniente de los neandertales. En el cromosoma X (que ayuda a determinar el sexo del individuo, ya que si está emparejado con otro cromosoma X el individuo es hembra, mientras que la combinación de X con un cromosoma Y da origen a un varón) hay un segmento de origen neandertal[42]. Pero por lo general, el cromosoma X tiene muy pocos segmentos neandertal, y lo mismo ocurre en la línea germinal masculina. Esto sugiere una selección negativa (la eliminación de mutaciones dañinas, de una generación a otra), en contra de la introducción de segmentos neandertal en estas dos regiones del genoma. Al parecer los descendientes del apareamiento entre un individuo con alto contenido de segmentos neandertal y otro, principalmente con segmentos de origen humano, tenían una fertilidad reducida, de manera que la cantidad de segmentos neandertal se redujera rápidamente en esas dos regiones del genoma[43].

En general, parece que el legado genético que nos dejaron los neandertales no fue tan beneficioso para nuestra especie. Defectos genéticos en los neandertales, causados por miles de años de endogamia debido al tamaño reducido de sus poblaciones, fueron pasados a los humanos a través de los eventos de hibridación. Se piensa que los defectos genéticos no fueron tan dañinos para los neandertales (aunque parece que resultaron en una importante reducción de la fertilidad), pero es posible que sí lo fueron – por lo menos inicialmente – para los descendientes híbridos dentro de la población humana. Con el tiempo se redujo, mediante selección negativa, la cantidad de material genético neandertal en el genoma humano, especialmente cerca de genes expresados (activos)[44].

Conclusión

En cierto sentido somos todos neandertales. Los neandertales nunca desaparecieron por completo: la mayoría de los humanos actuales llevamos un trozo de ellos en nuestro material genético, fruto de la hibridación (apareamiento) entre neandertales y humanos. Debido a incompatibilidades entre las dos especies, sólo el apareamiento de una hembra humana con un varón neandertal pudo resultar en descendientes más o menos fértiles.

La hibridación ocurrió en múltiples eventos, empezando hace más de 100.000 años, en algún lugar del Medio Oriente (probablemente el Levante mediterráneo). Posteriormente ocurrió también en Europa y Asia.

Algunos de los genes que heredamos de los neandertales resultaron ser beneficiosos (por ejemplo, fortaleciendo nuestro sistema inmunológico), otros menos. Inclusive hay evidencia de selección negativa: la eliminación, por selección natural, de mutaciones dañinas provenientes de los neandertales. Especialmente en el cromosoma Y, que controla el sexo masculino, hay poco material genético de origen neandertal.

En el post anterior se habló de las posibles causas de la desaparición de los neandertales. Entre estas se encontró el deterioro genético que pudieron haber sufrido debido a la endogamia causada por el tamaño reducido de sus poblaciones. En este post vimos que uno de los factores detrás de este “deterioro genético” puede haber sido una reducción de la fertilidad de los varones neandertales, resultando en una reducción de la población neandertal a la vez que la población humana aumentaba, hasta que superara con creces la población neandertal y la hiciera desaparecer, en parte absorbida por los humanos, y en parte apagándose en algunos refugios remotos.

 

Epílogo: la lección de los neandertales

Con este post concluye la serie acerca de los neandertales, estos primos de nuestra especie, ahora desaparecidos. Juzgando los últimos posts, se pudiera pensar que el blog se centra en la paleoantropología, la rama de ciencia que estudia los precursores de nuestra especie, Homo sapiens. Pero no es así: hay buenos blogs que se dedican a la paleoantropología, tanto en inglés como en castellano, y lo que nos interesa en el presente blog es más bien el concepto del cambio. Trajimos a colación en este blog a los neandertales por proporcionarnos un ejemplo de cómo reaccionar – o no – ante el cambio.

Los neandertales y los dinosaurios tienen algo en común: ambos desaparecieron de la faz de la tierra, y de manera bastante llamativa. Fueron reemplazados por especies tal vez más ágiles, que se convirtieron en dueños del planeta: en el caso de los dinosaurios, los mamíferos; y en el de los neandertales, los humanos modernos. En alguna oportunidad futura hablaremos de los dinosaurios. Veamos en este momento qué es lo que nos cuenta el ocaso de los neandertales acerca de la aproximación al cambio.

Según el paradigma original, los neandertales sucumbieron ante los humanos, cuando éstos empezaron a colonizar los predios de los neandertales. En esta visión, perecieron porque los humanos eran más inteligentes y mejor organizados, tenían mejores herramientas y sabían hablar.

Si nos ceñimos a este paradigma, el asunto es sencillo: si una persona u organización tiene que encarar la llegada de competidores, tiene que adaptarse, modernizarse, ponerse al día, para evitar la suerte de los neandertales y desaparecer. Quien no se adapta, perece, a no ser que logre escapar fuera del alcance del competidor. En realidad, nada de sorprendente: es la ley de la selección natural, llevada al entorno de la sociedad humana.

El paradigma nuevo, sin embargo, ya no es tan simple. La superioridad de los humanos no era tanto en inteligencia, cultura o tecnología, sino en números e integridad genética. Los neandertales no desaparecieron por completo, sino que se mezclaron con los humanos, quienes hasta el día de hoy llevan en su material genético algo de los neandertales.

Esto sugiere otra táctica posible, al ser confrontado con un competidor más fuerte que uno mismo: aliarse con el competidor, unirse a éste, adoptar su cultura. Es una táctica de asimilación en lugar de confrontación. Así como los neandertales, asimilándose a los humanos, les pasaron genes útiles, y probablemente unos cuantos trucos para sobrevivir en el clima frío y el entorno eurasiático, así también pueden actuar aquellos se ven confrontados por un competidor: aparentemente cediendo, para mantenerse y dejar, de una manera u otra, algo de sí para la posteridad. Es lo que en inglés se llama la estrategia de if you can’t beat them, join them (si no los puedes vencer, únete a ellos).

En la historia encontramos varios ejemplos de esto: grupos sociales o religiosos, o pueblos enteros, acorralados por otros, que intentaron destruirlos pero sin éxito; empresas cuyos productos se quedaron obsoletos ante la llegada de una nueva generación de artefactos, pero que lograron transformarse uniéndose a la nueva ola; personas que se encontraron en un callejón sin salida, que se reinventaron abriéndose a nuevos horizontes; etcétera.

Así que el mensaje de los neandertales pudiera ser uno de cierto optimismo: no se sobrevive sólo defendiéndose luchando, sino también abriéndose a las nuevas oportunidades. Así como los neandertales, que no desaparecieron del todo: se unieron a los humanos y todavía viven dentro de nosotros.

 

Nota: la foto en el encabezado del post representa el encuentro entre un neandertal y el hombre de Cro-Magnon (un humano). Fuente: https://www.pinterest.com/pin/365636063469519281/.

 

[1]    Trinkaus, E., 2007. European early modern humans and the fate of the Neandertals. Proceedings National Academy of Sciences, 104 (18), 7367-7372. http://intl.pnas.org/content/104/18/7367.full.pdf.

[2]    Las mitocondrias son orgánulos celulares que tienen su propio material genético. Este se denomina ADNmt, para diferenciarlo de la mayor parte del material genético celular, que reside en el núcleo de la célula (ADN nuclear). El ADNmt se transmite a los descendientes por la línea materna, ya que en el proceso de la reproducción sexual las mitocondrias se encuentran en los óvulos, mas no en los espermatozoides.

[3]    Caramelli, D. y otros, 2003. Evidence for a genetic discontinuity between Neandertals and 24,000-year-old anatomically modern humans. Proceedings National Academy of Sciences, 100 (11), 6593-6597. www.pnas.org. Serre, D. y otros, 2004. No evidence of Neandertal mtDNA contribution to early modern humans. PLoS Biology, 2 (3), 0313-0317. www.plosbiology.org/article/fetchObject.action?uri=info:doi/10.1371/journal.pbio.0020057. Currat, M. y Excoffier, L., 2004. Modern humans did not admix wi. http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0047248415002092th Neanderthals during their range expansion into Europe. PLoS Biology, 2 (12), e421. http://journals.plos.org/plosbiology/article?id=10.1371/journal.pbio.0020421. Cooper, A., Drummond, A.J. y Willerslev, E., 2004. Ancient DNA: Would the real Neandertal please stand up? Current Biology, 14, R431-433. www.cell.com/current-biology/abstract/S0960-9822(04)00364-1. Weaver, T.D. y Roseman, C.C., 2005. Ancient DNA, late Neandertal survival, and modern-human-Neandertal genetic admixture. Current Anthropology, 46 (4), 677-683. www.jstor.org/stable/10.1086/432776. Hodgson, J.A. y Disotell, T.R., 2008. No evidence of a Neanderthal contribution to modern human diversity. Genome Biology, 9, 206. www.genomebiology.com/content/pdf/gb-2008-9-2-206.pdf.

[4]    Green, R.E. y otros, 2010. A draft sequence of the Neandertal genome. Science, 328, 710-722. www.sciencemag.org/content/328/5979/710.full.pdf.

[5]    Pääbo, S., 2014. The human condition – A molecular approach. Cell, 157, 216-226. www.sciencedirect.com/science/article/pii/S009286741301605X.

[6]    Green y otros, 2010. Ver nota 4.

[7]    Prüfer, K. y otros, 2014. The complete genome sequence of a Neanderthal from the Altai Mountains. Nature, 505, 43-49. www.nature.com/nature/journal/v505/n7481/full/nature12886.html.

[8]    Lohse, K. y Frantz, L.A.F., 2014. Neandertal admixture in Eurasia confirmed by maximum-likelihood analysis of three genomes. Genetics, 196 (4), 1241-1251. www.genetics.org/content/196/4/1241.

[9]    Vernot, B. y otros, 2016. Excavating Neandertal and Denisovan DNA from the genomes of Melanesian individuals. Science, 352 (6282), 235-239. http://science.sciencemag.org/content/sci/352/6282/235.full.pdf.

[10]  Mendez, F.L., Poznik, G.D., Castellano, S. y Bustamante, C.D., 2016. The divergence of Neandertal and modern human Y chromosomes.  American Journal of Human Genetics, 98, 728-734. www.cell.com/ajhg/pdf/S0002-9297(16)30033-7.pdf.

[11]  Lohse y Frantz, 2014. Ver nota 8.

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2 comentarios en “El ocaso de los neandertales (3): Somos todos neandertales

  1. APRECIADO AMIGO PIETER : MIL GRACIAS POR EL ENVIO DE TU BRILLANTE INVESTIGACION SOBRE EL OCASO DE LOS NEANDERTALES..SIN TENER PROFUNDOS CONCIMIENTOS SOBRE LA MATERIA, CONSIDERO QUE SE TRATA DE UN APORTE SIGNIFICATIVO A LOS FINES DE ACLARAR LO SUCEDIDO EN ALGUNOS APARENTES DESVIOS DE LA EVOLUCION DE LA MATERIA A NIVEL ZOOLOGICO-ANTROPOLOGICO,QUE NOS CONDUJERON HASTA DONDE HEMOS LLEGADO Y ELLO ES FUNDAMENTAL PARA RECONSTRUIR UNA PROSPECTIVA FENOMENICA DEL SENTIDO ASCENDENTE Y TRASCENDENTE DE TODA LA EVOLUCION,QUE ENCIERRA LA TRAMA DEL UNIVERSO.

    !GRACIAS POR TU ENVIO Y FELICITACIONES POR TUS INTERESANTES TRABAJOS DE INVESTIGACION CIENTIFICA EN ESTE NIVEL CONCRETO DE LA EVOLUCION,QUE LA PERSPECTIVA DE LA FE, LO CONDUCE AL PUNTO OMEGA.!CON UN FUERTE ABARZO DE AMIGO PARA TI Y ESPERANZA.

    VICENTE DE JESUS MUJICA AMADOR.

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    • Estimado Vicente,
      Gracias por tus palabras! Gracias también por recordar a Teilhard de Chardin, quien por cierto durante su estadía en la China estuvo involucrado en el hallazgo del “hombre de Pekín”, un Homo erectus, precursor de nuestra especie así como de los neandertales.

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