El éxito humano (4): El comportamiento moderno

¿Quién no ha visto alguna vez una imagen de las pinturas rupestres hechas en tiempos prehistóricos por nuestros antepasados, en las cuevas de Altamira en el norte de España, o las de Lascaux o Chauvet en Francia? Aun aplicando criterios actuales, estas pinturas se pueden considerar verdaderas obras de arte, comparables con (algunos dirían, inclusive, mejores que) nuestro arte contemporáneo. Las pinturas obviamente no fueron pensadas como arte en nuestro sentido de la palabra: sin duda cumplieron alguna función cuya naturaleza sólo podemos intuir. Pero no por eso dejan de ser fascinantes.

También son fascinantes estas pinturas por lo que nos cuentan acerca de la evolución de nuestra especie, Homo sapiens. Tal como comentamos en los últimos posts, la raza humana es, sin lugar a dudas, una de las especies animales más exitosas que habitan la tierra. Pero lo hemos logrado después de nacer en humilde cuna. Esta serie de posts está dedicada a esta transformación. En el post anterior hablamos de una de las herramientas que nos han permitido alcanzar el éxito: el lenguaje. Consideremos ahora un acompañante del lenguaje: el desarrollo mental. Nos referiremos al desarrollo mental (en términos científicos: desarrollo cognitivo) utilizando el término “pensamiento moderno”, o “comportamiento moderno”.

No es fácil dar una definición de la modernidad humana, especialmente tomando en cuenta que debe ser útil para los arqueólogos, quienes sólo cuentan con los restos humanos hallados (huesos y objetos)  para determinar cuál fue el desarrollo de nuestros antepasados. La modernidad humana, o sea un comportamiento y pensamiento igual al nuestro, está siendo definida hoy día en términos del pensamiento simbólico. La mayoría de investigadores concuerda que una de las principales características de la modernidad humana es la capacidad de almacenar información fuera del cuerpo humano, mediante un sistema de comunicación basado en símbolos[i]. El lenguaje es obviamente el sistema de comunicación más importante, y las palabras son los símbolos. Pero también  son formas de comunicación mediante símbolos las pinturas rupestres que nuestros antepasados hicieron en algunas de sus cuevas, los adornos que se colocaron, los objetos de arte que elaboraron, etcétera.

El comportamiento humano moderno es lo que hace la diferencia entre nosotros, humanos con una capacidad mental considerable (aunque hay quienes sostienen que no estamos demostrando tenerla), y nuestros primos lejanos en términos de evolución, los simios. En algún momento nuestros antepasados empezaron a pensar y comportarse de una manera nueva, más como nosotros. Se considera que los primeros miembros de nuestro género, Homo, y  los Australopithecus que los precedieron, no eran modernos en este sentido. Esta diferencia tiene algo que ver con el tamaño del cerebro, que ha ido aumentando en el tiempo. Pero el cambio más marcado se dio cuando aparecieron las pinturas rupestres encontradas en Europa, así como los ornamentos personales, estatuillas, etcétera, a los cuales ya hicimos referencia. Este salto, que en algún momento se denominó la Revolución Paleolítica, ocurrió cuando ya había aparecido nuestra especie, Homo sapiens (apareció hace unos 200.000 años – ver mis posts anteriores), y no estuvo acompañado de cambios en la capacidad cerebral de los humanos. Entonces, ¿qué pasó? ¿En qué exactamente consiste este comportamiento humano moderno? ¿Qué es, cómo se reconoce, cómo apareció, cómo nos benefició? De todo esto hablaremos en este post.

Vamos a ver muchas referencias a edades y lugares en este post. Veremos que a menudo se hará mención de edades de entre 60.000 y 80.000 años; y de lo que hoy día es Sudáfrica. Al final de este post volveremos a hablar del por qué de esas edades, y de aquel lugar.

El amanecer de los símbolos

El gran salto a la modernidad se dio con la invención de sistemas de almacenamiento externo de información. El mejor ejemplo de esto es obviamente el lenguaje, en el cual cada palabra es un símbolo que representa algún concepto; lo que implica que el desarrollo del lenguaje, del que hablamos en el post anterior, y la aparición del uso de símbolos probablemente han ido de la mano.

La aparición de los símbolos también está reflejada en las primeras pinturas rupestres, grabados, y figurinas talladas. Estos, así como los adornos personales, son símbolos que sirvieron para comunicar conceptos a otros, posiblemente incluyendo – en el caso de las pinturas rupestres – la intención de comunicarlos a futuras generaciones o entidades supernaturales.

Para nosotros, los humanos del siglo XXI, es imposible determinar con seguridad cómo ocurrió el cambio al pensamiento simbólico, y cuándo. Sólo podemos hacer deducciones a partir de los restos tangibles que han llegado a nosotros de aquellos tiempos: los objetos utilitarios y de arte, pinturas rupestres, ornamentos personales… Suponemos que el inicio de su elaboración corresponde con el cambio mental de nuestros antepasados, o sea con el salto al pensamiento y comportamiento moderno.

¿Revolución Paleolítica?

En Europa se ha identificado un cambio importante en la prehistoria humana, ocurrido hace unos 40.000 años. Después de ese cambio, nuestros antepasados pintaron paredes en cuevas, y elaboraban estatuillas, instrumentos musicales, sofisticadas herramientas de piedra (y otros materiales), y adornos personales. Antes de ese cambio, nada de esto; los humanos eran distintos – neandertales, “hermanos” de nuestra misma especie – que prácticamente no elaboraban arte ni adornos, y cuyas herramientas eran más sencillas.

En términos arqueológicos, la época justo antes del cambio se llama, en Europa, el Paleolítico Medio (Paleolítico = la antigua edad de la piedra), mientras que la edad justo después se llama el Paleolítico Superior. En cuanto al cambio mismo se refiere: algunos lo denominan la Revolución Paleolítica.

Pero, ¿fue de verdad una revolución? Da que pensar el hecho de que el cambio se dio justo cuando una nueva especie de humanos colonizó Europa. ¿Es que tal vez Homo sapiens haya llegado a Europa trayendo sus conocimientos y capacidades avanzados?  Mirando los restos arqueológicos encontrados en África, parece que probablemente fue así, y que el cambio que en Europa parece haber sido abrupto, en la realidad ocurrió en África, de manera más bien gradual, empezando en tiempos más remotos.

¿Cómo podemos reconocer el pensamiento y comportamiento moderno?

Así que el pensamiento moderno parece haber aparecido en África antes que Europa, y probablemente de forma más gradual. ¿Qué ocurrió? Para poder decir algo más preciso acerca de esto, lo que tenemos son restos arqueológicos. Por lo tanto es conveniente aclarar primero cuáles son los tipos de restos arqueológicos que podemos utilizar como evidencia para este proceso del cambio cognitivo.

Herramientas

En cuanto a las herramientas de nuestros antepasados se refiere: hace alrededor de 75.000 años aparecieron en África unas tecnologías nuevas, que permitieron elaborar herramientas más refinadas y eficaces.

En primer lugar, hay que mencionar los microlitos: lascas finas de roca, del tamaño de una uña o algo mayor. Estos microlitos se obtenían por la técnica Levallois, que consiste en sacarle trozos finos de piedra (las lascas) a una roca apropiada mediante percusión, permitiendo controlar mejor que con la tecnología anterior la forma y el tamaño de las lascas[ii]. Tal como veremos a continuación, los microlitos son, por su forma y tamaño, muy aptos para ser pegados a mangos de madera u otro material, por ejemplo para la elaboración de flechas. Los microlitos más viejos encontrados a la fecha, en una cueva en Pinnacle Point (Sudáfrica), tienen unos 71.000 años. Se han encontrado pocos microlitos con una edad comprendida entre hace 40.000 y 60.000 años, pero esto se puede deber a una falta de yacimientos arqueológicos de esa época[iii].

En segundo lugar, se desarrolló, también en Sudáfrica, la pirotecnología, que consiste en colocar piedras silíceas en brasa caliente hasta que cambie de color a rojizo y se vuelva más quebradizo. Así es más fácil sacarle lascas a la piedra, y además salen más lascas, y de mejor calidad. Hace 72.000 años se utilizaba esta técnica con frecuencia en cuevas en el área de Pinnacle Point, y en la cueva de Blombos hace 75.000 años (antes de ese entonces se utilizó esporádicamente, desde hace 164.000 años)[iv]. Muchos microlitos fueron elaborados mediante esta técnica.

Una tecnología que se desarrolló después, cuando los humanos ya habían salido de África, es la de afilar los bordes cortantes de las lascas de piedra utilizando arena. Esta tecnología apareció por primera vez en Australia, hace 35.000 años (o sea, poco tiempo después de la llegada de nuestra especie a ese continente)[v].

Aparte de los adelantos tecnológicos mencionados, también hubo un cambio en los materiales utilizados. Mientras que en el Paleolítico Temprano el material duradero que se trabajó era la piedra, el Paleolítico Superior ve la aparición del uso de otros materiales duraderos también: los huesos y, en Australia[vi], conchas. Antes se pensaba que nuestros antepasados empezaron a trabajar los huesos sólo hace unos 40.000 años, pero ahora se sabe que empezaron antes. En la cueva de Blombos se encontraron 28 piezas, entre puntas de proyectiles y punzones, elaboradas de hueso, con una edad de 70.000 años[vii]. De hueso es también el primer arpón conocido; data de hace 80.000 años y fue hallado en Katanda, en el Congo[viii].

Estos progresos tecnológicos son llamativos, pero hay que tomar en cuenta que, tal como se ha expuesto arriba, no necesariamente reflejan un salto en la capacidad mental de nuestros antepasados. En este sentido, cabe destacar que en la cueva de Qesem (Israel) se encontraron miles de lascas de sílex, una roca silícea, parecidos a los microlitos, pero con una edad mucho mayor: de entre 200.000 y 400.000 años. La gran cantidad de lascas y su uniformidad hacen pensar que la producción de las lascas fue sistemática, como en un taller[ix]. Por su edad, se deduce que no fue nuestra especie que elaboró las lascas, sino una más vieja – tal vez los neandertales. O sea, antes de la invención de los microlitos en Sudáfrica ya se elaboraban objetos parecidos a los microlitos, en lugares distintos y, al parecer, sólo en ciertas épocas. No necesariamente son el reflejo de una capacidad cognitiva considerable.

El arco y flechas

Una herramienta cuya elaboración requiere de una capacidad mental avanzada, es el arco y flechas. Se necesitan distintas materias primas y herramientas, pegamentos y ligamentos. Sólo para hacer el arco se requieren cinco fases, y varias más para las flechas. Quienes inventaron el arco y flechas tuvieron que visualizar esa solución para el problema de cómo arrojar proyectiles más lejos, con más fuerza, y con más precisión; formarse una idea de cómo elaborar la herramienta; obtener los materiales necesarios; y construirla. O sea, tuvieron un pensamiento, si no moderno, por lo menos muy avanzado[x].

Desafortunadamente, los arcos y flechas se elaboraban de materiales orgánicos, que no se conservaron. Lo único que se conservó, son las puntas de las flechas, ya que eran de piedra. Para saber cuándo nuestros ancestros empezaron a utilizar el arco y flechas, hay que identificar cuáles son las puntas de las flechas más antiguas. Los candidatos más obvios para esto son microlitos de forma aproximadamente triangular. Se ha confirmado mediante experimentos que estas lascas triangulares, por su forma y tamaño pequeño, sirven bien como puntas de flechas[xi].

Las lascas más antiguas que probablemente fueron utilizadas como puntas de flechas, y no para otros fines, datan de hace 64.000 años. Se encontraron en Sudáfrica, en la cueva de Sibudu, y son de cuarzo. Un análisis microscópico y químico de las superficies de estas lascas le encontró en las puntas rasgos de impactos y restos de material orgánico de origen animal y de sangre, mientras que en el lado opuesto se observaron trazas de pegamento, utilizado para pegar las punta a la flechas. No se encontraron indicios de otros usos de estas puntas, por ejemplo para cortar o deshuesar. Por lo tanto, se considera que estas lascas se utilizaron probablemente como puntas de flechas, lo que implicaría que hace 64.000 años nuestros antepasados eran lo suficientemente avanzados no sólo tecnológicamente sino también desde el punto de vista cognitivo como para elaborar y utilizar flechas (y por lo tanto, arcos) para la caza[xii]. Se considera que esta invención contribuyó a hacer posible el éxodo desde África de nuestros antepasados[xiii].

Moda e inteligencia

Una clase especial de herramientas, pero que apuntan hacia el pensamiento moderno también, está conformada por los vestidos. Saber vestirse bien es un arte, y la definición original de estar bien vestido se refiere a estar protegido contra la intemperie. En tal sentido, se pudiera considerar la aparición de los vestidos como indicio del pensamiento humano moderno.

Ahora bien: los vestidos no duran mucho. Suelen ser desechados después de algunos años (o más rápidamente, en algunos casos que no nos interesan en este momento) y se desintegran dentro de pocos años. Es imposible para nosotros hallar restos de los primeros vestidos.

Conocemos a restos de zapatos que datan de 3500 años AdC (unos zapatos de cuero, talla 37, encontrados en Armenia[xiv]). Unas deformaciones de los huesos de los pies, típicamente asociadas al uso de zapatos, han sido encontrados en restos humanos de hace 27.500 y 40.000 años[xv], lo que sugiere que nuestros ancestros ya estaban calzando zapatos hace por lo menos aquel entonces. Los restos de tejidos más viejos hallados hasta la fecha datan de hace unos 30.000 años[xvi], y las primeras herramientas posiblemente utilizadas para tejer datan de la misma época[xvii]. Pero es muy probable que anteriormente nuestros antepasados ya andaban vestidos. Aunque un poco fuera del ámbito de la indumentaria, hay evidencia de lechos de hace 77.000 años[xviii].

Un buen indicio de la fecha de la aparición de los primeros vestidos es proporcionada por, aunque parezca extraño, los piojos. Los piojos son, a nuestro pesar, fieles acompañantes de la raza humana. Hay una especie de piojos, XXX, que ocurre solamente en los humanos. Esta especie viene en dos variantes, genéticamente ligeramente distintas: una que reside en el pelo humano (hoy día concentrado en la cabeza), y otra que reside en nuestros vestidos. Estudios genéticos de estas dos variantes apuntan a un ancestro común de las dos que vivió entre 83.000 y 170.000 años antes del presente[xix]. Puesto que en aquel entonces nuestros ancestros ya no tenían pelo en el resto del cuerpo[xx], esto implica que, probablemente, los humanos empezamos a vestirnos hace más de 100.000 años, o sea, cuando nuestra especie todavía era joven. El pensamiento moderno, por lo tanto, pudiera haber empezado a aparecer en aquella época.

Blog 1506XX - Adornos y objetos de arte

Arte figurativo

Las primeras estatuillas e instrumentos musicales (unas flautas) conocidos datan de hace 42.000-43.000 años; se hallaron en el suroeste de Alemania, especialmente en la cueva de Hohle Fels[xxi]. Algunas de las estatuillas son representaciones bastante fieles de animales tales como caballos y patos, mientras que en otras figurillas se reconocen formas humanas – generalmente femeninas, tales como la “Venus de Willendorf” [xxii] (ver figura) o la recién descubierta “Venus de Renancourt” [xxiii]. No sabemos cuál fue la función de estas estatuillas: religiosa, ritual, social, o de adorno; pero los humanos que las crearon y utilizaron pueden ser considerados modernos en cuanto al pensamiento y comportamiento se refiere.

Las primeras pinturas rupestres conocidas datan también de hace unos 40.000 años. Pero en este caso hay ejemplos de varios continentes. En Europa se conocen unas cuantas cuevas con pinturas rupestres prehistóricas; arriba ya mencionamos algunas. Pero las pinturas rupestres más antiguas conocidas hasta la fecha, no se encontraron ni en Europa, ni en África: se hallaron en la isla indonesia de Sulawesi. En una cueva en el área de Maros se encontró una imagen de un babirusa (un mamífero que se parece un poco a un cerdo grande) y el contorno de una mano, con edades mínimas de 35.400 y 39.900 años, respectivamente[xxiv]. Si la edad de estas pinturas queda confirmada (hay pinturas rupestres en Australia de las que inicialmente se pensó que eran las más viejas del mundo, pero cuya datación resultó estar equivocada[xxv]), este hallazgo tiene implicaciones interesantes: una posibilidad es que el conocimiento necesario para hacer pinturas rupestres apareció de manera independiente y casi contemporánea entre grupos humanos en distintas partes del mundo; la alternativa es que, al salir de África, nuestros antepasados ya tenían conocimiento de las técnicas necesarias para realizar pinturas, pero que ninguna de las primeras pinturas haya sobrevivido hasta nuestros días (por falta de cuevas apropiadas, por ejemplo).

También en el caso del arte figurativo hay ejemplos mucho más viejos. Una estatuilla femenina con una edad de entre 300.000 y 500.000 años es la proto-figurina de Tan-Tan que se encontró en Marruecos[xxvi].

Adornos personales

Los adornos más antiguos encontrados son cuentas y colgantes. Entre las cuentas antiguas destaca el hallazgo, en la cueva de Blombos en Sudáfrica, de 41 conchas de caracol perforadas, todas de la misma especie (Nassarius kraussianus) y de casi el mismo tamaño. Han sido datadas en 75.000-78.000 años antes del presente (ver figura). Estudios microscópicos revelaron que las perforaciones fueron realizadas con herramientas, y que se ensancharon un poco debido al uso. La explicación más sencilla es que las conchas estaban atadas una con otra mediante una cuerda o algo por el estilo, tal como las cuentas de un collar[xxvii] (ver la figura en el encabezado de este post). Posteriormente, fueron encontradas más conchas de caracol en la cueva, del mismo tipo pero de edad ligeramente distinta. Se pudo determinar que la manera en la que las conchas fueron atadas a la cuerda del collar cambió en el tiempo, reflejando un cambio en la moda, las costumbres y/o las normas sociales[xxviii].

Más viejas son ciertas conchas-cuentas halladas en el norte de África. En varias cuevas en Marruecos (especialmente la de Taforalt) se encontraron decenas de conchas de Nassarius, perforadas y recubiertas de ocre rojo, con una edad de 80.000-85.000 años[xxix]. Estas conchas-cuentas forman parte de un conjunto de objetos llamado la cultura ateriense, que muestra indicios de pensamiento simbólico; esta cultura apareció, en el norte de África, hace unos 110.000 años[xxx]. Otras conchas-cuentas, de hace 80.000-90.000 años, se encontraron en Israel y Argelia[xxxi].

Cabe destacar que los sitios norafricanos donde se hallaron las conchas de Nassarius, que es un organismo marino, se encuentran a distancias de hasta 190km del mar. Esto implica la presencia de redes de intercambio, o sea, de personas que consideraron provechoso transportar las conchas desde el mar hasta lugares alejados del mismo, sabiendo que allá habría gentes que valorarían tales objetos.

Aparte de conchas de Nassarius, también se utilizaron otros tipos de conchas para elaborar cuentas. En Etiopía se encontraron posibles cuentas hechas de opérculos de caracoles, con una edad de entre 33.000 y más de 43.000 años[xxxii]. Pero más populares parecen haber sido las conchas de avestruz para la elaboración de cuentas.

Las cuentas elaboradas a partir de conchas de avestruz tienen la forma de discos circulares, con un diámetro de – por lo general – menos de 1 cm, y con un hueco en el centro. No cabe la menor duda que estos discos fueron elaborados por humanos, ya que en la naturaleza no se han encontrado fragmentos de concha circulares. En los tiempos de nuestros antepasados, el área de ocurrencia de los avestruces abarcaba no solamente África, sino también partes de Asia, y los huevos de avestruz fueron utilizados comúnmente en todas estas áreas. Se han encontrado cuentas de concha de avestruz en el sur, este y norte de África y en la India, Mongolia e inclusive Siberia. Las edades de estas cuentas a menudo no están seguras. Posiblemente las más viejas son algunas cuentas que se encontraron en el parque nacional de Serengeti, en Tanzania, que datan de algún momento entre hace 45.000 y 280.000 años, o alternativamente, algunas que se encontraron en Libia, en estratos con una edad de unos 200.000 años, o sea, de justo antes de la aparición de nuestra especie[xxxiii].

Por viejas que estas cuentas puedan parecer, más viejas aun son las posibles cuentas formadas de esponjas fósiles en forma de rosca, encontradas en Bedford (Inglaterra) en un yacimiento arqueológico acheulense[xxxiv]. La industria acheulense (o achelense) se refiere a un conjunto de herramientas de piedra de sofisticación mediana, que apareció en el área del Mediterráneo hace alrededor de 900.000 años y permaneció hasta la llegada de los neandertales. O sea, estas posibles cuentas pudieran tener una edad de hasta unos centenares de miles de años; además, serían el fruto del trabajo, no de nuestra especie, sino de una especie anterior, por ejemplo Homo heidelbergensis, a quien entonces habría que atribuir cierta capacidad de pensamiento simbólico. Sin embargo, no está claro si estas esponjas fósiles de verdad fueron utilizadas por nuestros lejanos antepasados como cuentas o algún otro tipo de adorno[xxxv].

Extrañamente, no se conocen conchas-cuentas de una edad comprendida entre 75.000 y 45.000 años; volvemos a ver las cuentas de huevo de avestruz y las conchas-cuentas en el registro arqueológicos sólo 44.000 años antes del presente[xxxvi]. Tal vez se elaboraron, pero no han sido encontradas, o conservadas. Pero también es posible que la cultura que utilizó estos objetos haya llegado a su fin. Otra posibilidad es que, debido a una reducción poblacional (por ejemplo debido a la erupción volcánica de Toba – ver abajo), los grupos humanos se quedaron aislados y se rompieron los contactos e intercambios entre grupos. Es posible que por consecuencia las conchas, que son marinas, no lograran llegar a las poblaciones humanas que vivieron más en el interior[xxxvii].

En cuanto a los colgantes: entre los más antiguos destacan los dientes de ciertos animales feroces, que parecen haber sido llevado puestos, juzgando por ejemplo un diente perforado de hace 33.000 años, hallado en Arcy-sur-Cure en Francia. Desconocemos qué función tenía este diente. Tal vez fue un amuleto o símbolo de estatus, más que un simple adorno. Lo interesante de este diente es que se encontró asociado con restos de neandertales, los – ahora desaparecidos – primos de nuestra especie. También han sido atribuidos a neandertales unos huesos de lobo, zorro y otros animales salvajes, perforados como para ser utilizados como colgantes: algunos encontrados en Alemania (de hace 110.000 años, o sea antes de la llegada de Homo sapiens al continente), Francia, España y Rusia[xxxviii]. Recientemente se describieron ocho garras de águila de hace 130.000 años, encontradas juntas en una gruta en Croacia, habitada en aquel entonces por neandertales; estas garras fueron pulidas y modificadas con herramientas, presumiblemente para ser incorporadas a un amuleto o adorno personal[xxxix].

Hallazgos como estos han avivado el debate acerca de qué nivel de desarrollo cognitivo pueden haber tenido los neandertales, quienes originalmente fueron considerados como brutos.

Aparte de los colgantes y las cuentas, también se han encontrado brazaletes antiguos. Entre estos cabe destacar un brazalete de piedra con una edad de 40.000 años – considerado el más viejo brazalete de este material encontrado hasta la fecha[xl] (ver la figura). La edad de 40.000 años, por venerable que sea, no es tan vieja como la de los adornos descritos arriba, pero lo interesante es que este brazalete fue encontrado en el sur de Siberia, asociado con los únicos restos que se conocen del hombre de Denisova, un primo – ahora desaparecido – de nuestra especie, del que hablamos en el post del 29 abril 2015. De nuevo, parece que Homo sapiens no tiene el monopolio sobre el pensamiento moderno.

Ocre

Un material que parece haber sido utilizado para pintura corporal, es el ocre. El ocre, que consiste de óxidos e hidróxidos de hierro (hematita, limonita, specularita, y otros minerales[xli]) de color rojizo a marrón, ocurre como una piedra blanda. Nuestros antepasados lo utilizaban desde hace por lo menos 160.000 años, y al parecer fue un material importante, ya que se ha encontrado a grandes distancias (decenas de kilómetros) de los lugares donde ocurre naturalmente. El ocre puede haber sido utilizado para distintos fines, no necesariamente únicamente como pintura corporal; por ejemplo, puede haber servido para pegar puntas a flechas[xlii], para la preservación de pieles, o para protección de la piel. Sin embargo, indicios tales como trazas de ocre encontradas en cuentas, que posiblemente fueron llevadas como collares o brazaletes sobre la piel desnuda, indican que el ocre se utilizó para pintura corporal y/o pintura de las cuentas[xliii]. Adicionalmente, el hallazgo de trozos de ocre con incisiones geométricas (de hace 77.000 años) sugiere que el ocre tuvo cierta importancia simbólica. Pinturas corporales elaboradas con ocre, aparte de haber tenido una función decorativa, pueden haber servido para identificar a su portador como miembro de algún grupo específico, o pueden haber tenido fines religiosos.

En la cueva de Blombos en Sudáfrica fueron encontrados dos cuencos (grandes conchas) contentivos de restos de una mezcla de ocre con algún líquido, con una edad de alrededor de 100.000 años. Probablemente se trató de un taller en el cual se preparaba el ocre para su posterior uso[xliv].

Casi de la misma edad son las decenas de trozos de ocre rojo que se encontraron en la cueva de Qafzeh en Israel al lado de unas restos humanos enterrados, de hace  92.000 años. Posiblemente este ocre se utilizó para realizar ritos funerarios[xlv].

Se sabe que el ocre fue utilizado hace por lo menos 160.000 años gracias al hallazgo, en una cueva en Pinnacle Point, en la costa de Sudáfrica, de restos de ocupación humana incluyendo trozos de ocre que habían sido aplanados, presumiblemente al rayarlos para obtener el pigmento rojo. Estos restos datan de hace alrededor de 164.000 años[xlvi].

El ocre más antiguo hallado hasta la fecha data de hace por lo menos 200.000 años: se trata de trozos de ocre, encontrados en Zambia conjuntamente con herramientas de piedra[xlvii]. Si es verdad que ya se estaba utilizando ocre en tiempos tan remotos, no fue nuestra especie la que empezó a utilizar este material, ya que apareció sólo hace 195.000 años, sino nuestra especie ancestral, Homo heidelbergensis. No se sabe para qué se utilizaba ese ocre. Si se utilizó como pigmento para pintura corporal, este hallazgo implicaría que la transición al pensamiento moderno puede haber empezado ya antes de la aparición de nuestra especie, y haber sido mucho más gradual de lo que inicialmente se pensaba.

Incisiones

Los hallazgos a los cuales he estado haciendo referencia sugieren que el pensamiento moderno puede haber empezado a aparecer en tiempos remotos. Sin embargo, no se pueden utilizar como prueba para ello. En este sentido, tienen particular importancia las incisiones geométricas mencionadas arriba, realizadas en trozos de ocre de hace 77.000 años. Se trata de un conjunto de líneas rectas que forman un patrón tipo mallado (ver la figura). Desconocemos su significado, pero el esmero con que fueron realizadas las incisiones sugiere cierta importancia; además, refleja un pensamiento simbólico, encaminado hacia el pensamiento moderno, hace 77.000 años – o sea, 35.000 años antes del salto simbólico observado en Europa[xlviii].

Otro caso de incisiones es el de 270 fragmentos de conchas de avestruz de hace unos 60.000 años, cada uno con incisiones recti- y curvilíneas formando patrones geométricos, encontrados en la cueva de Diepkloof en Sudáfrica. No cabe la menor duda que estas incisiones se hayan realizado de forma deliberada y con intencionalidad. Por lo tanto, se pueden utilizar como prueba de un pensamiento simbólico[xlix].

En Europa, las primeras incisiones reportadas datan de “apenas” unos 40.000 años. Se trata de círculos con una línea recta por el centro, que han sido interpretadas como posibles representaciones de la vulva femenina[l]. Por otro lado, incisiones mucho más viejas aunque más simples (pero probablemente hechas a propósito, con un fin no utilitario), fueron halladas en África: por ejemplo una piedra con siete líneas incisas, que se encontró en la cueva de Wonderwerk en Sudáfrica con un conjunto de restos arqueológicos de hace alrededor de 300.000 años – o sea, de antes de la aparición de nuestra especie[li].

Más viejas aun son las incisiones reportadas recientemente de Indonesia, donde, grabadas en una concha proveniente de un yacimiento arqueológico con restos humanos de hace 500.000 años, se encontraron unas líneas rectas en forma de zigzag. Los humanos que habitaron Indonesia en aquella época eran miembros de la especie Homo erectus, un antecesor de nuestra especie, que hasta ahora no había dejado evidencias de tener unas capacidades cognitivas simbólicas[lii].

Limitaciones en la búsqueda del pensamiento moderno

Acabamos de revisar una variedad de objetos elaborados por nuestros antepasados, con el propósito de destilar información acerca de cuándo apareció el pensamiento moderno. Pero tenemos que tener cuidado a la hora de sacarle conclusiones a la información disponible.

En primer lugar, el uso de las herramientas sofisticadas descritas anteriormente, tales como el arco y flechas, parece no haber sido continuo desde su primera aparición, y/o limitado a sólo algunos grupos de humanos. Esto tal vez se debe a que el registro arqueológico de la Edad de la Piedra en África es muy incompleto. Pero también es posible que la aparición, y posterior desaparición, de ciertas herramientas se deba a situaciones climáticas, ambientales o sociales transitorias, que hicieron necesario el uso de alguna herramienta específica, que después de la vuelta a las condiciones originales cayó en desuso. También es posible que la variabilidad, en el tiempo y geográficamente, tenga una causa que es, por lo menos en parte, cultural; o sea, que hubo variaciones en las maneras de elaborar herramientas, en sus formas, etcétera[liii]. En todo caso, parece que no es conveniente utilizar la aparición de herramientas sofisticadas como evidencia para un pensamiento moderno[liv].

Más prometedores como evidencia para el pensamiento y comportamiento moderno son los objetos artísticos o de ornamentación, ya que estos parecen reflejar algún tipo de pensamiento simbólico, el cual – como ya mencionamos – se puede considerar característico del pensamiento moderno.

En segundo lugar, lo que es válido para las herramientas sofisticadas, es válido para el pensamiento moderno también. Lo que se llama el pensamiento moderno puede haber aparecido y vuelto a desaparecer múltiples veces, dependiendo de las exigencias del entorno. Es importante resaltar que la aparición de la modernidad humana no fue necesariamente un proceso continuo, ininterrumpido. Es más probable que nuestros antepasados, al adaptarse a condiciones nuevas, hayan tenido que ajustar su manera de vivir, y esto implica que en ciertos momentos puede haber desarrollado aspectos del comportamiento moderno, pero que en otros haya podido ser conveniente prescindir de los mismos. Considerando esto, el antropólogo John Shea propone utilizar la variabilidad en comportamiento como una medida del desarrollo humano, en lugar de fijarse únicamente en la modernidad del comportamiento humano[lv].

En tal sentido, los investigadores se dieron cuenta en los últimos años que no se puede simplificar la historia de la modernidad humana. Los primeros humanos no eran una sociedad homogénea: formaban sociedades distintas en entornos distintos con herramientas distintas y culturas distintas[lvi]. La modernidad llegó a cada sociedad de su manera y a su tiempo; en otras palabras, cada sociedad tuvo su propia trayectoria cultural. Los factores que condujeron a los habitantes del sur de África al comportamiento moderno, probablemente fueron diferentes de los que causaron el salto a la modernidad en otras partes del mundo, donde hubo condiciones ambientales y culturales distintas. Cierto, las sociedades de nuestros antepasados tenían muchas cosas en común, y no se puede decir que una sociedad era completamente distinta a las demás, pero está creciendo ahora la consciencia entre los expertos de que es útil estudiar las trayectorias de las sociedades humanas por lo menos a nivel regional, no global[lvii].

Considerando la información disponible, descrita arriba, a la luz de estas advertencias, podemos plantear que el pensamiento moderno apareció, por lo menos en Sudáfrica, alrededor de hace 60.000-80.000 años, cuando florecieron allí las culturas de “Still Bay” y “Howiesons Poort”. Pero no podemos estar seguros de que los humanos que en más o menos la misma época salieron del noreste de África hacia Asia y Europa llevaron consigo alguna de estas culturas. Asimismo, no debemos descartar la posibilidad de que estas culturas sudafricanas hayan desaparecido después de su florescencia, y que la modernidad cognitiva no haya vuelto a aparecer en Sudáfrica sino unos 20.000 años más tarde.

¿Qué nos empujó a dar el salto?

El gran salto a la modernidad se dio con la invención de sistemas de almacenamiento externo de información: en primer lugar mediante el lenguaje, pero también mediante herramientas, arte, y adornos. Hay unas cuantas posibles causas de este salto, propuestas por distintos investigadores. Las más mencionadas – que no son mutuamente exclusivas – son las siguientes:

Cambios fisiológicos/genéticos

Algunos investigadores sostienen que fueron cambios neurales, causados por alguna mutación genética que actuó sobre el cerebro, lo que permitió el desarrollo del pensamiento simbólico[lviii]. Este cambio habría ocurrido hace unos 80.000 años o antes, o sea, antes de que nuestros antepasados dejaran su cuna, África Oriental. El planteamiento es que los humanos con esta mutación beneficiosa lograron reemplazar rápidamente a los que no la tenían.

En contra de esta hipótesis se puede afirmar que no hay evidencia ninguna para una reorganización cerebral después de la aparición de Homo sapiens. Sin embargo, es posible que las capacidades cognitivas, aunque aparecieran sólo hace 80.000 años, se habían desarrollado antes, tal vez sirviendo para alguna cosa distinta, y se quedaron latentes hasta el momento que, quizás debido a algún estímulo cultural, se manifestaron e hicieron posible el salto al pensamiento simbólico[lix].

Aumento poblacional

Paulatinamente, la densidad de la población humana en África iba aumentando desde la aparición de nuestra especie. En ciertos períodos y lugares ocurrió inevitablemente competición por acceso a alimentos, lo que debe haber resultado en roces y tensiones entre bandas. Esto hizo necesario el uso de símbolos: no sólo en forma del lenguaje, sino también de adornos personales, para que los individuos pudiesen identificarse como miembros de una tribu específica, y de joyas y herramientas de valor, para intercambiar como regalos a fin de fomentar y mantener amistades y alianzas – como aun hoy día lo hacen los cazadores-recolectores en el sur de África[lx].

Inicialmente, el uso de símbolos puede haber vuelto a desaparecer cuando ya no hacía falta, al terminar la competición por el acceso a recursos. Esto explicaría por qué el registro de objetos simbólicos no es continuo hasta hace 40.000 años.

Modelos matemáticos muestran como, al aumentar la densidad poblacional humana, aumenta la destreza de los humanas en la aplicación de conocimiento cultural (por ejemplo, tecnológico). Esto se debe a que aumenta el intercambio de nuevos conocimientos mientras que se reduce el riesgo de que se olviden. En particular ocurrió, según uno de los modelos, al alcanzar un valor umbral de la densidad poblacional (hace unos 45.000 años en Europa, y en el sur de África hace 110.000 años), un incremento exponencial de la destreza cultural. Por lo tanto se considera que el salto a la modernidad puede ser explicado, por lo menos en parte, por un aumento en la densidad poblacional[lxi]. Sin embargo, este tipo de modelos no ha sido validado por estudios arqueológicos: no se logró encontrar una relación entre la complejidad de las herramientas de nuestros antepasados (que se utiliza como un reflejo de la capacidad cognitiva) y la densidad poblacional, y se postuló como hipótesis alternativa que el salto a la modernidad puede haber sido causado por cambios en las condiciones ecológicas[lxii].

Pero sí se ha encontrado una relación entre los cambios tecnológicos y cognitivos de hace 60.000-80.000 años por un lado, y por otro, las migraciones humanas (saliendo desde África oriental, donde se ubica la cuna de nuestra especie). Posiblemente las migraciones ayudaron al comportamiento moderno a expandirse. O, al revés, tal vez fueron las migraciones que causaron, o por lo menos facilitaron, el salto a la modernidad[lxiii]. Una migración importante fue la que condujo a poblar el sur de África, posiblemente a raíz de la sequía que afectó África central oriental durante varias decenas de milenios alrededor de hace 100.000 años. Es posible que nuestros ancestros, al salir forzosamente de su área de origen, hayan llevado consigo las semillas de las nuevas tecnologías y los comportamientos nuevos que iban a aparecer en Sudáfrica (y no sólo allí, sino también en los otros lugares a los cuales pueden haber migrado, tales como el norte de África y el Medio Oriente) [lxiv].

Otra hipótesis que atribuye el salto a la modernidad a factores demográficos, es la del antropólogo Clifford Jolly, quien plantea que, cuando nuestros antepasados empezaron su expansión desde África oriental, los grupos humanos en la primera línea de expansión estaban organizados de otra manera que los grupos que se quedaron atrás, lo que dio origen a la aparición de la modernidad cultural. Utilizando a los babuinos como analogía, Jolly propone que, mientras que en los grupos humanos de aquel entonces los varones solían dejar el grupo en el cual nacieron para buscar pareja en otro grupo, en los grupos que formaban la primera línea de expansión, esto no era posible debido a su lejanía con respecto a otros grupos. Un grupo donde los individuos tienen que buscar pareja en el seno del mismo grupo, tiene que ser lo suficientemente grande para evitar incesto. Es probable que, para minimizar el riesgo de incesto, hayan surgido reglas, costumbres, o particiones de personas en distintos subgrupos, dando así origen a un sistema cultural más desarrollado, más moderno. Además, para reconocer la posición de un individuo o su membresía de alguno de los (sub)grupos, era sin duda útil poder contar con adornos específicos, o con maneras específicas de pintarse el cuerpo, vestirse, o peinarse. Esto explicaría la aparición de los adornos, reflejando la transición al comportamiento moderno[lxv].

El idioma

Del desarrollo del idioma he hablado extensamente en mi post anterior. Muy probablemente el desarrollo del idioma y la aparición del comportamiento moderno han ido de la mano. La innovación tecnológica y cultural es posible sin que haya un idioma, pero sólo hasta cierto punto. Para que de verdad pueda haber comunicación entre individuos para que se puedan transmitir los valores culturales y se puedan enseñar las tecnologías más complejas a las nuevas generaciones, es imprescindible el uso del idioma. Así que el idioma sin duda ayudó a que nuestros antepasados dieran su salto a la modernidad.

Cambios climáticos y ambientales

La aparición de evidencias del pensamiento simbólico hace 80.000 años coincide con un período en el que, entre hace 80.000 y 40.000 años, hubo en Sudáfrica una alternancia de períodos húmedos y áridos. Estos períodos duraban en el orden de algunos miles de años, y los cambios entre períodos eran bastante abruptos[lxvi]. La adaptación de nuestros ancestros a estos cambios climáticos puede haber causado un aumento en los contactos entre las poblaciones humanas y quizás mayor cooperación, y la aparición del pensamiento simbólico puede haber sido una consecuencia. O, en otras palabras, nuestra especie se adaptó a las variaciones en su entorno mediante un desarrollo de su capacidad cognitiva y tecnológica. El paleoantropólogo Rick Potts lo llama selección por variabilidad, resaltando la capacidad que tiene nuestra especie de adaptarse a cambios en su entorno, utilizando sus capacidades no sólo para adaptarse al entorno, sino también para adaptar su entorno a sus necesidades[lxvii].

Erupción del volcán Toba

En África oriental y alrededores hay unos cuantos volcanes activos, cuyas erupciones pueden haber afectado seriamente al entorno natural de los humanos. Un ejemplo de una erupción volcánica catastrófica es la del volcán Toba, en la isla indonesia de Sumatra, que ocurrió hace 74.000 años. Toba está bastante distante de África, pero el impacto de su erupción fue mundial. Se ha calculado que, como consecuencia de especialmente el dióxido de azufre liberado en la atmósfera durante esa erupción, la temperatura terrestre promedio bajó alrededor de 10°C durante varias décadas – o sea, hubo una mini-edad de hielo durante aproximadamente una generación humana[lxviii]. Se considera que estas condiciones pueden haber causado una reducción importante de la población de nuestros antepasados en África[lxix].

Es posible que las condiciones frías posteriores a la erupción de Toba hayan obligado a los humanos sobrevivientes a juntarse y cooperar, lo que habría hecho necesario el desarrollo del lenguaje y, en general, el pensamiento moderno.

Invención de armas arrojadizas

La invención de armas arrojadizas (arco y flechas, lanzas, etc.) hace unos 50.000 años permitió a nuestros ancestros atacar a animales más grandes (y a otros humanos) sin correr mucho riesgo; pero esto sí requería de un mayor grado de cooperación y coordinación en la caza. Esto no fue posible sin el desarrollo de sistemas de transmisión de información[lxx].

¿Cuándo apareció el comportamiento humano moderno, y dónde?

Tal como ya mencioné al inicio de este post, hemos visto muchas edades de entre 60.000 y 80.000 años. Y de los países mencionados, el que predomina es Sudáfrica. Algo importante debe haber pasado allí, en ese período. Ocurrió una innovación tecnológica y cultural, reflejada en herramientas más sofisticadas, el arco y flechas, adornos personales, y arte. Se hizo moderna nuestra especie. Después de hace 60.000 años se reducen muchas de las trazas del pensamiento moderno, pero cuando los humanos salieron de África y llegaron a Europa, hace un poco más de 40.000 años, llegaron con todo este equipaje y causaron allí la revolución paleolítica. Pero ese cambio se originó en el sur del continente africano, donde ya tenía miles de años cuajándose[lxxi].

Esto no quita que mucho antes de este período de grandes cambios hubo instancias de que apareció (y desapareció, para volver a aparecer posteriormente), en tiempos y lugares distintos, algo que se parece al pensamiento moderno. Nuestros primos, los neandertales, y probablemente hasta nuestro ancestro común, Homo heidelbergensis, contaban con algo semejante al pensamiento moderno. De esto dan testimonio, entre otros, el uso del ocre, los dientes y huesos perforados por neandertales, la estatuilla de Tan-Tan, y las incisiones encontradas en Wonderwerk. Inclusive es posible que la especie que dio origen a H. heidelbergensis, H. ergaster, haya tenido momentos de lucidez, juzgando la incisión encontrada recientemente en Indonesia. Los primeros indicios para un cambio cognitivo se reportaron en Israel, donde en el yacimiento arqueológico de Gesher Benot Ya’aqov, de hace 750.000 años, se encontró una distinción clara entre espacios para elaborar herramientas de piedra, y espacios donde se preparaba comida – lo que sugiere un cierto grado de organización y capacidad mental[lxxii]. De ser así, el así llamado salto al comportamiento moderno fue más bien una transición, que empezó antes de la aparición de nuestra especie. Esto cuadraría también mejor con la visión de los lingüistas, de que el lenguaje se desarrolló hace unos cientos de miles de años, no hace sólo 50.000[lxxiii].

Mientras que Europa tuvo su revolución paleolítica con la llegada de nuestra especie, hace unos 40.000 años, Sudáfrica experimentó un avance tecnológico y cultural entre hace 45.000 y por lo menos 49.000 años. Empezó lo que se llama la Edad de la Piedra Tardía (análoga al Paleolítico Superior en Europa), y apareció una cultura parecida a la de los San actuales[lxxiv]. Los San son los cazadores-recolectores tradicionales que viven en el sur de África y cuyas herramientas poco cambiaron a través de los milenios.

Conclusión

La aparición del pensamiento moderno no fue un acontecimiento repentino, sino más bien un proceso gradual. Empezó hace varios centenares de miles de años, probablemente inclusive antes de que apareciera nuestra especie, Homo sapiens. Al parecer, el pensamiento simbólico no fue un monopolio de nuestra especie: nuestros antecesores, los Homo heidelbergensis y Homo erectus, y nuestros primos, los neandertales y el hombre de Denisova, demostraron ser capaces, por lo menos a ratos, de dejar sus símbolos en los objetos que utilizaban. Pero esos indicios solían ser de limitada duración, apareciendo y desapareciendo en el tiempo.

Nuestra especie, sin duda alguna, es la reina en cuanto se refiere a la cantidad de símbolos y la intensidad de su uso. Hace alrededor de 80.000 años se empiezan a ver, principalmente en Sudáfrica, cambios duraderos en la tecnología, y aparece una multitud de objetos no utilitarios, tales como adornos y arte figurativo. Estos, así como las incisiones que empiezan a hacerse, apuntan a un cambio en las capacidades mentales de nuestros antepasados: el desarrollo del pensamiento simbólico, la aparición del comportamiento moderno. El proceso culminó hace unos 40.000 años, cuando se elaboraron las primeras pinturas rupestres, tanto en Europa como afuera.

Por lo tanto, se concluye que la aparición del pensamiento moderno puede haber ocurrido, por lo menos en Sudáfrica, alrededor de hace 60.000-80.000 años. Es posible que en Sudáfrica las culturas modernas hayan desaparecido después de su florescencia, y que la modernidad cognitiva no haya vuelto a aparecer sino unos 20.000 años más tarde. Pero sí parece que nuestros ancestros que salieron de África, desde aproximadamente 80.000 años antes del presente, lo hicieron llevando dos poderosas herramientas, relacionadas entre sí: el pensamiento moderno y el lenguaje. Estaban preparados para conquistar el mundo.

Hablaremos más del éxodo desde África en el próximo post.

Nota: la foto en el encabezado muestra cuentas elaborados de conchas marinas, con una edad de 75.000 años, organizadas en forma de collar. Crédito: Marian Vanhaeren y Christopher S. Henshilwood. Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/Blombos_Cave.

[i]     Henshilwood, C.S. y Marean, C.W., 2003. The origin of modern human behavior. Critique of the models and their test implications. Current Anthropology, 44 (5), 627-651. http://www.jstor.org/stable/10.1086/377665.

[ii]    Ver: http://es.wikipedia.org/wiki/M%C3%A9todo_Levallois.

[iii]   Brown, K.S., y otros, 2012. An early and enduring advanced technology originating 71,000 years ago in South Africa. Nature, 491, 590–593. http://www.nature.com/nature/journal/v491/n7425/full/nature11660.html.

[iv]   Brown, K.S., y otros, 2009. Fire as an engineering tool of early modern humans. Science, 325 (5942), 859-862. http://www.sciencemag.org/content/325/5942/859.full.html. Mourre, V., Villa, P. y Henshilwood, C.S., 2010. Early use of pressure flaking on lithic artifacts at Blombos Cave, South Africa. Science, 330 (6004), 659-662. http://www.sciencemag.org/content/330/6004/659.full.html.

[v]    Geneste, J.-M., David, B., Plisson, H., Clarkson, C., Delannoy, J.-J., Petchey, F. y Whear, R., 2010. Earliest evidence for ground-edge axes: 35,400±410 cal BP from Jawoyn Country, Arnhem Land. Australian Archaeology, 71, 66-69. http://researchcommons.waikato.ac.nz/bitstream/handle/10289/5067/Earliest%20evidence.pdf?sequence=1.

[vi]   Szabó, K., Brumm, A. y Bellwood, P., 2007. Shell artefact production at 32,000–28,000 BP in island southeast Asia. Current Anthropology, 48 (5), 701-723. http://www.jstor.org/stable/10.1086.

[vii]  Henshilwood, C.S., D’Errico, F., Marean, C.W., Milo, R.G. y Yates, R., 2001. An early bone tool industry from the Middle Stone Age at Blombos Cave, South Africa: implications for the origins of modem human behaviour, symbolism and language. Journal of Human Evolution, 41 (6), 631-078. http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0047248401905159.

[viii] Wong, K., 2006. The morning of the modern mind. En: Becoming human. Scientific American, Special Edition, 74-83. www.sciam.com.

[ix]   Shimelmitz, R., Barkai, R. y Gopher, A., 2011. Systematic blade production at late Lower Paleolithic (400–200 kyr) Qesem Cave, Israel. Journal of Human Evolution, 61 (4), 458-479. http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0047248411001461.

[x]    Lombard, M. y Haidle, N., 2012. Thinking a bow-and-arrow set: cognitive implications of Middle Stone Age bow and stone-tipped arrow technology. Cambridge Archaeological Journal, 22 (2), 237-264. http://roceeh.mediatis.de/fileadmin/download/Publications/Lombard_Haidle_2012_Bow-and-arrow_CambridgeArchJ22-2.pdf.

[xi]   Sisk, M.L. y Shea, J.J., 2009. Experimental use and quantitative performance analysis of triangular flakes (Levallois points) used as arrowheads. Journal of Archaeological Science, 36 (9), 2039-2047. http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0305440309001836.

[xii]  Lombard, M. y Phillipson, L., 2010. Indications of bow and stone-tipped arrow use 64 000 years ago in KwaZulu-Natal, South Africa. Antiquity, 84, 635-648. http://www.uj.ac.za/EN/Newsroom/News/Documents/Lombard%20and%20Phillipson%202010%20Antiquity%20arrows.pdf.

[xiii] Shea, J.J. y Sisk, M.L., 2010. Complex Projectile Technology and Homo sapiens Dispersal into Western Eurasia. PaleoAnthropology, 2010, 100−122. http://paleoanthro.reedd.webfactional.com/static/journal/content/PA20100100.pdf.

[xiv] Pinhasi, R., Gasparian, B., Areshian, G., Zardaryan, D., Smith, A. Bar-Oz, G. y Higham, T., 2010. First direct evidence of Chalcolithic footwear from the Near Eastern highlands. PLoS ONE, 5 (6), e10984. www.plosone.org.

[xv]  Trinkaus, E. y Shang, H., 2008. Anatomical evidence for the antiquity of human footwear: Tianyuan and Sunghir. Journal of Archaeological Science, 35, 1928-1933. http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0305440307002476. Trinkaus, E., 2005. Anatomical evidence for the antiquity of human footwear use. Journal of Archaeological Science, 32, 1515-1526. http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0305440305000932.

[xvi] Kvavadze, E., Bar-Yosef, O., Belfer-Cohen, A., Boaretto, E., Jakeli, N., Matskevich, Z. y Meshveliani, T., 2009. 30,000-year-old wild flax fibers. Science, 325, 1359. http://www.sciencemag.org.

[xvii]          Soffer, O., 2004. Recovering perishable technologies through use wear on tools: preliminary evidence for Upper Paleolithic weaving and net making. Current Anthropology, 45 (3), 407-413. http://www.jstor.org/stable/10.1086/420907.

[xviii]         Wadley, L., Sievers, C., Bamford, M., Goldberg, P., Berna, F. y Miller, C., 2011. Middle Stone Age bedding construction and settlement patterns at Sibudu, South Africa. Science, 334, 1388-1391. http://www.sciencemag.org/content/334/6061/1388.abstract.

[xix] Toups, M.A., Kitchen, A., Light, J.E. y Reed, D.L., 2011. Origin of clothic lice indicates early clothing use by anatomically modern humans in Africa. Molecular Biology and Evolution, 28 (1), 29-32. http://mbe.oxfordjournals.org/content/28/1/29.full.pdf+html.

[xx]  Rogers, A.R., Iltis, D. y Wooding, S. , 2004. Genetic variation at the MC1R locus and the time since loss of human body hair. Current Anthropology, 45 (1), 105-108. http://www.jstor.org/stable/10.1086/381006.

[xxi] Conard, N.J., 2003. Palaeolithic ivory sculptures from southwestern Germany and the origins of figurative art. Nature, 426, 830-832. http://www.nature.com/nature/journal/v426/n6968/full/nature02186.html. Conard, N.J., 2009. A female figurine from the basal Aurignacian of Hohle Fels Cave in southwestern Germany. Nature, 459, 248-252. http://www.nature.com/nature/journal/v459/n7244/abs/nature07995.html. Conard, N.J., Malina, M. y Münzel, S.C., 2009. New flutes document the earliest musical tradition in southwestern Germany. Nature, 460, 737-740. http://www.nature.com/nature/journal/v460/n7256/full/nature08169.html%3Ffree%3D2. Higham, T. Basell, L., Jacobi, R., Wood, R., Ramsey, C.B. y Conard, N.J., 2012. Τesting models for the beginnings of the Aurignacian and the advent of figurative art and music: The radiocarbon chronology of Geißenklösterle. Journal of Human Evolution, 62 (6), 664–676. http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0047248412000425.

[xxii]          Ver: http://es.wikipedia.org/wiki/Venus_de_Willendorf.

[xxiii]         Ver: http://www.culturecommunication.gouv.fr/Regions/Drac-Picardie/Actualites/Actualites-a-la-une/Decouverte-d-une-statuette-paleolithique-a-Amiens.

[xxiv]         Aubert, M. y otros, 2014. Pleistocene cave art from Sulawesi, Indonesia. Nature, 514, 223-227. www.nature.com.

[xxv]          Fullagar, R.L.K., Price, D.M. y Head, L.M., 1996. Early human occupation of northern Australia: archaeology and thermoluminescence dating of Jinmium rock-shelter, Northern Territory. Antiquity, 70, 751-73. http://antiquity.ac.uk/ant/070/Ant0700751.htm. Roberts, R. y otros, 1998. Optical and radiocarbon dating at Jinmium rock shelter in northern Australia. Nature, 393, 358-362. http://www.nature.com/nature/journal/v393/n6683/full/393358a0.html. Langley, M.C. y Taçon, P.S.C., 2010. The age of Australian rock art: A review. Australian Archaeology, 71, 70-73. http://www98.griffith.edu.au/dspace/bitstream/handle/10072/36683/66195_1.pdf?sequence=1.

[xxvi]         Bednarik, R.G., 2003. A figurine from the African Acheulian. Current Anthropology, 44 (3), 405-413. http://www.jstor.org/stable/10.1086/374900. Bednarik, R.G., 2013. Pleistocene palaeoart of Africa. Arts, 2, 6-34. http://www.mdpi.com/2076-0752/2/1/6.

[xxvii]        Henshilwood, C., d’Errico, F., Vanhaeren, M., van Niekerk, K. y Jacobs, Z., 2004. Middle Stone Age shell beads from South Africa. Science, 304, 404. http://www.sciencemag.org/content/304/5669/404.full.pdf. D’Errico, F., Henshilwood, C., Vanhaeren, M. y van Niekerk, K., 2005. Nassarius kraussianus shell beads from Blombos cave: evidence for symbolic behaviour in the Middle Stone Age. Journal of Human Evolution, 48 (1), 3-24. http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0047248404001307.

[xxviii]       Vanhaeren, M., d’Errico, F., van Niekerk, K., Henshilwood, C., y Erasmus, R.M., 2005. Thinking strings: Additional evidence for personal ornament use in the Middle Stone Age at Blombos cave, South Africa. Journal of Human Evolution, 64 (6), 500-517. http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S004724841300033X.

[xxix]         Bouzouggar, A. y otros, 2007. 82,000-year-old shell beads from North Africa and implications for the origins of modern human behavior. Proceedings National Academy of Sciences, 104 (24), 9964-9969. D’Errico, F. y otros, 2009. Additional evidence on the use of personal ornaments in the Middle Paleolithic of North Africa. Proceedings National Academy of Sciences, 106 (38), 16051-16056. www.pnas.org.

[xxx]          Barton, R.N.E., Bouzouggar, A., Collcutt, S.N., Schwenninger, J.-L. y Clark-Balzan, L., 2009. OSL dating of the Aterian levels at Dar es-Soltan I (Rabat, Morocco) and implications for the dispersal of modern Homo sapiens. Quaternary Science Reviews, 28, 1914-1931. http://in-africa.org/wp-content/uploads/2012/12/Barton-et-al-2009-QSR-OSL-dating-of-Aterian-levels-at-Dar-es-Soltan-I.pdf.

[xxxi]         Vanhaeren, M., d’Errico, F., Stringer, C., James, S.L., Todd, J.A. y Mienis, H.K.., 2006. Middle Paleolithic shell beads in Israel and Algeria. Science, 312, 1785-1788. http://in-africa.org/wp-content/uploads/2012/12/Vanhaeren-et-al-2006-Science-MP-shell-beads-Israel-and-Algeria.pdf.

[xxxii]        Assefa, Z., Lam, Y.M. y Mienis, H.K., 2008. Symbolic use of terrestrial gastropod opercula during the Middle Stone Age at Porc-Epic Cave, Ethiopia. Current Anthropology, 49 (4), 746-756. http://www.jstor.org/stable/10.1086.

[xxxiii]       Bednarik, R.G., 2008. Beads and cognitive evolution. Time and Mind, 1 (3), 285-318. http://www.tandfonline.com/doi/pdf/10.2752/175169708X329354.

[xxxiv]       Bednarik, R.G., 2005. Middle Pleistocene beads and symbolism. Anthropos, 100 (2), 537-552. http://www.jstor.org/discover/10.2307/40466555.

[xxxv]        Rigaud, S., d’Errico, F., Vanhaeren, M. y Neumann, C., 2009. Critical reassessment of putative Acheulean Porosphaera globularis beads. Journal of Archaeological Science, 36 (1), 25-34. http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0305440308001611.

[xxxvi]       D’Errico, F. y otros, 2012. Early evidence of San material culture represented by organic artifacts from Border Cave, South Africa. Proceedings National Academy of Sciences, 109 (33), 13214-13219. http://intl.pnas.org/content/109/33/13214.full.pdf+html.

[xxxvii]      D’Errico y otros, 2009. Ver nota 6.

[xxxviii]     Bednarik, 2005. Ver nota 15.

[xxxix]       Radovčić, D., Sršen, A.O., Radovčić, J. y Frayer, D.W., 2015. Evidence for Neandertal jewelry: modified white-tailed eagle claws at Krapina. PLoS ONE, 10 (3), e0119802. http://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0119802.

[xl]   The Siberian Times, 7 mayo 2015. Ver: http://siberiantimes.com/science/casestudy/features/f0100-stone-bracelet-is-oldest-ever-found-in-the-world.

[xli]  Barham, L.S., 2002. Systematic pigment use in the Middle Pleistocene of south-central Africa. Current Anthropology, 43 (1), 181-190. http://www.jstor.org/stable/10.1086.

[xlii] Wadley, L., Williamson, B. y Lombard, M., 2003. Ochre in hafting in Middle Stone Age southern Africa: a practical role. Antiquity, 78, 661-675. http://www.researchgate.net/publication/256686446_Ochre_in_hafting_in_Middle_Stone_Age_southern_Africa_a_practical_role/file/504635239b9013bc1d.pdf. Wadley, L., 2005. Putting ochre to the test: replication studies of adhesives that may have been used for hafting tools in the Middle Stone Age. Journal of Human Evolution, 49, 587-601. http://in-africa.org/wp-content/uploads/2012/12/Wadley-2005-JHE-MSA-ochre-and-adhesives.pdf.

[xliii]          D’Errico, F. y otros, 2009. Additional evidence on the use of personal ornaments in the Middle Paleolithic of North Africa. Proceedings National Academy of Sciences, 106, 38, 16051-16056. www.pnas.org.

[xliv]          Henshilwood,C.S., d’Errico, F., van Niekerk, K.L., Coquinot, Y., Jacobs, Z., Lauritzen, S.-E., Menu, M. y García-Moreno, R., 2011. A 100,000-year-old ochre-processing workshop at Blombos Cave, South Africa. Science, 334, 219-222. http://www.sciencemag.org/content/334/6053/219.full.html.

[xlv] Hovers, E., Ilani, S., Bar-Yosef, O. y Vandermeersch, B., 2003. An early case of color symbolism. Ochre use by modern humans in Qafzeh Cave. Current Anthropology, 44 (4), 491-522. http://www.jstor.org/stable/10.1086.

[xlvi]          Marean, C.W. y otros, 2007. Early human use of marine resources and pigment in South Africa during the Middle Pleistocene. Nature, 449, 905-908. http://www.nature.com/nature/journal/v449/n7164/abs/nature06204.html.

[xlvii]         Barham, 2002. Ver nota anterior.

[xlviii]        Henshilwood,C.S. y otros, 2002. Emergence of modern human behavior: Middle Stone Age engravings from South Africa. Science, 295, 1278-1280. http://www.sciencemag.org/content/295/5558/1278.full.html.

[xlix]          Texier, P.-J. y otros, 2010. A Howiesons Poort tradition of engraving ostrich eggshell containers dated to 60,000 years ago at Diepkloof Rock Shelter, South Africa. Proceedings National Academy of Sciences, 107 (14), 6180-6185. www.pnas.org.

[l]     White, R. y otros, 2012. Context and dating of Aurignacian vulvar representations from Abri Castanet, France. Proceedings National Academy of Sciences, 109 (22), 8450-8455. www.pnas.org/content/109/22/8450-abstract.

[li]    Bednarik, 2013. Ver nota 5.

[lii]   Joordens, J.C.A. y otros, 2014. Homo erectus at Trinil on Java used shells for tool production and engraving. Nature, publicado online. http://www.nature.com/nature/journal/vaop/ncurrent/full/nature13962.html.

[liii]  Ver: http://www.jqjacobs.net/anthro/paleo/debate.html.

[liv]  Henshilwood y Marean, 2003. Ver nota 1.

[lv]   Shea, J.J., 2011. Homo sapiens is as Homo sapiens was. Current Anthropology, 52 (1), 1-35. http://www.jstor.org/stable/10.1086/658067.

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[lviii]          Klein, R.G., 2000. Archeology and the evolution of human behavior. Evolutionary Anthropology, 9, 17–36. http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/(SICI)1520-6505(2000)9:1%3C17::AID-EVAN3%3E3.0.CO;2-A. Henshilwood, C.S. y Dubreuil, B., 2011. The Still Bay and Howiesons Poort, 77–59 ka: Symbolic material culture and the evolution of the mind during the African Middle Stone Age. Current Anthropology, 52 (3), 361-400. http://www.jstor.org/stable/10.1086/660022.

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[lx]   McBrearty, S. y Brooks, A.S., 2000. The revolution that wasn’t: a new interpretation of the origin of modern human behavior. Journal of Human Evolution, 39, 453–563. http://dwiki.csbs.utah.edu/PDFs/oconnell/McBrearty_Brooks_2000.pdf.

[lxi]  Powell, A., Shennan, S. y Thomas, M.G., 2009. Late Pleistocene demography and the appearance of modern human behavior. Science, 324 (5932), 1298-1301. http://www.sciencemag.org/content/324/5932/1298.full.html.

[lxii] Collard, M., Buchanan, B. y O’Brien, M.J., 2013. Population size as an explanation for patterns in the Paleolithic archaeological record. Current Anthropology, 54 (S8), S388-S396. http://www.jstor.org/stable/10.1086/673881.

[lxiii]          Jacobs, Z. y otros, 2008. Ages for the Middle Stone Age of Southern Africa: Implications for Human Behavior and Dispersal. Science, 322 (5902), 733-735. www.sciencemag.org.

[lxiv]          Henshilwood y Dubreuil, 2011. Ver nota 44.

[lxv] Jolly, C.J., 2009. Fifty years of looking at human evolution. Current Anthropology, 50 (2), 187-199. http://www.jstor.org/stable/10.1086.

[lxvi]          Ziegler, M.,Simon, M.H., Hall, I.R., Barker, S., Stringer, C. y Zahn, R., 2013. Development of Middle Stone Age innovation linked to rapid climate change. Nature Communications, 4, 1905. http://www.nature.com/ncomms/journal/v4/n5/full/ncomms2897.html.

[lxvii]         Potts, R., 2010. What does it mean to be human? National Geographic Books. Potts, R., 1996. Humanity’s descent. The consequences of ecological instability. William Marrow and Company, New York.

[lxviii]        Robock, A., Ammann, C.M., Oman, L., Shindell, D., Levis, S. y Stenchikov, G., 2009. Did the Toba volcanic eruption of ~74 ka B.P. produce widespread glaciation? Journal of Geophysical Research, 114, D10107. http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1029/2008JD011652/pdf.

[lxix]          Ambrose, S.H., 1998. Late Pleistocene human population bottlenecks, volcanic winter, and differentiation of modern humans. Journal of Human Evolution, 34 (6), 623-651. http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0047248498902196.

[lxx] Shea, J.J. y Sisk, M.L., 2010. Complex projectile technology and Homo sapiens dispersal into western Eurasia. PaleoAnthropology, 2010, 100-122. http://paleoanthro.reedd.webfactional.com/static/journal/content/PA20100100.pdf.

[lxxi]          McBrearty y Brooks, 2000: ver nota 49. Henshilwood,C.S., 2012. Late Pleistocene Techno-traditions in Southern Africa: A Review of the Still Bay and Howiesons Poort, c. 75–59 ka. Journal of World Prehistory, 25 (3-4), 205-237. http://rd.springer.com/article/10.1007/s10963-012-9060-3.

[lxxii]         Alperson-Afil, N. y otros, 2009. Spatial organization of hominin activities at Gesher Benot Ya’acov, Israel. Science, 326 (5960), 1677-1680. http://www.sciencemag.org/content/326/5960/1677.full.pdf.

[lxxiii]        Henshilwood y Marean, 2003: ver nota 1. Bednarik, 2008: ver nota 24.

[lxxiv]        Villa, P. y otros., 2012. Border Cave and the beginning of the Later Stone Age in South Africa. Proceedings National Academy of Sciences, 109 (33), 13208-13213. www.pnas.org. D’Errico, F. y otros., 2012. Early evidence of San material culture represented by organic artifacts from Border Cave, South Africa. Proceedings National Academy of Sciences, 109 (33), 13214-13219. www.pnas.org.

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