Charles Darwin – padre de la teoría de la evolución biológica

La actual teoría de la evolución biológica tiene varios padres. El más famoso de ellos es, sin duda, el naturalista inglés Charles Darwin (1809-1882)[1], quien formuló en su principal obra, El origen de las especies[2], las bases científicas del proceso de evolución de los organismos vivientes.

El título completo de esta obra es, en inglés: The origin of species by means of natural selection, or the preservation of favoured races in the struggle for life[3]. Este título ya indica lo que es el punto focal del darwinismo: la selección natural.

La importancia de Charles Darwin para la ciencia estriba en el hecho que fue el primero en presentar un mecanismo aceptable para explicar por qué y cómo, a través de la historia de la tierra, han aparecido especies animales nuevas a expensas de viejas[4]. Este fenómeno ya era conocido (aunque todavía no se utilizaba el término evolución para describirlo) desde el siglo XVIII, cuando por primera vez se hicieron estudios geológicos y se descubrió que muchas rocas contienen fósiles. Los diferentes tipos de fósiles resultaron encontrarse solamente en rocas de una cierta edad. Rocas de edad más joven o más vieja resultaron no contener estos tipos, o a lo mejor, variantes de los mismos. Ya en los días de la Ilustración se habían buscado explicaciones por este fenómeno, pero antes de Darwin muy pocos lograron producir hipótesis un poco aceptables.

Es especialmente gracias a su famoso viaje alrededor del mundo a bordo del Beagle (y sobre todo el estudio de los pinzones en las islas Galápagos), que Darwin pudo producir una teoría sobre el nacimiento y la modificación de especies animales.

Darwinismo

Darwin basó su hipótesis en cuatro observaciones[5]. En primer lugar planteó que, tanto en el reino animal como el vegetal, los descendientes se parecen a sus padres. En segundo y tercer lugar afirmó que, a pesar de eso, sí existen diferencias entre padres e hijos, y que el número de descendientes es más grande de lo necesario para que se mantenga la especie. Y por ultimo sostuvo que, al tener límites el tamaño que puede tener la población de una especie, por ejemplo debido a la disponibilidad de alimentos, hay en la naturaleza una lucha por la supervivencia (struggle for existence).

De eso, Darwin sacó la conclusión siguiente: si nace un ejemplar de una especie, con alguna característica diferente que le pone en condiciones para sobrevivir con más facilidad que los otros individuos de la misma especie, y engendrar más descendientes de los cuales por lo menos algunos tendrán la misma característica, este ejemplar puede ser el inicio de una nueva variedad de la especie, que eventualmente puede desplazar y reemplazar los individuos menos adaptados. Este proceso de selección natural, afirmó Darwin, es la causa de los cambios continuos de las especies.

Por supuesto la teoría de Darwin dio origen a muchas preguntas. ¿Cómo podían originarse estas variaciones (nada se sabía de genética entonces), y cómo podían quedar a salvo sin diluirse si un ejemplar con la variación se apareaba con un ejemplar “normal”? ¿Cómo pueden desarrollarse órganos y partes del cuerpo complejos (tales como el ojo, las alas, etc.) si el proceso de cambio de una especie es lento y gradual?

También en círculos religiosos la teoría de Darwin encontró mucha resistencia, puesto que en ésta no hubo, ni hay, una deidad que creó y dirige la naturaleza. Muchos no aceptaron la idea de que los cambios en la naturaleza son sin dirección, en lugar de ser dirigidos por un Creador hacia un cierto fin.

Además, empezó a circular la idea de que según la teoría de Darwin el hombre sería un descendiente de los simios, por ejemplo los chimpancé. En la realidad no es así: estudios genéticos y de fósiles indican que los chimpancé y nosotros tenemos un ancestro común, ahora desaparecido, que vivía hace unos ocho millones de años, y que – eso sí – se parecía más a los simios actuales que a nosotros.

Entretanto, un siglo y medio después de la publicación del Origen de las especies, se ha contestado buena parte de las preguntas, y ha desaparecido prácticamente toda oposición. Gracias a los adelantos en la genética, la biología molecular y ciencias afines se están contestando poco a poco las preguntas restantes.

En los próximos posts veremos en más detalle cómo funciona la selección natural.

Nota: este post fue publicado originalmente, en versión ligeramente distinta, en mi – ahora cerrado – blog “Tiempos de Cambio”. La imagen que acompaña el post muesta Charles Darwin en una fotografía tomada en 1869. Fuente: http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Charles_Darwin_01.jpg.


[1]    Ver: http://es.wikipedia.org/wiki/Charles_Darwin.

[2]    Darwin, Ch., 1859/1968. The origin of species by means of natural selection. Penguin Books, Londres.

[3]    El origen de especies por medio de selección natural, o la preservación de razas favorecidas en la lucha por la existencia.

[4]    Pero le estaba pisando los talones otro inglés, Alfred Russel Wallace, quien había llegado a conclusiones parecidas a las de Darwin, de manera independiente. Ver: http://es.wikipedia.org/wiki/Alfred_Russel_Wallace.

[5]    Darwin expone esto en los capítulos II a V de su Origin of species.

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