Crisis y oportunidad

En virtud de la situación económica actual en el mundo occidental en general y en España en particular, cabe reflexionar un poco sobre qué es una crisis y cómo se pudiera sacarle provecho (dentro de lo legal, por supuesto). Puesto que este blog se dedica al cambio, sería una falta grave dejar pasar esta crisis sin dedicarle por lo menos un post.

Oportunidades en tiempos de crisis

A veces los cambios que se presentan en nuestra vida, nuestra comunidad o nuestro mundo nos llevan a situaciones complejas, las cuales parecen difíciles de superar y generan en nosotros conflictos e incertidumbres. En estos casos utilizamos a menudo la palabra “crisis”. Este término trae la connotación de fin de un período de relativa estabilidad e inicio de tiempos de caos. Las crisis nos causan temor, puesto que implican resultados inesperados y no planificados, cuya dirección y magnitud desconocemos, pero que casi seguramente afectarán nuestra manera de vivir y pueden implicar alguna pérdida. En muchas personas, este temor da origen a una resistencia espontánea que inclusive puede resultar en lo que se denomina una parálisis paradigmática: la tendencia a rechazar cualquier modelo de vida distinto al conocido. En pocas palabras: las crisis tienen fama de ser acontecimientos negativos.

Pero, obviamente, no siempre es así. Ya vimos cómo los cambios forman parte de la vida y no son sino una puerta entre una situación y otra: dos situaciones distintas, pero no necesariamente donde la primera es mejor que la segunda. En el caso de las crisis, sigue vigente esta observación: aunque la crisis en sí pueda representar una transición desagradable, lo que sale de la misma no es siempre peor que lo anterior. Al contrario: la situación anterior ya contenía las semillas del cambio, y la crisis abre la oportunidad de empezar con borrón y cuenta nueva – oportunidad que nosotros podemos aprovechar o no.

La palabra “crisis” proviene del griego antiguo, del verbo krinw (krino) el cual quiere decir “distinguir”, “seleccionar”, “elegir”, “decidir”. Este significado implica que una crisis no debe ser considerada como algo catastrófico, sino como una oportunidad para seleccionar los caminos provechosos y decidir cuál seguir. Una crisis permite acabar con lo malo conocido y enrumbarse hacia lo bueno por conocer. Una crisis destruye certezas, situaciones cómodas y condiciones agradables, pero a la vez crea otras, nuevas, que abren horizontes renovados.

El mensaje, por lo tanto, es simple e idéntico al mencionado anteriormente (ver mi post del 8 de diciembre 2014): las personas que saben aprovechar las crisis, quienes tienen la flexibilidad de adaptarse a lo nuevo y adoptar nuevos paradigmas, pueden sacarle provecho a las nuevas condiciones y emprender una vida distinta, muy diferente a la planificada, pero mucho más rica y productiva.

Obviamente, esto es más fácil decirlo que llevarlo a cabo. Es natural sentir cierta resistencia ante los cambios que conlleva la crisis con toda la turbulencia que genera. Sin embargo, esta resistencia se puede enfrentar con respuestas asertivas y contundentes, atendiendo los siguientes pasos:

  1. Tomar consciencia de, y aceptar, los cambios que se están produciendo y las maneras de adaptarnos a ellos sin traumas.
  2. Reflexionar sobre nosotros mismos (y otros actores en la crisis) determinando, de la manera más honesta posible, cuáles son nuestros deseos, nuestros temores, cuáles nuestros puntos fuertes y cuáles los aspectos de nuestro ser que podemos mejorar.
  3. Visualizar los posibles escenarios hacia donde puede conducir la crisis y anticiparnos a éstos, es decir, determinar de antemano cómo podemos responder a ellos en el caso de que se produzcan.
  4. Plantearnos los posibles beneficios que se pueden sacar de la crisis y poner en práctica estrategias para lograrlos.

No todos tenemos la flexibilidad mental necesaria para sobreponernos al cambio. Sin embargo, afortunadamente, ésta es una destreza que quien no la tiene, la puede desarrollar.

Conclusión

Una crisis afecta a muchos, pero no a todos. Para que nosotros estemos entre los que mejor la sobrellevamos, necesitaremos flexibilidad y adaptación. Nos tocará estar dispuestos a realizar importantes cambios en nuestra vida. Cuando sea necesario, dejaremos atrás una manera de vivir y de pensar que ya no nos sirve, e inclusive habrá bienes materiales de los cuales tendremos que despedirnos.

La resistencia al cambio crea desconcierto, amargura, hasta traumas. Por otro lado, la flexibilidad y adaptación al cambio generan tranquilidad y nos permiten crecer. En pocas palabras, tendremos que actuar según ya indicó en 1948 la Reina Juliana de Holanda:

“Quien quiere mantener, perderá. Pero quien está dispuesto a perder, ganará – aunque fuera algo distinto de lo que pensaba obtener.”

Nota: este post fue publicado originalmente, en versión ligeramente distinta, en mi blog – ahora cerrado – “Tiempos de Cambio”. La imagen que acompaña el post es una foto tomada por el autor.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s