Cambio y evolución. Introducción al blog.

“Cambia, todo cambia”, cantó aquella gran artista argentina, Mercedes Sosa. Y con razón: si observamos las cosas alrededor de nosotros, la sociedad en la cual vivimos, o a nosotros mismos, vemos que casi a diario se producen cambios. Obviamente, es posible que pasen largos períodos sin variaciones muy visibles, pero tarde o temprano habrá un momento en el cual lo viejo tiene que dar paso a lo nuevo. Estos cambios, que nos gusten o no, forman parte del orden de las cosas. Unas veces nos cuesta aceptarlos, otras veces le damos gracias a Dios porque han ocurrido, y tal vez habrá ocasiones en las cuales pensaremos que ciertos cambios son gattopardianos, o sea que, al fin y al cabo, no son sino una continuación de lo viejo detrás de una fachada nueva[1].

Sea como sea, los cambios, así por lo menos esperamos quienes los vivimos y sin duda así lo desean quienes los impulsan, procuran el bien. La idea es que los cambios sirvan para lograr una sociedad mejor, para mejorar nuestras condiciones de vida, para que nosotros mismos seamos mejores personas. De manera que el cambio tiene la connotación de ser, o de pretender ser, positivo. Lo que aspiramos, cuando tomamos en cuenta y evaluamos un período más o menos largo, es poder afirmar algo como “de verdad, he logrado bastante en mi vida”, o “la calidad de vida poco a poco está mejorando”, o “la humanidad ha evolucionado mucho desde ese entonces…”.

Es de hacer notar el uso de la palabra “evolucionado”. De una manera u otra, aunque a veces consideremos que ciertos cambios representan retrocesos, esperamos que todo cambio sea para mejorar. Así, cuando nos referimos a un período durante el cual se dieron muchos cambios positivos, podemos considerar que los implicados (nosotros mismos, una organización, o una civilización entera) se desarrollaron de manera significativa, o sea, que hubo una clara evolución. Por lo tanto, hablar de evolución es como hablar de crecimiento emocional, intelectual o cultural – en fin, de un mejoramiento.

Evidentemente la evolución, o dicho en forma más general, el cambio, es un aspecto muy importante en nuestra vida y en todo cuanto nos rodea. Para tratar de entender mejor lo que es la evolución, cómo funciona y a dónde nos conduce, se creó este blog.

Nos dedicaremos a la evolución de la vida en general y a la del hombre y sus civilizaciones en particular. Como complemento, nos adentraremos en los terrenos de distintas ramas de la ciencia. Pero no hablaremos sólo de aspectos científicos: también consideraremos cuestiones humanitarias, incluyendo la filosofía, pues fueron los filósofos los primeros en preguntarse acerca de la naturaleza de los cambios.

Veremos, a lo largo de los posts en este blog, que el cambio es la norma, no la excepción. Mi deseo es que pueda contribuir a un mejor entendimiento de los procesos del cambio y de la evolución, y a una visión de cuáles son los que denomino los rumbos del cambio.

Nota: con este post retomo mi blog publicado en La Comunidad de El País (cerrada en 2014), llamado “Tiempos de Cambio”.


[1]    El término “cambio gattopardiano” se deriva de la novela Il Gattopardo del escritor italiano Tomasi di Lampedusa (1896-1957), quien describió cómo, cuando en 1860 la isla de Sicilia fue ocupada por fuerzas revolucionarias para unirla al nuevo estado italiano, cambiaron las personas en el poder mas no las costumbres y usanzas, como tampoco el amiguismo y el clientelismo.

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